Cargando...

¿Qué es Dolce Inferno?

+/-

Dolce Inferno es una novela de fantasía paranormal que estoy escribiendo y voy publicando los borradores en este blog para que los leáis. Va a ser una saga y lo que podéis encontrar de momento es la primera parte: Polvo de Estrellas.
La autora soy yo, Luxuria o Lux o Viento según qué lugar de internet. Si lo veis que la publica en algún sitio alguien diferente, avisadme porque seguramente me estarían plagiando.
Sinopsis: Tras la última batalla contra los demonios, los ángeles quedaron muy debilitados por lo que tienen que sufrir un duro entrenamiento para poder pertenecer al Coro Celestial. En esta era el nuevo encargado de adiestrar a los jóvenes principiantes es Gabriel, un ángel al que todos quieren nombrarle arcángel pero él lo rechaza siempre.
Los ángeles, bellas y poderosas criaturas pero que están condenados a no poder amar a nadie mientras que los demonios se esfuerzan por tentarles.
Esta historia se desarrolla en un mundo basado en la Tierra pero una Tierra diferente a la que conocemos, en la que parte está dominada por los demonios y sus defensores y en otras, el poder de la Inquisición,una organización muy avanzada tecnológicamente, se ha logrado imponer. Un mundo donde todos intentan hacerse con el 5º elemento o akasha, el material más valioso y escaso que existe.
Todo se complica a partir de que Amarael, una joven candidata a ángel, conoce a un demonio con el que se ve a escondidas.

Advertencia de contenido

+/-
Esta historia contiene escenas no aptas para todos los públicos: Violencia, lenguaje malsonante, sexo, drogas, incesto, violaciones, orgías. ¡Sea responsable! Algunos temas metafísicos pueden chocar con sus creencias e ideologías. Es una historia de fantasía, si no tiene la mente lo suficientemente abierta no la lea y no moleste a los que les gusta. El mundo en que se desarrolla está basado en la Tierra para que sea menos lioso, pero no es la Tierra, verlo como un universo alternativo.

¿Qué estilo prefieres?

Libros autopublicados

Polvo de estrellas cap. 21

Lo que me ha costado publicar esto que llevo toda la tarde intentándolo pero blogger se opuso a mi(seguro que la culpa es de Metatrón xD).

Primero me gustaría agradecérselo a todos los que pensaron en este blog para concederles un premio. ¡es increíble! Muchísimas gracias, la próxima actualización será sobre ellos. Si no fuese por todo vuestro apoyo no habría llegado hasta aquí.

Ahora me pondré con los premios del concurso Inferno que no puedo tener a las ganadoras esperando eternamente.

Por cierto, por lo visto mi blog no sale como actualizado, no sé qué le pasa, es todo un misterio pero sospecho de la sala de chat así que si nadie pone objeciones creo que la voy a quitar a ver si así resuelvo el problema. Mientras, los que seguís este blog os recomiendo que os hagáis seguidores(en la columna de la derecha, debajo de las encuestas) para así sí enteraros bien de las actualizaciones.

Bueno, no me demoro más. Os dejo un dibujo y un boceto que Ipb hizo (¡muchas gracias guapísima!). Aparte de escribir genial(os recomiendo que leáis sus dos historias: Zafiro y La fuerza de la Ambición) también dibuja. Le dije que me lo hiciera sensual y en vaya pose me lo ha hecho :p ¡¡Que lo disfrutéis!!





—¡Caín! ¿Estás vivo!—exclamó el ángel reprimiendo el impulso de ir a abrazarle.
—¿Acaso lo dudabas? Te dije que todo
saldría bien.

El gesto de la chica no le pasó desapercibi
do y le dirigió una sonrisa amable mientras le tendía una mano para ayudarla a incorporarse. Al entrar en contacto con su piel, sintió un aura de oscuridad que antes no había percibido en él, e incluso, sintió hasta terror por unos fragmentos de segundo. Rápidamente ese cosquilleo que la envolvía como reacción de su akasha en contacto con la materia oscura, la hizo olvidarse de aquello. Una sensación que era como si algo gravitacional la atrajera irremediablemente hacia él, hasta que esa misma sensación se hiciese tan intensa como para fusionarse con él.

—Estás muy sonriente.
—¿Qué hacías allí sentada?—le preguntó el diablo con un atisbo de curiosidad.
—Pues si te soy sincera no lo sé—respondió con la mirada fija en el suelo. Se habían formado pequeños riachuelos que iban tejiendo surcos sobre la arenisca cual culebras de agua que arrastraban la suciedad calle abajo—. Una necesita sus momentos de soledad.

Echaron a andar perdiéndose entre las irregulares callejuelas unidos por el paraguas.

—Éste no es lugar para una delicada joven. Se asemeja mucho más al Infierno.

Varios cadáveres dificultaban el paso apilándose en medio de las calles. En la mayoría de ellos se podía adivinar qué era lo último que estaban haciendo antes de que la muerte les rodeara con su abrazo mortal.

—Mañana los vivos tendrán que recoger esos cadáveres y llevárselos en un enorme carro.
—No he llegado a tiempo…—se lamentaba la chica—. En lugar de estar ahí sentada tendría que haberles ayudado.
—No te culpes por todas las desgracias que ocurren—intentó animarla tras verla apesadumbrada—. La peste bubónica se ha cobrado ya muchas vidas. Mientras sigan viviendo en este nido de ratas y pulgas es inevitable.

El joven ángel no sabía muy bien cómo reaccionar. Quería apartar la vista de aquel desagradable espectáculo, pero eso sería mirar hacia otro lado esquivando la realidad.

—Así que piensas que soy delicada— su voz sonó amenazadora. Caín no pudo evitar emitir una sonrisa aún más amplia.
—Si me prometes que no vas a intentar envenenarme esta vez, te puedo enseñar algo mejor.
—Envenenarte no creo, pero conozco otros métodos.

Amara no podía evitar pensar que había algo de romántico en pasear bajo la lluvia agarrada de su brazo. Él la condujo hacia las afueras de la ciudad, ladera arriba. Era extraño caminar junto a él, la gente retrocedía aterrorizada tras su paso. La tormenta iba en aumento y se escuchaban de vez en cuando algunos truenos desde la lejanía. Cruzaron un descampado y se detuvieron ante el borde de un barranco. Desde allí se podía contemplar toda la cuidad, aunque apenas había luces encendidas y estaban sumidos prácticamente en la oscuridad.

—Mira el cielo—le susurró éste en el oído.

Lo que Amara vio la dejó sobrecogida. Entre las nubes se habían acumulado distintos campos electromagnéticos ofreciendo un espectáculo tan increíble como resultaba aquel fenómeno. Grandes pilares de luz roja descendían desde el cielo hasta la Tierra. Numerosos microfilamentos azules se enredaban entre los chorros rojos que fluían en el cielo entretejiendo un manto luminoso. La chica no sabía qué decir ante aquella espectacularidad.

—Parece como si diferentes dioses estuviesen peleando entre ellos. ¿Esto también es obra del Creador?
—Un ángel preguntándome esas cosas—rió el diablo—. No lo sé, la verdad—él también parecía embelesado—. Yo diría más bien un efecto adicional que no estaba previsto. Últimamente se están dando varios fenómenos sobrenaturales y los humanos están cada vez más supersticiosos. Hablan del Apocalipsis.
—¿Algún día ocurrirá de verdad?
—Tiene que llegar, Amara. Pero yo lo veo como un comienzo, una nueva etapa. Un nuevo mundo que resurgirá de los errores de éste.

Se quedaron en silencio, bajo aquella oscuridad y cubiertos por esa red luminosa. La desagradable realidad que había visto antes ya no la impresionaba tanto. Recordó el prado donde había conocido a Caín y volvió a visualizar la belleza intrínseca que se hallaba en cualquier rincón. Aquel mundo también tenía cosas muy hermosas, cosas que no quería perdérselas. Y estaba pensando todo aquello junto al que ahora gobernaba sobre todas las criaturas infernales. Se le hacía difícil acostumbrarse a ello. Siempre se había imaginado a Lucifer como un ser terrorífico y a la vez digno de hacerse respetar. Caín parecía poca cosa, aunque ya tenía motivos más que suficientes como para sospechar que tenía habilidades poco comunes.

—Así que finalmente has empezado El Entrenamiento— enunció el diablo que había vuelto a fijar su atención en ella. Un escalofrío agradable la recorrió al sentirse bajo la penetrante mirada de éste.
—Sí, y tengo muy buena puntería— aquello sonó como si le estuviera apuntando con una de sus afiladas flechas de akasha.
—Ya veo que sigues sin bajar la guardia. Haces bien en no confiar en mí.
—¿Qué quieres de mí? ¿Es porque soy un elohim?— Intentó que su voz sonase lo más indiferente posible. Hace tiempo que quería sacarle el tema para ver si averiguaba algo.
—Así que ya lo sabes.
—Pero no lo entiendo. Yo no tengo…—no pudo evitar llevarse la mano hasta el vientre.
—Raphael hizo un excelente trabajo.

Aquellas palabras la sacudieron violentamente. Ahora sí que no entendía nada.

—¿Raphael? Pero si fue él quien me encontró en aquella cueva…
—Si ella no te lo ha querido decir no voy a ser yo quien te lo diga.
—¿Ella?

Él seguía con sus ojos clavados en su figura. La miraban intensamente, como analizándola.

—Ya has hablado con ella en alguna ocasión. La que te protegió de Astaroth y aquellos demonios la otra noche.

Amara recordó de golpe lo que había pasado en aquella ocasión. Pensaba que había llegado su fin en esa jaula de terribles criaturas cuando una luz violeta muy intensa los cegó a todos.

—¿Pero entonces aquello no lo hice yo?—preguntó desilusionada. Por un momento había pensado que había liberado su verdadero poder. Ahora se sentía tan inútil y débil como Caín la debía de ver.

Él sabía qué era lo que estaba pensando la chica. Por eso se puso detrás de ella y la rodeó los hombros con sus fibrosos brazos, mientras apoyaba su cabeza sobre uno de ellos.

—Tú no te preocupes por esas cosas. Sigue adelante, no te detengas. ¿Por qué conformarse con ser la princesa del cuento cuando puedes ser una diosa?
—¿Diosa? ¿Yo? Estás loco. El único dios que hay es Metatrón y si acaso Serafiel, que es el que gobierna_ aquel ángel tan frío y serio. ¡Yo no tengo nada que ver con ellos!
—Por eso confío en ti.

Había hecho que se volviese, para tenerla frente a él. Sus cuerpos entrechocaron y Amara lamentó ser unos cuantos centímetros más baja que Caín y no quedar a la altura de su boca. De pronto, un pequeño destello rojo la llamó la atención. Extendió su mano y descubrió, asustada, que las gotas de lluvia se habían tornado escarlata. En su mano se posaron unos pequeños cristales rojos que parecían relucir por todo su alrededor.

—No tienes nada que temer. Es agua mezclada con la arena cristalizada procedente de los desiertos de África. Unas bacterias son las que le dan ese tono rojizo. Los humanos lo llaman “lluvias de sangre”—le explicó él al verla tan sobresaltada. Le temblaba el labio al terminar de hablar. Las pestañas de Amara eran realmente largas y sus ojos irradiaban una intensidad que le desconcertaban.

Caín siempre contaba cosas interesantes. Con él siempre pasaban cosas especiales. Y tal vez fuese por la especial atmósfera que les envolvía, por lo único y especial que era ese momento, pero ambos no se pudieron resistir. Algo así como el destino se puede decir que selló sus labios. Bajo aquel paraguas, bajo aquellas lágrimas de sangre, fue demasiado fácil olvidarse de que no estaban haciendo lo correcto, de que habían perdido la razón, que se estaban dejando llevar por la lujuria. Pero si no lo hubiesen hecho se habrían lamentado toda la vida.

Sabía mucho mejor sin el limón, el alcohol y el tabaco. Era increíble todo lo que él podía hacer en un espacio tan pequeño como era su boca. En cambio, ella se sentía muy torpe. Las únicas experiencias que tenía al respecto eran las que había visto en las películas. Le encantaban las películas de romance, tanto las trágicas con las que no podía evitar llorar por lo idiotas que pueden ser los humanos, como las comedias. Al principio no comprendía cómo podía alguien parecer tan feliz mientras sabía que se estaba llevando toda la saliva del otro, pero desde que le había conocido a él comenzó a ver las cosas de otra forma. Y la experiencia superó con creces sus expectativas. Al principio no sabía como reaccionar, si abrir la boca mucho o poco, si meterle la lengua rápidamente. Sin embargo, descubrió que era realmente fácil, solo tenía que dejarse llevar, él la conducía con su suave y húmeda lengua. La lluvia escarlata se hizo más intensa. Los cristales bermellones caían cual granizo de estrellas de fuego. Unas campanas comenzaron a resonar desde lo lejos. Los vecinos salieron a los balcones asustados por las horas que eran.
Cuando al fin se separaron se quedaron unos centímetros muy próximos el uno del otro. La tormenta amainó y el repiquetear de las campanas cesó. Se sentía sin aliento, como si Caín se lo hubiese absorbido todo, mientras que el de él seguía fresco en sus humedecidos labios.

—Quizás sí que se trata de señales para advertir que estoy aquí—añadió el diablo refiriéndose a los extraños fenómenos—. Tienes suerte de haberte ido a topar con el diablo más idiota de todos, pero no tientes tu fortuna. Quizás algún día me canse de hacer el idiota. Si supieras las cosas que me sugiere esa carita de niña buena…
—Eres muy transparente— le cortó. Ya se estaba poniendo fanfarrón, señal de que estaba intentando ocultar sus sentimientos.

Amara quería hundir sus manos en el cabello negro de él, pero se contuvo porque sabía que no la iba a dejar. Caín se había quedado con la boca entreabierta, aún con las palabras en la punta de la lengua. Esa chica conseguía sacarle de sus casillas, aunque era algo que apreciaba de ella. Había pensado que tras conseguirla una vez, el resto sería demasiado fácil y perdería todo el interés en ella y sin embargo, ahí estaba, mirándole con esos zafiros, con su cuerpo de muñeca y piel de porcelana. Lo gracioso era que ella era la que intentaba jugar a seducirle, cuando más bien era al revés.

"No voy a caer en la trampa de volver a intentar besarte para que me rechaces"-
pensaba él cínicamente.

—Tú también tienes a alguien en otro lugar, ¿verdad? Se te nota un montón por la cara que pones cuando piensas en ella—por lo visto estaba dispuesta a humillarle psicológicamente.

"No voy a ser tan idiota de besarte para convencerte de que ese alguien no existe
"

—Será mejor que vuelvas con los demás. Tengo cosas mejores que hacer que pasarme la noche sujetando un paraguas—replicó fríamente mientras le daba la espalda dejándola bajo la lluvia, que ya había amainado bastante.

—¡Qué malo eres! Dejar a una dama como yo que se moje…muy típico del rey de los demonios—se estaba divirtiendo de lo lindo vacilándole— Tienes una mente muy enrevesada para ser un hombre, ¿seguro que no eres una mujer?—decía mientras se inclinaba hacia él, socarrona.
—¡Basta ya! Aquí el único que lee la mente soy yo. He tenido bastante experiencia con las mujeres a lo largo de mi existencia como para entender vuestra forma de pensar—exclamaba mientras la señalaba con el dedo acusadoramente—. Me largo antes de que te destroce las entrañas.
—¡Espera!—le intentó detener agarrándole del brazo—. ¿Y yo no podría aprender? En El Entrenamiento no nos enseñan esas cosas.
—¿Qué te enseñe taumaturgia?—la miraba perplejo.
—Así que se llama así.

Caín se llevó la mano a su sien mientras analizaba pensativo la cuestión.

—Tampoco es tan descabellado… ¿Sabes lo que es la taumaturgia?
—No…
—Es una disciplina mágica—se dispuso a explicarle—. Hay varias sendas y cada senda se especializa en una cosa diferente. Se pueden estudiar varias sendas, pero en la única en la que se puede alcanzar el máximo nivel es en la primera que escogemos.
—¿Y yo podría aprender alguna de esas sendas? ¿Cuál sabes tú? ¿Qué tipos hay?—no podía evitar acribillarle a preguntas.
—El maestro imparte clases durante siete años a siete alumnos. Al terminar, el maestro elige quedarse con una de las almas de esos siete alumnos.
—Pues vaya tontería. ¿Quién es el idiota que acepta semejante trato?—exclamó el ángel poniendo los ojos en blanco.

"Yo fui uno de esos idiotas
"

—Veo que no te interesa. Pues nada. Te deseo mucha suerte con tu examen porque te van a dar una paliza.

El joven hizo ademán de irse, pero sabía que en cualquier momento ella volvería a suplicarle que se quedase.

—¡Yo quiero aprender una senda de esas!

Sonrió para sí mismo.

—Y yo también quiero muchas cosas. Pero en esta vida todo tiene un precio, preciosa.
—¿Y yo sería la única alumna?
—Exacto. Así que ya sabes a quien le va a tocar pagar.
—No pienso entregarte mi alma—clamó tajantemente.

Caín la examinó exhaustivamente. Amarael se sentía nerviosa bajo aquella mirada, pero le hizo un gesto para comunicarle que dijera lo que tuviese que decir.

—Podríamos hacer una excepción. Escucha bien: te enseñaré durante siete meses, en vez de siete años que es justo lo que dura vuestro entrenamiento. Como no te puedo enseñar lo mismo en tan poco tiempo, el pago también será menor.

La joven le miraba seriamente aguantando la respiración. Él siguió hablando.

—Puedes quedarte con tu alma, pero a cambio me entregarás tu virginidad—hizo una pausa—…y harás durante este tiempo lo que te pida.

Amara meditó la cuestión. Sabía que hacer tratos con un demonio era muy peligroso puesto que éstos siempre buscaban la forma de engañar. Aún así, la idea de aprender algo tan especial era demasiado sugerente. Una oportunidad única que nunca volvería a tener. Caín estaba en lo cierto: todo en esta vida tiene un precio.

—De acuerdo, pero eso de hacer lo que me digas…
—Mira niña, exijo obediencia absoluta. Si tú no te lo tomas en serio yo no voy a perder el tiempo.

El ángel se llevó la mano hacia el lazo que anudaba su vestido a su cuerpo con intención de deshacerlo, pero el diablo la detuvo.

—Me pagarás al final.
—¿Y hay que firmar o hacer algo?
—Me has dado tu palabra. Con eso me basta.

No estaba muy segura de que si al día siguiente se lamentaría de la locura que estaba cometiendo, pero la idea de ver a Caín durante este tiempo le hacía sentirse más animada. Sí, todo aquello era una locura, pero era justo lo que necesitaba para salir de su monotonía.

—¿Y si ahora resulta que soy mujer?—se rió Caín.
—…Mientras seas igual de bueno con las manos que con la lengua…
—Tú has nacido en el lugar equivocado. En Infernalia serías una femme fatale
—No sé qué decirte…—exclamó ruborizada.
—A Viento le gustaría conocerte. Os llevaríais bien.
—¿Viento? ¿Es tu amada?

Caín se llevó el dedo índice a sus labios en señal de silencio. Amara comprendió que era mejor callarse.

"Eres muy diferente a él
"— pero se guardó esas palabras para sí mismo, no quería que ella le escuchase.

—Ya nos estamos enrollando demasiado. Te espero en este lugar los días impares a medianoche.
—¡Pero todavía no sé en qué consiste la senda que me vas a enseñar!
—Eso en la primera clase, aunque sí hay algo que me gustaría pedirte… —Amara le indicó con otro gesto que le escuchaba así que él prosiguió—. Hace mucho tiempo existió un ángel llamado Selene.
—¡Selene! ¡Como la hermana de Gabriel!
—¿La conoces?

"Con que Gabriel
"

—Conozco a su hermano. Es uno de los profesores.
—Quiero que me consigas toda la información que puedas sobre ella y su familia.
—¿No irás a hacerle daño a Gabriel?
—Tu deber es cumplir lo que te diga. Mis motivaciones no te incumben.
—Él confió en mí así que no pienso traicionarle.
—Estás rodeada de muy malas influencias—le dijo mirándola muy serio—el niñato-mechero, el guapísimo y misterio pero peligrosísimo Señor de los siete infiernos…
—Uy sí… ¡Y deja de meterte con Nathan!
—Ya sabes lo que quiero— fue lo último que añadió antes de desaparecer de nuevo dejando un haz de plumas negras.

***

El día había amanecido despejado. Algunos pájaros daban su serenada matutina festejando la salida del sol en el cielo vespertino. La hierba estaba fresca y el ambiente olía a tierra mojada debido a la gran humedad del bosque. Nathan estaba teniendo un hermoso sueño en el que Amara y él aprobaban el examen juntos con la máxima puntuación tras haber machacado al imbécil ése de la espada rara, cuando sintió que alguien le estaba golpeando y echándole vaho en el oído. Casi pegó un grito suficiente como para despertar a sus dos amigos al encontrarse tan cerca de él la cara de su profesor.

—Nathan, prepárate que te espero afuera en cinco minutos— le susurraba éste en un tono de voz que pretendía no despertar al resto.

Nathan se levantó malhumorado por la interrupción y se preguntó qué pasaría ahora. Todavía era muy temprano como para empezar las clases. Demasiado temprano, pensó al contemplar al sol que no terminaba de atreverse a salir del todo. Se terminó de ajustar el cinturón y su espada a los pantalones y salió a reunirse con él. Gabriel le esperaba apoyado sobre el tronco de un árbol. Unos cuantos metros más alejados Haziel también iba para allá aún frotándose los ojos. Si Evanth estuviese allí habría exclamado que el chico se veía bien hasta con el pelo despeinado y recién levantado. No había duda de que había empezado mal el día.

Gabriel no tenía muy buen aspecto, no parecía muy descansado y era la primera vez que lo veía sin el pecho descubierto.
—¿Se puede saber qué pasa ahora?—protestó Haziel, aunque sólo se le entendió la mitad ya que estaba bostezando.
—Poneros firmes. Los ángeles no bostezan.
—¿Ocurre algo?—intentó ser más educado Nathan.
—Acompañadme—fue lo único que dijo.

Les llevó volando hasta una pequeña mansión. Gabriel les ordenó que le observasen mientras él se hacía pasar por un pobre mendigo en busca de algo de comida. Le atendió una criada que le pidió que aguardase. Tras un rato de espera, se escucharon al fondo las voces de la que parecía la señora de la casa. La criada volvió al rato excusándose de que ya no le quedaban sobras porque se las echaban a su perro y cerró la puerta en sus narices. Gabriel volvió con sus alumnos y les indicó que ahora lo intentasen ellos.

El primero fue Haziel. Intentó hacerse el simpático y ganarse el afecto del ama de llaves para que le diese cobijo. En un principio funcionó, pero después apareció la dueña con una escoba acusándolo de pervertido.

—Cuando estés en el Infierno me implorarás, vieja asquerosa—escupió el altanero ángel.

Nathan no tuvo mucha mejor suerte, de hecho apenas había golpeado la puerta cuando vaciaron sobre él desde la ventana de arriba un cubo de agua sucia. Haziel se estuvo riendo de aquel percance el resto del día. Ya se disponían a partir hacia otro lugar cuando se escucharon unos relinches procedentes del interior del caserón.

—Viene del establo de esta familia—les aclaró Gabriel indicándoles con un gesto que se asomasen a echar un vistazo.

Por lo visto uno de los caballos se estaba muriendo. Se le veía débil y sudoroso y sus patas segregaban un líquido blanquecino. Parecían estar allí reunidos todos.

—¡Ja!—masculló el joven ángel de cabellos oscuros—. Cada uno obtiene lo que se merece.

En cambio el profesor entró dentro del establo sin perder un instante. Los que estaban allí dentro se quedaron asombrados al ver a aquel desconocido que vestía de forma tan extraña.

—¿Me permiten un momento?—formuló la pregunta con el tono de voz más amable que jamás habían escuchado.

Nadie se atrevió a contrariarle así que él se arrodilló junto al pobre animal y comenzó a examinarlo.

—Ese animal está en sus últimas—se atrevió a decir el que parecía el más joven de los allí presentes.
—No deberías subestimarle—le contestó Gabriel con una sonrisa.

El muchacho volvió a fijar su atención en el caballo y para su sorpresa ya no estaba tan sudoroso, y parecía volver a respirar con normalidad. Hasta el pelaje parecía tener más brillo que nunca. Boquiabiertos, se apresuraron a pedir explicaciones a aquel extraño, la dueña la primera de todas, pero para su sorpresa aquel desconocido había desaparecido.

—¿Por qué les ayudaste? ¿No recuerdas como nos trataron?—exclamó Haziel incrédulo. No paraba de señalar a Nathanael que seguía empapado. Éste lo notó y enarboló una mueca. Le molestaba más aquella humillación que el estar calado de ese agua pestilente.
—Las cosas no son lo que parece—fue la respuesta que dio ante ese sorprendente acto.

El siguiente lugar que visitaron fue una pequeña casa rural. Parecía muy antigua y estaba para el arrastre. No parecía ser capaz de soportar los fuertes vendavales que iba a tener que afrontar cuando llegase el invierno. Volvieron a intentar la operación, esta vez los tres juntos. Un matrimonio de mediana edad les recibió sorprendidos. Les explicaron que habían venido desde muy lejos para intentar obtener un trabajo en la cuidad, pero estaban sedientos y agotados. La pareja les hizo pasar inmediatamente ofreciéndoles lo poco que tenían: una vasija de agua y unos trozos de pan duro. La mujer, preocupada porque no tenía nada decente que darles de comer, no se estaba quieta yendo de un lado para otro de la pequeña y pintoresca cocina mientras no paraba de disculparse. El marido, entonces, decidió sacrificar el cordero que tenían reservado para venderlo en el mercado. Nathan insistió en que no era necesario, pero ellos no desistieron. Preferían tratar como es debido a sus huéspedes, era una cuestión de honor según ellos.

—¿No vamos a hacer nada?—le susurró a su profesor. Éste se limitó a negar con la cabeza y a aceptar de buena gana el vaso con vino que le estaban tendiendo.

—Ya que vamos a comer un cordero, hay que acompañarlo bien—les dijo el pobre hombre.

Hasta Haziel parecía incómodo en esa situación. La humilde pareja comiendo una especie de sopa que era un poco de agua con unas semillas y ellos degustando su pata de cordero asada. Sin embargo, parecían estar pasándoselo muy bien, el hombre no paraba de hablar y Gabriel se reía con fuertes carcajadas. La esposa estuvo atenta todo el tiempo de rellenarles los vasos en cuanto se lo acababan.

—Beba usted también—le sugirió Gabriel a la mujer.
—No se preocupe por mí, yo no bebo alcohol. Estoy en estado—les anunció llevándose feliz las manos hacia su vientre. Su marido le pasó el hombro por encima muy orgulloso.

Al elemental de fuego se le estaba formando un nudo en la garganta. La carne se le estaba haciendo muy pesada y sentía la boca seca. No se había percatado de que aquella mujer estuviese embarazada, estaba demasiado famélica.

—Enhorabuena. ¡Brindemos entonces por su hijo!— exclamó Gabriel alzando su vaso.
—No se preocupe por nosotros, joven. Coma todo lo que quiera—le comentó el hombre a Nathan al ver que no estaba comiendo demasiado—. Nosotros estamos acostumbrados a comer poco y tenemos una vaca que nos da suficiente leche para abastecernos y vender lo que nos sobre.

Tras la comida la pareja seguía insistiendo en que se quedasen a pasar la noche. Porque tenían que volver a clase que si fuese por Gabriel se hubiesen quedado hasta el día siguiente. De pronto, el grito de la mujer les sobresaltó. Fueron corriendo a ver qué ocurría. Nathan nunca se había sentido así de impotente en su vida, ni si quiera cuando no pudo proteger a Amara de ese demonio. La vaca había muerto. Gabriel aprovechó ese momento de desolación de la pareja para abandonar en silencio el lugar.

—¡Lo sabías! ¡Lo sabías y no hiciste nada!— le gritó Nathan una vez lejos de allí. Estaba furioso.
—Cálmate, Nathan.
—Pero por una vez Nathanael tiene razón. ¿Por qué salvaste al caballo de aquellos pedigüeños y la vaca de esta familia que nos trató tan bien no?
—Os dije que las cosas no son lo que parecen—les replicó muy serio—. Esta noche la muerte se habría llevado dos corazones: el de la mujer y su hijo. En su lugar se ha llevado el del animal.

Los aprendices se habían quedado sin palabras.

—¿Se puede hacer eso? ¿Salvar dos almas a cambio de una?—preguntó Nathan.
—Yo soy el que manda en estos asuntos así que a veces puedo hacer excepciones.
—¡Pero eso no es suficiente!—Haziel seguía sin aprobar el comportamiento de su profesor y Nathan le entendía perfectamente.
—El campesino le había hecho un favor al de la otra familia y en agradecimiento iban a darle ese caballo aprovechándose de que estaba enfermo.
—¡Serán…!
—Pero aún así el caballo no da leche. ¿Cómo van a sobrevivir?—se aventuró Nathan.
—El pobre animal tenía incrustado entre sus molares una pepita de oro. Le han cuidado tan poco que ni se habían percatado de este detalle.

Se quedaron en silencio asimilando el significado de aquellas palabras. Nathan se sentía avergonzado por haber dudado de su profesor.

—Espero que hayáis entendido el significado de “buena acción”.
—¿Por qué nos ha mostrado esto a nosotros?
—Según los informes sois mis dos mejores alumnos así que confío en vosotros —sonrió para sí mismo satisfecho ya que por la expresión que tenían parecía ser que habían comenzado a comprender—. Anda, volvamos que vamos a llegar tarde.

Se encontraron con unos Ancel y Yael muy emocionados.

—¡Mira Nathan lo que hemos descubierto!

Le mostraron entusiasmados una enorme puerta de piedra medio oculta por la maleza. Tenía diferentes dibujos e inscripciones grabadas en ella.

—Hemos intentado de todo para abrirla, incluso una de las plumas explosivas de Ancel, pero no hay manera.
—¿Y no se os ha ocurrido que quizás haya una llave para abrirla?—les sugirió Gabriel.
—¿Qué hay ahí dentro?—preguntaron llenos de curiosidad.
—Quien sabe, pero seguro que hay algo importante si alguien se molestó en ocultarlo—dejó caer enigmáticamente.
—Esto…en cuanto a lo de ayer…—se aventuró Yael.
—Os comprendo perfectamente así que por mi parte está olvidado, pero tened mucho cuidado. Las diablesas son muy peligrosas. Creedme que no me gusta nada enfrentarme a una.

Ancel y Yael respiraron aliviados. Se habían quitado un gran peso de encima.

—Venga, que las chicas nos estarán esperando—les llamó Gabriel.

Amara estaba ensimismada contemplando el vaivén de las olas cuando bajó de nuevo a la realidad al oír el gritito que pegaron las chicas. Al volverse vio que se trataba de que los chicos ya habían llegado. Llegaban muy altaneros presumiendo de musculatura. La muchacha desvió la vista rápidamente al ver a Nathan. No sabía por qué, pero después de lo que había pasado la noche anterior no se atrevía a mirarle a la cara.

—Bien, la clase de hoy será para comprobar vuestro nivel—les explicó Iraiael cuando ya parecían dispuestos a atender.
—Así que tendréis que hacer unas pruebas físicas—añadió Gabriel colocándose junto a su compañera.

Ésta no le miró con muy buena cara, parecía molesta con él. A Nathan en otra ocasión le hubiese entusiasmado la idea, pero después de haber tenido cordero asado como desayuno, no le apetecía demasiado ponerse a dar piruetas en el aire. Aquel día se le estaba haciendo eterno. Gabriel les entregó a todos unas lanzas y les reunió en un corro.

—Tenéis que demostrar vuestra puntería con esas dianas que están colocadas a lo largo de la playa—les decía mientras señalaba las susodichas—.No me falléis y demostrad que valéis.

Todos se colocaron en sus posiciones y se prepararon para apuntar. Era bastante sencillo, las dianas solo estaban a unos cien metros de distancia. Para un ángel tampoco era demasiado. Haziel se había colocado en la diana de al lado de Nathan y al verle tan concentrado, no pudo resistirse a la idea de empujarle. Disimuladamente puso el arma en horizontal e hizo un barrido con ella hacia el lado en el que se encontraba el elemental. Éste, que no se había percatado, el golpe le pilló desprevenido y se cayó al suelo tirando a los que estaban próximos a él. Gabriel se quedó atónito al ver como unos cuantos alumnos suyos se caían al suelo repentinamente. Ancel intentó coger tanto impulso para el lanzamiento, que al mover el brazo para atrás, la lanza salió disparada hacia atrás. Yael aprovechó el caos que se había formado para hacer trampas y acercarse descaradamente a su objetivo. Otro ángel más alejado se quejaba de que era alérgico a la arena de playa y el resto no paraban de reírse.

"Dios, ¿por qué a mí? ¿De dónde han salido éstos?
"

—Bueno, no pasa nada, hay más pruebas…—intentaba restarle importancia al asunto Gabriel, pero las chicas no paraban de reírse— ¡No! ¡No está bien!—cambió de tono de voz de repente—. Sois las criaturas más torpes que he conocido del Universo. Un plastocerebeilus es más inteligente que vosotros.
—¿Y eso qué es?—preguntó un ingenuo.
—Unos organismos que habitan al este del cinturón de Orión que se comen su propio cerebro—le respondió con una mirada muy seria que le dejó sin habla al pobre.

Las chicas les echaron de allí para poder ocupar su lugar, tensaron sus arcos y una lluvia de flechas salió disparada hacia las dianas dando en su blanco. Emitieron gestos y sonidos de superioridad para ridiculizarles aún más.

—¡No es justo! Ellas estuvieron practicando ayer—se quejaban algunos.
—Os aseguramos que ayer no lo hicimos tan mal como vosotros.

Iraiel fue pasando revisión a las diferentes dianas y anotando el progreso de cada una hasta que llegó a una diana sin ninguna flecha.

—¡Amara! ¿Se puede saber por qué no has disparado?

El joven ángel estaba en la inopia. La voz de la profesora la sobresaltó.

—Lo siento…es que vi algo en el horizonte…

Iraia miró hacia donde señalaba Amarael y se sorprendió al ver la silueta de un gran barco.

—¿Un barco que ha atravesado el Atlántico? Solo puede estar infestado de demonios.

Y dicho esto ordenó a sus alumnas que la siguieran.

—Escuchad, vamos nosotras a encargarnos de esto. Vosotros quedaros aquí entrenando que os vendrá mejor.

Gabriel estaba herido en el orgullo porque sabía que Iraia lo hacía a modo de venganza, pero no podía culparla. Él lo habría hecho también de haber sido al revés. Sus alumnos necesitaban urgentemente entrenar más.

—Bueno, aprovecharemos que estamos aquí para entrenar vuestra resistencia física. Hoy hay bastante oleaje así que quiero que nadéis todos hasta las boyas del fondo y volváis. Es bastante agotador nadar en el mar.

En la distancia, aunque no tan lejanas como el misterioso barco, podía distinguirse claramente una hilera de bolas de plástico rojas. Ancel había perdido el poco color que tenía su piel.

—¿Te encuentras bien, Ancel? No tienes buena cara.
—Esto… ¿es necesario llegar tan lejos? Las plumas se mojan y…
—¡Pues guarda las alas!—le contestó Gabriel sorprendido ante la falta de inteligencia tan evidente.

Nathan y Yael cruzaron miradas de complicidad. Sabían perfectamente que Ancel no sabía nadar y que no le gustaba el agua.

—Anda, deja de quejarte y métete en el agua—le dijo mientras le empujaba hacia la orilla.

—Plastocerebeilos el último—le murmuró Yael a su amigo mientras se sumergía corriendo en el mar.

Nathan ya había hecho demasiado el ridículo delante de Gabriel así que al menos quería hacer eso bien. Empezó a acelerar para alcanzar al otro. Haziel tampoco pensaba ser menos que Nathan. Al cabo de un rato ya estaban todos de vuelta en la orilla discutiendo quién había sido el primero. Nathan aseguraba que había sido él apoyado por Yael, mientras que Haziel decía que él había tocado antes con los dedos la orilla al haber cogido impulso de la ola. Las chicas ya estaban de vuelta esperándoles así que les preguntaron a ellas quién había sido el vencedor.

—¿Pero tenéis que pelearos en todo lo que hagáis?—les regañó Gabriel.
—Evanth, tú lo has visto, ¿verdad?—le preguntó Haziel satisfecho a la chica.
—Eh…—estaba en una encrucijada. Haziel era su novio, pero no quería enemistarse con Nathan—. Esto… ¿y si lo repetís de nuevo? Solo para asegurarnos.
—¿Estás diciendo que no queda claro que yo soy mejor que ése?—exclamó alzando la voz. La pobre chica bajó la mirada, nerviosa.
—¡No! Es solo que… ¡Debe de ser por el viento! Soplaba a su favor y por eso parecéis igualados.
—Serás estúpida—le espetó entre dientes. Ella lo oyó y tuvo que ocultar sus ojos llorosos.
—¡Ya es suficiente!—interrumpió la conversación Iraia.
—¿Qué ha ocurrido con el barco?—le preguntó Gabriel.
—A buenas horas te preocupas por nosotras—bramó. Él se quedó bastante sorprendido por esa respuesta así que decidió ser un poco más amable—. Se trataba de unos cazadores…Se pensaban que podrían acabar con nosotros o algo así.

Los cazadores eran una asociación que se encargaban, como su nombre indicaba, de cazar a los miembros de la Inquisición y ángeles que se encontraran en la Tierra. Estaba constituida por infectados y su líder era nada menos que Agneta.

—Cada vez se están volviendo más temerarios—observó Gabriel.
—Esto…—interrumpió Yael—¿Dónde está Ancel?

"Maldición. No me lo puedo creer
"

Todos miraban a los lados en busca del chico, pero no había ni rastro de él.

—¿No me digáis que no ha salido del agua?

Haziel y otros ángeles comenzaron a reírse estrepitosamente. Gabriel hizo caso omiso de ellos mientras se sumergía en las frías aguas del Atlántico, el océano tenebroso.

El agua estaba helada por esa época del año. El fondo marino estaba compuesto por rocas oceánicas y un gran arrecife de coral. Antes estaba tan infestado de pequeños diablillos y otras criaturas malignas como lo estaba todo el océano, pero desde que la Inquisición había ocupado el archipiélago se habían dedicado a exterminarlas. Ahora el mar era de un tono verdoso que reflejaba la luz del sol, en vez de tener aguas oscuras y profundas. Unos latigazos de dolor azotaron todo su cuerpo. Se le escaparon unas burbujas de aire por la boca. Un ángel no podía morir ahogado, pero sí el cuerpo en que se había materializado.

Todos se arremolinaron en la orilla, curiosos. Estaban tardando bastante en salir a la superficie. De pronto, el agua comenzó a teñirse de carmesí. Asustados, prepararon las armas, pero de las aguas tan solamente emergió Gabriel cargando con el cuerpo inerte de Ancel. Yael tuvo que contenerse porque las niñatas lo único que comentaban era lo bien que se veía Gabriel con la ropa mojada pegándose a su cuerpo, sin importarlas lo más mínimo su amigo.

—Voy a llevarle al hospital, está herido.

Todos pudieron ver como iba dejando un pequeño rastro de sangre en la arena. El hombro de Ancel lucía una herida muy fea. Parecía como si le hubiesen desgarrado el hombro. Tenía la piel hecha jirones dejando al descubierto sus órganos internos.

—¿Qué lo atacó?—preguntó Iraiael mientras examinaba el fondo del mar detenidamente.
—No lo sé. No vi a nadie.

A Nathan le pareció curioso el mal aspecto que tenía su profesor esa mañana y cómo había ido mejorando a lo largo del día. A pesar de que estaba mojado y no cesaba de jadear, había recuperado su brillo habitual.

Las clases se suspendieron y la isla se llenó de miembros de la Inquisición examinando cada rincón en busca de lo que fuese que había atacado al joven ángel. Definitivamente había sido un mal día. Nathan se dirigía al hospital de la isla para ver si ya había alguna noticia de su amigo, cuando se encontró con una distraída Amara. Parecía estar absorta en sus pensamientos, como siempre, admirando la vegetación que la rodeaba. El chico se dijo así mismo que era ese momento o nunca. Se acercó hacia ella sacándola de su ensimismamiento.

—Hola…¿Qué tal?

La chica alzó la vista para comprobar quien era el que la estaba hablando. Cuando vio que se trataba de Nathan se ruborizó.

—Hola…Vaya susto lo de Ancel, ¿no?
—Malditos demonios—apretó tan fuertemente el puño que el chico se hizo daño.
—No se sabe qué fue lo que le atacó…
—¿Qué iba a ser si no? Alguno de los que iban en el barco ese, seguro.

Ella dejó de prestarle atención y volvió a entretenerse con las variedades de flores que crecían allí. No tenía sentido intentar razonar con él sobre estas cosas.

—Amara…me gustaría hablar contigo. Desde ese día nos hemos distanciado y ha sido por mi culpa.

La chica se le quedó contemplando con sus ojos azules muy abiertos. Según la luz que les diese se volvían violetas o más verdosos. Nathan nunca se cansaría de bucear en ellos y siempre le seguirían sorprendiendo.

—Nathan…si decidiste que lo mejor era separarme de ti por algo sería. Además, he estado reflexionando y es lo mejor.
—¿De verdad crees que es mejor que nos separemos? Me he dado cuenta de cómo me evitabas…
—Al igual que tú… —la chica jugaba nerviosa con una mariposa que se le había posado en el pelo.
—¿Estás bien? Te noto muy cambiada…
—Estoy perfectamente.
—Tengo algo para ti.

La cogió de la mano y la llevó hacia un banco que había allí. Amara se sorprendió de lo cálido que era su tacto, todo lo contrario al de Caín. Se encontraban en el mismo lugar en el que habían estado el día anterior sus dos profesores, cubiertos por rosales de diferentes colores.

—Nunca te agradecí lo que hiciste por mí—comenzó el ángel.
—Hice lo mínimo. Yo fui la que te metió en ese lío.

El joven ignoró aquello y extendió la palma de su mano sobre la cual se materializó una figura de cristal, pero no un cristal cualquiera. La pequeña escultura representaba una pareja de humanos bailando que a Amara les encontró un singular parecido a ellos. El especial cristal centelleaba pequeños arco-iris y arcos de luna, creando la ilusión de que parecía que la figura estaba viva y que bailaban de verdad. Hasta podía sentir las emociones que los dos amantes sentían al estar tan próximos entre sí.

—Es cristal de Miranda, extraído de la propia luna de Urano—le explicó. La chica seguía admirando la miniatura—. Mi familia se dedica a extraerlo y las esculpe. Cuando volvamos te enseñaré el taller, te va a encantar. ¡Y podrás elegir la que quieras! Las hay de todas las formas y colores.

El cristal de Miranda era baste apreciado pues estaban elaboradas por un proceso que sólo la familia de Nathanael conocía. Primero extraían el cristal y lo refinaban y después, mientras lo esculpían, le insuflaban poder sagrado que dotaba a las figuras de esa vitalidad que parecían poseer.

—Mi familia quería agradecerte lo que hiciste y bueno…ésta es para ti—concluyó el ángel tendiéndola el regalo ruborizado.

La muchacha le miró de una forma que casi le derrite, pero después su semblante se entristeció.

—Es preciosa, Nathan. Pero no puedo aceptarla.
—No seas tonta, es para ti. No tienes que sentirte mal por aceptar un regalo.
—De verdad que no puedo…
—Hace tiempo que quería dártela, pero no conseguía reunir el valor necesario—le confesó.

Amara examinó la figura más detenidamente. Incluso le pareció escuchar una dulce melodía que provenía del interior. Dudosa, la sostuvo entre sus manos cuidadosamente.

—Nathan, no deberías hacer estas cosas por mí. Yo…soy horrible.

El muchacho sacudió la cabeza. Era increíble lo testaruda y complicada que podía llegar a ser una mujer.

—Deja de sentirte culpable por todo, deja de culparte a ti misma por existir. Lo pasado, pasado está. Significas mucho para mí y me tienes preocupado.

Aquellas tiernas palabras estaban hechas para consolarla, pero lo único que hacían era incrementar sus lágrimas. La culpabilidad la estaba corroyendo, tenía que decírselo.

—El problema es que no me arrepiento de mis actos, no me arrepiento de hablar con ese diablo.

Aquella confesión fue para Nathan más fría que el cubo de agua y más difícil de digerir que el cordero de esa mañana.

—¿Sigues encaprichada con él?
—Caín es diferente a los demás. Cuando estoy con él el mundo a mi alrededor se transforma…
—¿Caín? ¿Ya sabes su nombre?—parecía bastante enfadado.
—Sigo viéndome con él y pienso seguir haciéndolo así que estás a tiempo de denunciarme.
—¡Te está engañando!—exclamó levantándose enérgicamente—. ¡En cuanto te descuides se llevará tu alma!
—Prefiero entregársela a él que a Metatrón.

El chico se había quedado descompuesto, completamente abatido. La estaba perdiendo y ni en sus peores pesadillas quería verla rodeada de las llamas del Infierno. Con solo imaginársela junto a ese bastardo le hervía la sangre. Setenta veces siete no eran suficientes veces para maldecirlo.

—Ya sabes lo que soy así que si no vas a detenerme, olvídate de mí.
—¡Basta ya!—bramó el elemental. Una fuerte aura ígnea le rodeaba y la flora de su alrededor se quemó.

No quería oír más, ya había tenido suficiente. No quería imaginársela haciendo cosas horribles solo para satisfacer a ese demonio. Para él ella siempre seguiría siendo su Amara, la chica de rubios cabellos tímida e inocente que siempre se andaba preocupando más por los demás que por ella misma. ¿Por qué la vida era tan injusta? Echó a correr perdiéndose en el bosque. Corrió hasta que tropezó con una piedra invisible y cayó de bruces contra el suelo. Por primera vez estaba llorando. Sus lágrimas florecían desde las grietas de su destrozado corazón y caían por sus mejillas, dejando un ardiente rastro tras de sí. Las lágrimas le incendiaron el rostro y hubiese querido que le incendiasen todo su ser.

Amarael se quedó contemplando la figurita. La pareja seguía inmersa en su danza, ajenos de todo lo que les rodeaba. Eran afortunados. A ella también le hubiese gustado ser una figura de cristal y danzar toda la eternidad, danzar al lado de Nathanael que habría sido esculpido para encajar perfectamente con ella. Y bailarían y bailarían hasta el final de los tiempos, contemplando el sonriente rostro de su pareja. Pero el mundo no era tan sencillo y ella estaba hecha de dudas en vez de cristal reluciente, y existía un ser llamado Caín dispuesto a sacarla de esa monotonía, de esa danza eterna, y a enseñarla que existen otros tipos de bailes. Sintió la necesidad de dejar que se escurriera entre sus dedos y se rompiese en miles de fragmentos independientes, pero por alguna incomprensible fuerza, no tuvo el valor suficiente y la guardó consigo.

***

La ciudad de Enoc se erguía en medio del mar Negro. Cuando Caín mató a su hermano Abel fue desterrado por Dios y maldecido por toda la eternidad. Entonces caminó y caminó desamparado por las peligrosas tierras infestadas de demonios, pero ninguno le atacó. Estaba protegido por la marca de Dios. Allí conoció a Lilith y tuvieron su primer hijo. Para celebrarlo, fundó una ciudad sobre las tierras deshabitadas de Nod, y la llamó igual que su retoño. Así surgió Enoc.

Las afueras de esta ciudad estaban compuestas por lo que se denominaba “El bosque maldito”. Una terrible ciénega cuya vegetación se alimentaba de la sangre y energía vital de quien ambulase por ellas. Gabriel recordaba como cuando era más joven se escapaba a aquel lugar a entrenar y matar diablos. Ahora no tenía tiempo ni ganas de entretenerse con las molestas plantas. Un enorme arco de mármol negro se alzaba ante él mostrándole que si lo cruzaba se hallaba en Enoc. Enormes torres desafiaban el cielo, amenazantes. Estaba completamente seguro de que allí se encontraba Selene. No tenía muy claro por qué lo sabía, pero sentía la necesidad de volver al último lugar en que la había visto.

No le costó ningún esfuerzo encontrar el lugar. En cuanto vio una estatua decapitada sabía que era ahí donde había ocurrido todo. Se trataba de un estrecho callejón que al final daba lugar a un ensanchamiento, donde se erguía la estatua del arcángel Uriel decapitado. Incluso pudo distinguir el punto exacto. La piedra del edificio estaba arañada, las marcas de las manos de su hermana en un intento de resistirse seguían allí. Alguien se había molestado en limpiar la sangre, pero no su sufrimiento. Se apoyó contra la pared intentando reprimir sus sentimientos. Ahora entendía por qué nunca se había atrevido a regresar. Algo afilado cortó su cuello. Sintió un aliento frío sobre la nuca y al girar la cabeza como pudo, se topó con dos ojos grises.

—Bienvenido a mi ciudad, señor Leirbag. ¿O debería decir Gabriel?

El ángel intentó materializar su guadaña, pero algo le estaba oprimiendo.

—No…—seguía hablando Caín— Definitivamente el nombre más adecuado para ti es Lucifer.

CONTINUARÁ

Fray Marcos dijo...

UYYY...POR QUE ACEPTO??????? SIEMPRE GANAN LOS MALOS????

Me gustaria más que ese "amor" prohibido se acabe de una vez.

Un saludo, espero con ansia el capitulo 22.

Lisa dijo...

Luxuria pasa por mi blog que tienes un premio (o dos, creo q el otro premio q te di se me olvidó avisártelo, si es así, tienes dos, el primero en la última entrada y el segundo dos entradas antes)
Un saludo,
*Lisa*

KarAne dijo...

¡Al fin llego hasta aquí!
Me encanta como va la historia, realmente estos capitulos han sido de lo mejor.
Felicidades, sigue escribiendo, espero la continuación con ansias ^^

Saludos!

:)

Luxuria dijo...

muchas gracias Kare Ane^^ A ver si esta semana puedo terminar el siguiente.

Marcos, me temo que vas a sufrir en los siguientes capítulos, no le va a ir mu bien a Nathan, pero hasta que no se de el desenlace muchas cosas pueden cambiar

Furanshisuka dijo...

Wouuu!!
por fin he terminado de leer la historia completa (lo que llevas) empeze hace un buen rato...¡y no he podido parar hasta que lei la ultima letra!!..me encanta, encuentro que tienes una forma muy original de interpretar los datos biblicos, ademas de un nutrido contenido en tus escritos, definitivamente contienen mucha base y eso me encanta....ahora te diria que tienes que tener cuidado por ahi, por lo general soy mas bien malisima en ortografia pero he visto varias veces en varios capitulos que a veces tiendes a caer en el error de la redundancia...algo asi como decir -entré dentro o escondida en su escondite....eso nada más....
sobre este ultimo capitulo...me dejaste en realidad alucinada!!...como es eso de que gabriel es lucifer? y no dejo de preguntarme que hace a amara tan especial y que secretos ocultan de su nacimiento o creacion..(aun no se cuan usar) nada mas espero que sigas lo más pronto que puedas...estaré esperando con ansias...
cuidate muchooo
besotes
chau
furan...

Luxuria dijo...

Furanshisuka, muchas gracias!! :D
Me alegro que te haya gustado tanto y no so preocupéis por avisarme de mis fallos, todo lo contrario!!Lo tendré en cuenta y lo voy a arreglar. De todas formas es que la mayoría está escrito hace bastante y se nota, sobretodo en el prólogo, por eso esto no es más que un borrador y cuando lo termine lo más seguro es que lo reescriba y lo envía a las editoriales.

Pues gracias de verdad. Lo de Gabriel se explica un poco mejor en una charla que tiene Caín con Samael unos capítulos atrás, si se relee todo tiene más sentido(además de alguna otra pista que he dejado por ahí que normal que nadie haya entendido xD)

Ya tango el siguiente casi listo, mañana si el cambio de diseño no me da muchos problemas quizás lo tenga terminado

Espera un momento a que se carguen los comentarios