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¿Qué es Dolce Inferno?

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Dolce Inferno es una novela de fantasía paranormal que estoy escribiendo y voy publicando los borradores en este blog para que los leáis. Va a ser una saga y lo que podéis encontrar de momento es la primera parte: Polvo de Estrellas.
La autora soy yo, Luxuria o Lux o Viento según qué lugar de internet. Si lo veis que la publica en algún sitio alguien diferente, avisadme porque seguramente me estarían plagiando.
Sinopsis: Tras la última batalla contra los demonios, los ángeles quedaron muy debilitados por lo que tienen que sufrir un duro entrenamiento para poder pertenecer al Coro Celestial. En esta era el nuevo encargado de adiestrar a los jóvenes principiantes es Gabriel, un ángel al que todos quieren nombrarle arcángel pero él lo rechaza siempre.
Los ángeles, bellas y poderosas criaturas pero que están condenados a no poder amar a nadie mientras que los demonios se esfuerzan por tentarles.
Esta historia se desarrolla en un mundo basado en la Tierra pero una Tierra diferente a la que conocemos, en la que parte está dominada por los demonios y sus defensores y en otras, el poder de la Inquisición,una organización muy avanzada tecnológicamente, se ha logrado imponer. Un mundo donde todos intentan hacerse con el 5º elemento o akasha, el material más valioso y escaso que existe.
Todo se complica a partir de que Amarael, una joven candidata a ángel, conoce a un demonio con el que se ve a escondidas.

Advertencia de contenido

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Esta historia contiene escenas no aptas para todos los públicos: Violencia, lenguaje malsonante, sexo, drogas, incesto, violaciones, orgías. ¡Sea responsable! Algunos temas metafísicos pueden chocar con sus creencias e ideologías. Es una historia de fantasía, si no tiene la mente lo suficientemente abierta no la lea y no moleste a los que les gusta. El mundo en que se desarrolla está basado en la Tierra para que sea menos lioso, pero no es la Tierra, verlo como un universo alternativo.

¿Qué estilo prefieres?

Libros autopublicados

Polvo de estrellas cap. 16

Este capítulo quería intercalarlo con el anterior, en plan un fragmento de uno y cambio espacial hacia el otro y así. ¿cómo creéis que queda mejor? Cada uno seguido del tirón o intercalándose?

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-¿A dónde me estás llevando?
-¿Quieres dejar de protestar por todo? Si no te callas nos van a descubrir.

Evanth captó el mensaje al instante y se cayó. Lo último que quería era que la viesen con aquel ángel. Ya le había costado demasiado inventarse una excusa para Haziel como para que encima les castigasen. No sabía ni por qué se había molestado en arreglarse para la cita. Bueno sí, para dejarle bien claro que ella era un ser infinitamente más bello y que alguien como él no tenía la más mínima oportunidad con ella. Se estiró arrogantemente el grisáceo lino que cubría su hermoso cuerpo. Había elegido un color apagado, frío como su mirada de desdén. Contemplarla era un milagro para la vista, como la más bella escultura de hielo, completamente blanca y gris, con unos destellos azulados en su blanca melena. Ancel suspiró. Era la criatura más fría que había conocido, siempre con esos destellos helados en sus pupilas. No le bastaba con ser indiferente con aquellos que ella consideraba inferiores, sino que tenía que congelarles con esa gélida mirada. Y aún así los ángeles la admiraban, la admiraban como si fuese un hada de cristal.

-Ya suponía que no me llevarías a un sitio como Dios manda…- murmuró ésta, adoptando un fingido tono de decepción.
-¡Claro que no! Para eso ya tienes a Haziel. Esto te va a gustar más.
-¿Y qué puedes darme tú que Haziel no pueda?
-Aventuras, reírte desde el alma, cosas nuevas y originales.
-¡Ja!- Evanthel gruñó escéptica. Entonces se acordó de algo que había estado meditando la noche anterior y se detuvo, avergonzada por lo que iba a decir a continuación. Ancel se la quedó mirando molesto por su parada repentina.

-Esto…¿entonces vas a dejarme probar una de tus plumas?
-¿Cómo?
-Pues eso…sabes a lo que me refiero. He oído las historias.
-Pues no sé…a alguien tan delicada como tú no sé si le sentará bien…
-¿Quién eres tú para decidir lo que me sienta bien o mal?

El chico agitó la cabeza en forma de negación.

-Como sigas tratándome igual que a un animal me parece que no vamos a ir muy lejos.
-¡Lo que faltaba! Después de que me traes hasta donde quiera que estemos ahora dices que no vamos a ningún lado…
-¿Así que quieres conocerlo?
-¡Solo para confirmar que no me va a gustar!

"Eres increíble" Ancel estaba empezando a pensar que Yael tenía razón y le había pedido lo peor que podría haber hecho. Por lo menos había conseguido intrigarla, y eso resultaba bastante esperanzador. Percibió que alguien se acercaba así que tapó la boca de la joven con sus manos. Ésta abrió los ojos sorprendida y comenzó a quejarse. El contacto físico entre ángeles no estaba bien visto. Era algo muy humano, demasiado cálido y carnal. Obviamente no era la primera vez que la tocaban, pero no le hacía ninguna gracia que unas manos regordetas y torpes se posasen sobre sus labios como si nada. Unos guardias con espléndidas armaduras pasaron frente a ellos ignorándolos por completo. Evanth estaba aterrada, se trataba de los guardias de Metatrón y ellos como si nada ahí, inmóviles como estatuas. Una luz verdosa llamó su atención. Provenía de la muñeca de Ancel. Yael le había dejado la gema de su abuelo como un favor especial. Eran completamente invisibles. Se sintió aliviada al saber esto.

-Pero ten más cuidado que oírnos sí que pueden.
-¿Dónde estamos?- le susurró cuando los guardias se habían alejado por completo.
-En Majón, el sexto cielo.- Intentó que su voz sonase lo más impresionante que pudo. A Evanth se le encendió el rostro.
-¿Vamos a ver nobles?
-Bueno, aquí viven. El pasadizo de antes conduce hasta aquí. Lo ángeles de más alto rango lo usan cuando no quieren ser descubiertos haciendo cosas…impropias de su condición.
-¡Quiero ver donde vive Gabriel!
-No te he traído para eso.
-Me da igual, quiero verle. Si quieres que vaya hablando después bien sobre ti…
-Está bien, es por aquí.
-Lisiel se va a morir de envidia cuando se lo cuente…su mente comenzó a fantasear. Ancel se rió mentalmente por la ingenuidad de la chica. Por supuesto que no pensaba llevarla ahí, pero eso ella no lo sabía y ahora tendría que fiarse de dónde él la guiase. Eso era una prueba de que la tenía bajo control.

Majón era enorme. Se encontraba rodeado por los muros de La Rosa Dorada, un inmenso palacio. Y dentro de aquel palacio vivían los ángeles más importantes de los siete cielos. Aquel pasadizo era sin duda su mejor descubrimiento. Gracias a él podían infiltrase en las lujosas fiestas y descubrir la verdad sobre su especie. Acercarse a Avarot resultaba imposible, demasiada vigilancia y la cercana presencia de Dios infligía un terror sobrenatural. De todas formas, ellos no querían ir a Avarot. Evanthel estaba extasiada admirando toda la belleza que la rodeaba. Las impresionantes pinturas, las blancas paredes sobrecargadas de trazos dorados y plateados, las apaciguadoras voces del Coro Celestial cantado por los largos pasillos…incluso las realistas y espeluznantes estatuas. Se detuvieron frente a un pasillo adornado por un inmenso cuadro que ocupaba toda la pared. Representaba los siete días de la creación, día a día.

Ancel se aseguró de que no venía nadie y se acercaron a la parte que representaba al séptimo día.

Se concluyeron, pues, los cielos y la tierra y todo su aparato,
y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera.
Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho
Génesis 2 (1-3)



-Imítame

Extendió su brazo y lo introdujo en la pintura atravesándola sin dificultad alguna. El óleo se apartaba como si fuese agua y dejaba ondulaciones concéntricas en torno a él. Evanthel no quería hacer semejante cosa. A saber lo que podía suceder después. Ancel la esperó unos segundos y al ver que ésta no tenía intención de reaccionar, se limitó a encogerse de hombros y terminar de introducir su cuerpo entero. El elemental de hielo comprendió que sin él le iba a ser imposible salir de ahí, así que designada, se introdujo también en el cuadro. Al principio puso cara de asco, pero cuando vio que no sentía nada, se dejó absorber.

Tenía los ojos cerrados y no los quería abrir. Se quedó en silencio deleitándose del sonido que producían las olas al romper e impregnándose del olor a sal. Las gaviotas se unieron a aquel recital con sus agudas voces. La brisa marina la rodeaba dejándola una sensación muy agradable. Finalmente, se atrevió a abrir los ojos. Se encontraban rodeados de incontables flores de colores vivos y llamativos y árboles tropicales, como las palmeras. Ante ellos se extendía un manto de arena blanca, y más allá, el inmenso mar. Los azules del cielo se juntaban con los de las aguas, difuminándose en el horizonte.

-¿Dónde estamos?
-Esto es una playa.
-¿Esto es una playa? Entonces, ¿aquello es el mar?
-¿Nunca antes habías visto una?

Evanth negó con la cabeza y se descalzó. Se adentró lentamente en la arena y dejó que sus pies se hundiesen en ella. En El Cielo no existía el mar. Lo único que sabía era que todo lo que se veía de color azul desde la Tierra era el océano. Había escuchado historias de que la luna producía movimientos en las aguas, pero se había imaginado algo mucho más devastador. Pensaba que el océano era oscuro, sin embargo aquellas aguas invitaban a bañarse. La arena que la rodeaba se tornó hielo. Quería congelar aquella extensión de agua. El sol reflejado en aquel mar de hielo debería de producir un espectáculo muy hermoso. Algún día tendría el poder suficiente para poder hacerlo. De momento se tenía que conformar con congelar pequeñas cosas.

-Parece ser un sitio muy tranquilo.
-Bueno, la verdad es que cada vez aparecemos en un lugar diferente. Este paisaje nunca lo había visto.

A Evanth le hubiese encantado estar allí junto a Haziel. Sería muy hermoso intercambiar caricias tumbados sobre la arena, fundiendo sus cuerpos con la espuma marina.

-¿Vamos al agua?
-Esa agua tiene sal…no es bueno para mi cabello ni para mis plumas.
-No sabes lo que te pierdes.

El joven se aproximó a la orilla, dejando que las olas bañasen sus pies. La verdad es que a él el agua no le gustaba, le daba miedo. Ahogarse tenía que ser una sensación muy desagradable. Pero el oleaje era suave y el mar estaba en calma. Mientras hiciese pie no tendría que haber ningún problema y ella se divertiría. Aún así se empeñaba en hacerlo todo más difícil y él no iba a insistir. Volvió la cabeza hacia un lado y vio que ella se había puesto junto a él.

-Ahora mis pies están llenos de barro…
-Yo no te he dicho que vinieras.
-…Pero merece la pena. Dios es increíble, ¿verdad? La de cosas bellas que ha creado.
-El mismo que te castigará por enamorarte.
-Pero eso no quita que sea increíble.

Se quedaron en silencio, surcando las olas con la mirada.

-Esto… ¿me dejarás entonces probar una de tus plumas?
-Ya te avisé que puede ser peligroso.
-¿Pero vosotros lo hacéis, no?
-Sí, pero sabemos asumir el riesgo. No siempre sale bien…cada pluma produce un efecto diferente.
-¡Pero son tus plumas! Deberías saber qué efecto tiene cada una.
-Las del ala derecha, producen ataques a tus enemigos; las del ala izquierda, hacen efecto sobre ti mismo.
-Entonces probaré una de tu ala izquierda. ¿Cuánto dura el efecto?
-A veces minutos, otras horas.
-Asumiré el riesgo.

La chica le extendió la mano para que le diese una de sus níveas plumas. Él le tendió el ala.

-Coge tú la que quieras, no sea que luego me eches la culpa a mí.

Ancel pensó que ya estaba viendo alucinaciones puesto que pareció percibir en la cara de la joven una especie de sonrisa. Ella escogió una de la parte superior y él se arrancó la primera que pilló. A Evanth le fascinaban de siempre las etéreas plumas. Se quedó admirando a trasluz el fino akasha. Finalmente se la llevó a su boca y sin apenas masticar, se la tragó. Los efectos fueron casi instantáneos. Se sentía como en una nube, pero no estaba muy segura de donde estaba exactamente. Todo parecía completamente diferente. La arena eran fragmentos nubosos, mientras que el mar ya no era salado, sino de nieve. Nieve blanca que la invitaba a tenderse sobre ella. Le encantaba el frío. Se sentía más pura cubierta por el helado manto que formaban los copos. Sin pensárselo dos veces echó a andar. A cada paso que daba se sentía más feliz, más ajena de las preocupaciones que le asaltaban cada vez que cerraba los ojos. El agua marina iba purificándola cuanto más se sumergía. Llegó hasta que el nivel de agua le llegaba más arriba de la cintura, pero para ella sólo era fría nieve. Dejó su cuerpo flotar y se dejó arrastrar por el vaivén de las olas. De vez en cuando se acercaba una más grande de lo normal y se dejaba revolcar. No eran más que una manada de lobos blancos, le encantaba jugar con ellos. Mientras esperaba al siguiente ataque, se quedaba inmersa contemplando el cielo. Éste adoptaba diferentes colores y las nubes iban formando diferentes figuras, como si estuviese contemplando una inmensa lámpara de lava. Y rió. Rió como nunca antes lo había hecho. Las carcajadas salían de su interior liberadas de su opresión, limpiándola por dentro. Rió tanto que tragó agua sin querer, pero aquello tampoco le importó. Tan sólo quería disfrutar del estado en el que se encontraba.

* * *


El sol estaba llegando al final de su jornada y el cielo comenzó a llenarse de nubes violetas y llamas de fuego anaranjadas. Los dos jóvenes aprendices se encontraban tendidos sobre la orilla. Sus cabellos bailaban con las olas que conseguían llegar hasta la blanca arena, pero no les importaba. El efecto comenzaba a pasarse y la alterada realidad volvía a percibirse como siempre, sin niveles de contraste ni brillo exageradamente elevados. Les dolía el pecho de tanto reírse. El precioso vestido de Evanth estaba empapado, tenía arena incluso en las zonas más íntimas y el cabello que había peinado con tanto esmero antes de salir, estaba pegajoso. Y le daba igual. Aquel atardecer perduraría en su memoria hasta el fin del mundo. Había tenido que rescatar a Ancel de morir ahogado y se habían tendido allí a descansar.

-Al final salió bien, ¿no?
-Sí, hemos tenido suerte. Pero imagínate que esto pasa en un combate.
-Oye…- el recuerdo de la conversación del otro día volvió a su mente.- ¿Por qué elegiste un cuerpo así?

Fingió que no había escuchado nada. Ella volvió a insistir.

-Cuando un ángel adquiere conciencia, lo primero que hace es elegir en qué cuerpo se va a materializar. Con el color de ojos y pelo no tenemos elección, porque eso depende de nuestra esencia, pero sí podemos elegir el resto…algunos incluso hasta pueden decidir cuanto quieren desarrollarlo.
-No todo en esta vida es intentar aparentar ser el mejor. Si no fueses tan superficial no le darías tanta importancia.
-Aún así tiene que haber un motivo.

El chico se quedó pensativo y ella no se atrevía a hacer ningún ruido. Finalmente, optó por hablar.

-Sí que lo hay. Una de mis primeras misiones fue en la Tierra.
-¿En la Tierra? ¿Tan joven?
-Sí, pero la misión no consistía en enfrentarme a nadie ni nada por el estilo. Tenía que salvar a una niña. A una niña completamente desnutrida y famélica. Sus padres estaban desesperados porque su hija no quería comer. Un humano necesita comer para poder vivir, es una necesidad básica en ellos. Sin embargo, ella por tal de no engordar se negaba.
-¿Prefería morirse de hambre?
-Es algo psicológico. Ella se veía obesa. Estaba obsesionada por su apariencia física, como alguien que yo me sé.

Evanth se ruborizó. Es cierto que le daba importancia a su aspecto, pero no había nada de malo en quererse a uno mismo, en querer lucir espléndida; así se sentía mejor con ella misma. En cambio, lo de esa niña era algo exagerado y absurdo.

-Me presenté a ella como su ángel guardián. Le intenté convencer de que tenía que comer si no quería morir y que muerta le daría igual ser delgada.- su expresión se iba tornando más seria cuanto más avanzaba de la historia.- Ella me dijo que si comía, entonces Dios le castigaría.
-¡Esa niña estaba loca!
-Tú no viste el dolor con que confesaba aquellas palabras. Lo creía de verdad. La explicación que me dio a esas conclusiones es que Dios creó al hombre y a los ángeles a su imagen y semejanza. Y todos los ángeles éramos hermosos y perfectos. Todos lucíamos como seres majestuosamente bellos con cuerpos perfectos. Y si ella no se parecía a los ángeles, es que no se parecía a Dios. Yo sólo empeoré las cosas, se había obsesionado en ser como yo. Su mente estaba completamente enferma, ni siquiera su alma me escuchaba. Aún así me dijo que comería, que volviese al día siguiente para demostrármelo.- Tragó saliva antes de terminar su relato.- Cuando volví, no era un humano lo que encontré, era un esqueleto que rugía de hambre. La niña murió desnutrida.
-La culpa no fue tuya…
-Sí que fue mía…Además, me hizo recapacitar. Nos quejamos de que son seres completamente materiales, a los que sólo les importa lo artificial. Sin embargo, nosotros somos su ejemplo a seguir. ¿Qué clase de ejemplo damos?

Las olas y la brisa marina respondieron a aquella pregunta retórica.

-Siento lo que te dije el otro día.
-La próxima vez no juzgues a la gente por su apariencia. Te ahorrarás muchas decepciones.
-Creo que va siendo hora de volver. Todavía no me has mostrado dónde vive Gabriel.
-Es en este mismo pasillo, al fondo. Creo.

Habían conseguido que sus ropas se secasen algo, aunque ya casi no hacía sol. Por lo menos no iban chorreando.

Primero asomó Ancel su cabeza con cuidado. Se sorprendió al ver que todo el pasillo estaba a oscuras.

-¡Vamos!.- le susurró.

Salieron del cuadro con la gema de Yael activada. Decidieron ir a comprobar si Gabriel vivía allí.

-¿No me estás timando?
-Las veces que le vimos regresar tarde iba por este pasillo en esta dirección.

Había algo en el aire que les inquietaba. Estaba más denso de lo normal y esa oscuridad era inquietante.

-Tu pluma no tendrá efectos secundarios, ¿verdad?
-A veces…pero suele ser pasados unos días.

Anularon la invisibilidad para que la luz de sus cuerpos les iluminase el camino. Al fijarse en suelo de mármol casi exclamaron un grito. Sangre. El rastro carmesí conducía hasta el final de la pared y allí desaparecía.

-Ancel, vámonos de aquí.- le susurró inquieta.
-Aquí hay un notición.
-¿Pero qué dices? Si nos pillan seremos sospechosos.
-Esa de ahí creo que es la casa de Gabriel. Avisémosle.

La joven asintió con la cabeza algo más aliviada. Comenzaron a aporrear la enorme puerta sin obtener contestación alguna. Decidieron llamarle a gritos, pero tampoco contestaba.

-Quizás no esté…- Ancel ya estaba dando media vuelta dispuesto a encontrar un pasadizo que resolviese el enigma.
Evanth, por el contrario siguió insistiendo. Congeló el manillar y la cerradura y de una patada, los destrozó. La puerta se abrió emitiendo un pequeño quejido.

-¿Estás loca? ¡Sólo faltaba que nos acusasen de allanamiento de morada!

Echaron un vistazo alrededor. Todo estaba completamente a oscuras. La casa parecía estar en orden, salvo el dormitorio. Los objetos de cristal y espejos se hallaban hecho añicos, y las plumas de un maltratado colchón se encontraban esparcidas por los alrededores. El suelo estaba mojado. Descubrieron que un charco de agua salía de por debajo de una puerta que parecía ser la del cuarto de baño. Arrimaron la oreja a la puerta y se pudo escuchar perfectamente el agua saliendo del grifo.

No sabían si atreverse a entrar. Si se estaba bañando no le haría ninguna gracia que le molestasen, pero definitivamente aquel desorden y el agua desbordándose no era normal. De un empujón abrieron la puerta. Evanth emitió una exclamación ahogada. Tendido sobre la bañera se encontraba Gabriel, con la cabeza inclinada hacia atrás y el agua de la ducha cayendo sobre él. La bañera se había desbordado y la larga cabellera caoba flotaba sobre el agua.

-¡Señor Gabriel!
-¿Se encuentra bien?

Habían detenido el flujo del agua. Evanth le zarandeaba para que se despertase, pero no parecía reaccionar. Ancel sacó de su túnica una cajita de madera y de ella extrajo la mitad de una pluma y cortó un pedazo. El trozo extraído se lo metió en la boca a Gabriel.

-Es curativa, ya comprobé sus efectos con el trozo que falta.- le explicó a la interrogante mirada de la chica.

Pareció surtir efecto porque el ángel comenzó a recobrar el conocimiento.

-¿Qué…?
Su voz sonaba débil y confusa.

-¿Se encuentra bien?

Gabriel no parecía escucharles. Simplemente miraba atónito sus manos. Les llevó un tiempo conseguir que reaccionase.

-¿Qué hacéis aquí?- miraba a su alrededor sorprendido de encontrárselo todo encharcado.

Los dos aprendices respiraron aliviados. Su luz había recuperado intensidad y parecía ser que se encontraba bien.

-No sé que me pasó, lo siento…
-Algo debió de atacarle. Lo mismo que provocó ese rastro de sangre.
-¿Rastro de sangre?
-Afuera, en el pasillo. El rastro se acaba justo en la pared.

Gabriel se incorporó rápidamente y Evanth, sonrojada, le tendió una toalla. Al final había merecido la pena.

Se vistió rápidamente con una túnica marrón oscuro. Era lo primero que había pillado de su armario y mientras se la abrochaba, salió corriendo a afuera. Comenzó a tantear en busca de algo que revelase un pasadizo. Los otros dos le imitaron. Fue Evanth la que encontró el lugar exacto donde presionar, y la pared desapareció, dando lugar a unas profundas escaleras. Descendieron por ellas sin pensárselo ni un momento. Al llegar a lo que parecía una especie de sótano, se quedaron paralizados al descubrir una estrella de cinco puntas invertida sobre el suelo. Estaba hecha con sangre. Lo peor de todo fue que en el centro de aquel diabólico símbolo, se encontraban unos cadáveres. Cadáveres de ángeles que cuando examinaron, se quedaron horrorizados al contemplar el akasha de sus inertes cuerpos, consumido. Ancel se volvió hacia su compañera, cuando advirtió una enorme sombra alzándose sobre ella y dos terribles luces rojas centelleando malévolamente. Corrió a protegerla, pero lo único que consiguió fue que unos terribles brazos les apresasen a los dos. Forcejearon para poder escapar, mas todos sus intentos resultaron inútiles. La oscura criatura les aferraba con mucha fuerza. Lo último que vieron antes de sumirse en la oscuridad fueron aquellos diabólicos ojos rojos.

La luz volvió a ellos. Esta vez era Gabriel el que los zarandeaba.

-¿Estáis bien? ¿Os hizo algo?

Ancel fue el primero en incorporarse, aún confuso. Evanth hacía unos minutos que había recuperado el conocimiento, solo que al reconocer la voz de Gabriel llamándola, decidió mantener más tiempo los ojos cerrados.

-Tranquilos, ya se fue.
-¿Le derrotaste?
-Huyó llevándose consigo los cadáveres. Pero lo importante es que estéis bien.
-Ya sabemos donde estaban los ángeles desaparecidos…


Lamentaba no haber traído una cámara. Si hubiese hecho alguna foto, se harían famosos rápidamente. Ambos tenían bastantes cosas que contarles a sus amigos. Gabriel les dijo que volviesen a Shejakim, que él se encargaría de todo al día siguiente. Y volvió a encerrarse en su habitación propinando un brusco portazo.

CONTINUARÁ




Seleccionad capítulo:

Mariana Alvez Guerra dijo...

Luxuria es lujuria en latín, soy amante de los pecados capitales. me ha gustado muchisimo este blog, asi que se han ganado una fiel lectora.

http://sietesirenasvasaquererpecar.blogspot.com/

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