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¿Qué es Dolce Inferno?

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Dolce Inferno es una novela de fantasía paranormal que estoy escribiendo y voy publicando los borradores en este blog para que los leáis. Va a ser una saga y lo que podéis encontrar de momento es la primera parte: Polvo de Estrellas.
La autora soy yo, Luxuria o Lux o Viento según qué lugar de internet. Si lo veis que la publica en algún sitio alguien diferente, avisadme porque seguramente me estarían plagiando.
Sinopsis: Tras la última batalla contra los demonios, los ángeles quedaron muy debilitados por lo que tienen que sufrir un duro entrenamiento para poder pertenecer al Coro Celestial. En esta era el nuevo encargado de adiestrar a los jóvenes principiantes es Gabriel, un ángel al que todos quieren nombrarle arcángel pero él lo rechaza siempre.
Los ángeles, bellas y poderosas criaturas pero que están condenados a no poder amar a nadie mientras que los demonios se esfuerzan por tentarles.
Esta historia se desarrolla en un mundo basado en la Tierra pero una Tierra diferente a la que conocemos, en la que parte está dominada por los demonios y sus defensores y en otras, el poder de la Inquisición,una organización muy avanzada tecnológicamente, se ha logrado imponer. Un mundo donde todos intentan hacerse con el 5º elemento o akasha, el material más valioso y escaso que existe.
Todo se complica a partir de que Amarael, una joven candidata a ángel, conoce a un demonio con el que se ve a escondidas.

Advertencia de contenido

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Esta historia contiene escenas no aptas para todos los públicos: Violencia, lenguaje malsonante, sexo, drogas, incesto, violaciones, orgías. ¡Sea responsable! Algunos temas metafísicos pueden chocar con sus creencias e ideologías. Es una historia de fantasía, si no tiene la mente lo suficientemente abierta no la lea y no moleste a los que les gusta. El mundo en que se desarrolla está basado en la Tierra para que sea menos lioso, pero no es la Tierra, verlo como un universo alternativo.

¿Qué estilo prefieres?

Libros autopublicados

Polvo de estrellas cap. 22

Gabriel fue hasta Enoc en busca de Selene, pero Caín le sorprende. Por otro lado, Ancel había sido atacado misteriosamente mientras estaban entrenando. Amara espera impaciente su primera clase de taumaturgia con Caín





Este capítulo me da mucho miedo por las cosas que pasan... ¡No me matéis!

Polvo de estrellas cap.22


—¿Dónde está Selene?
—Donde nadie pueda ponerle sus manos encima— le siseó, oprimiéndole con más fuerza aún. Enroscó su reptiliana cola alrededor de su cuello y comenzó a estrujarle los huesos.
Aquel demonio era bastante fuerte y sabía demasiadas cosas. No estaba la cosa como para escatimar así que no le importó a Gabriel desatar su poder más de los límites que se había autoimpuesto. Comenzó a emitir una suave luz blanco-azulada y Caín tuvo que apartarse repentinamente al sentir un calambrazo. Las partes de su cuerpo que habían estado en contacto con el ángel le dolían intensamente además de que algo no iba bien, no parecían responderle a su voluntad.
—He alterado las corrientes nerviosas de tu cuerpo—le explicó Gabriel mientras se colocaba en su sitio los huesos del cuello.
Efectivamente, el diablo había perdido el control de sus manos y de su cola. Ésta última se enrolló esta vez alrededor de su propia garganta mientras intentaba reprimir que sus propias manos agarrasen su sable sin su permiso. Podía sentir la impasible mirada de su adversario clavada sobre él. Intentó pronunciar unas palabras en una lengua que Gabriel no entendió y unos caracteres rojos se iluminaron sobre la hoja de su arma. El sable se elevó y cortó la extremidad que le estaba oprimiendo a su amo. Una vez liberado, descargó su propia energía oscura sobre sí mismo, para volver a ajustar su sistema nervioso. Gabriel seguía traspasándole con la mirada. Caín se incorporó como pudo y extendiendo el ala hacia atrás, hizo que surgiesen del suelo seis clones suyos. Sin embargo, ni siquiera habían terminado de salir y comenzaron a deshacerse.
—He venido hasta aquí de noche por algo—el ángel señaló con la cabeza hacia el cielo—. Hoy hay luna llena.
Caín sabía que Ireth se encontraba más animada las noches de luna llena, ¿sería que su hermano también?
—La luna me da ventaja, así que ninguna de tus ilusiones podrá engañarme. De hecho, puedo verte tal y como eres en realidad…
Caín no pudo evitar mirar hacia la luna. Había algo en ella extraño, como si le estuviera drenando la energía poco a poco. Horrorizado, decidió que tenía que acabar ese combate lo antes posible. Su contrincante resplandecía en medio de la oscuridad de la noche, impasible, con su enorme guadaña apoyada en su hombro y su larga melena agitada por el viento. Sus ojos y la luna iban tornándose cada vez más rojos a medida que ésta iba absorbiendo energía. Sobre las dos grandes alas blancas aparecieron cuatro alas más, tan negras como la noche. Gabriel, el ángel de la Muerte, o Lucifer, el Lucero del Alba, ahora entendía por qué le llamaban así.

"Seis alas. Yo sólo tengo una…"—Así que mis sospechas eran ciertas.
Acababa de presenciar el resurgimiento de Lucifer. En otra situación se podía considerar afortunado, pero ahora no estaban las cosas como para celebraciones. Había llegado el momento de probar su nuevo poder, aunque prefería que ese momento se hubiese demorado algo más. Todavía no estaba muy acostumbrado y le costaba controlarlo.
—Un ángel que tiene poder sobre la noche, oculta su verdadero poder y se gana fácilmente la confianza de los demás—siguió hablando el actual Satanás—. La verdad es que resultaba bastante evidente. Me sorprende que no te hayan descubierto.
—¿Dónde está Selene?
—…Lástima que hayas vuelto demasiado tarde. Me temo que ya no eres nadie, Lucifer —Caín había comenzado a liberar también su poder. Debido a la gran cantidad de energía que emanaba, las rocas y piedra de los edificios se estaban comenzando a desprender, formando un remolino entorno al diablo—.
¿Te sorprende que te llame por tu verdadero nombre? —exclamó el cainita mientras se abalanzaba con su sable contra Gabriel—. Dicen que la primera vez es especial— se burló, socarrón.

El choque entre ambas armas producía ondas expansivas que arrasaban con los edificios más cercanos. Si seguían así la ciudad iba a quedar destruida y eso a Caín no le hacía ninguna gracia. Le estaba costando bastante concentrar sus ataques en un solo punto, de hecho, estaban siendo bastante descontrolados.
—Todavía no sabes controlar bien tu nuevo poder. ¿Y tú eres el que me ha sustituido?—su voz sonaba completamente diferente. Mucho más profunda y fría, aunque todavía podía percibir un atisbo de la personalidad del ángel.
—¿Para qué quieres a Selene? Ella está a salvo conmigo, tú no pudiste salvarla.
Caín aprovechó el momento de dudas que había creado para desaparecer y reaparecer rápidamente detrás de él. Consiguió darle en el brazo.
—¿Qué para qué la quiero? —la herida se cerró lentamente.
—Si la llevas al cielo la utilizarán y explotarán.
—Es que yo no quiero llevarla al cielo —se detuvo un momento en el aire y comenzó a soltar una larga carcajada. Caín no entendía qué le hacía tanta gracia—. Precisamente porque sé que la están buscando. Por eso mismo quiero acabar con ella. Sería una buena forma de estropear sus planes…
Aquella posibilidad no se le había ocurrido al diablo y le aterrorizó la idea. Eso le enfureció mucho más.
—Entonces no tendré remordimientos en acabar contigo.
—¿Remordimientos? ¿El Rey de los infiernos?—volvió a reír— Eres patético.

Gabriel tensó sus plumas y cayeron como una lluvia de afiladas estacas sobre Caín, que logró esquivarlas.
—¿Te has divertido robando mi vida? Lilith, el trono, Selene…
Nunca se lo había planteado así. Tenía que haber un modo de bloquear el poder lunar.
—¿Pensabas que me iba a quedar sin hacer nada? Tan solo esperaba el momento oportuno —seguía con su discurso Lucifer.

Si hubiese alguna forma de llevarlo a una zona donde los rayos lunares no alcanzasen… Echó a volar hacia los escombros de uno de los edificios que habían derribado durante la pelea. Su intención era que lo persiguiera hasta allí, pero su rival no parecía seguirle. Se encontraba cansado, muy débil. Ya casi no le quedaban fuerzas. Tenía que ponerse a salvo como fuese. Si fallaba, Ireth…no quería pensar en aquello. Sacó fuerzas de donde ya no le quedaban, pero la meta parecía estar cada vez más lejana. Con cada paso que daba, tenía la sensación de que se alejaba dos más. Estaba tan concentrado en no caer desmayado, que no le vio venir. Dos espadas se abalanzaron contra él como saetas y una de ellas atravesó limpiamente en su ala, clavándose en el suelo. Le tenía sobre él, con la guadaña alzada que en cualquier momento se hundiría entre sus entrañas.

De pronto, dejó de sentir esa fuerza invisible que le debilitaba. Sintió el olor a sangre sobre su cuerpo y el frío líquido salpicándolo. Lucifer ya no se alzaba ante él amenazante, sino de rodillas sobre el frío suelo. Una flor carmesí adornaba su pecho. Se había atravesado con su propia arma, como si fuese una espada, y parecía estar teniendo una lucha interna. La viscosidad de la sangre de su enemigo sobre él le hizo reaccionar y logró extraer la espada que le inmovilizaba. Se quedó contemplando al ángel en silencio. Se abrazaba así mismo mientras tiritaba. Su pelo caía lacio sobre su rostro y encogía las alas.
—Rápido, ¡mátame! —su voz ya no sonaba fría ni amenazante, sino más bien le estaba rogando—. Yo…Solo quería ayudar…hacer todo lo posible por los demás…
Caín, confuso, se acercó más hacia él.
—¿Lucifer?
—No...Soy Gabriel…¡El ángel Gabriel! El ángel blanco…

Caín contemplaba la escena seriamente. A pesar de que había torturado a muchos ángeles para que cayesen en la oscuridad, ver a un ser así en esas condiciones era desolador incluso para alguien como él. Estaba luchando con toda su alma contra su parte oscura. Aquello no tenía mucho sentido si él era en realidad Lucifer reencarnado, pero los restos de la personalidad del ángel parecían estar interfiriendo.
—Tienes que salvar a Selene…¡Sálvala! —le suplicaba, desesperado.

Aquella desesperación no era propia del ser que había estado a punto de acabar con él. Ahora era algo patético, frágil, acabado. Y seguía luciendo hermoso. Aquellas eran las criaturas perfectas de Dios, por dentro completamente rotas, pero por fuera siempre aparentando perfección.
—Creo que podría ayudarte…Tu poder me será útil.
Gabriel pareció comprender sus intenciones.
—Todavía no has asimilado tu nuevo poder. Es muy peligroso que absorbas más—la voz le temblaba mientras intentaba hablar con la de Gabriel.
—Lo hago por Selene, nada más. Mi vida no me importa.

Caín le empujó sobre la pared. Se encontraba muy cerca de sus ojos almendrados, de su nariz perfilada y de sus esculpidos labios de mármol. Le acarició con sus dedos malditos su sudoroso rostro y los bajó hasta untárselos con la sangre de la herida de su pecho. Con esa sangre le dibujó una cruz invertida en todo su semblante y acercó sus labios a su boca, mordiéndole el labio inferior. La habilidad original de Caín consistía en absorber la energía de los demás a través de su aliento. Quizás de allí había evolucionado la habilidad de los vampiros. Gabriel permaneció todo el tiempo con los ojos muy abiertos, a pesar de que lo único que conseguía ver era el oscuro cabello del diablo.

Bebió de su poder oscuro que le abrasaba la garganta como si bebiese nitrógeno líquido y le embriagaba como el más fuerte de los licores. No soportó demasiado. Aquella oscuridad era mucho más venenosa de lo que se había imaginado. Le costaba creer que ese ángel conseguía resistírsele. Se separó de él con los labios doliéndole agudamente. Al soltarle, el ángel cayó de nuevo sobre el suelo.
—He conseguido extraerte algo, pero si hubiese seguido habría sido peligroso para ambos.
Se alejó de él unos pasos dándole la espalda. Podía sentirle aún temblando. Se volvió una vez más y le arrojó a sus pies una pequeña llave de cobre. Gabriel se le quedó mirando, interrogante.
—Es una copia de la llave del depósito de los cazadores. Allí están encerrados los ángeles que están a punto de caer en la oscuridad. Ya no tienen salvación así que en el fondo les harás un favor. Date un festín en honor al nuevo señor infernal.

El satán se disipó entre la niebla dejando a Gabriel temblando, mientras contemplaba la llave y lo que eso implicaba.

***


En cuanto regresé de nuevo a mi castillo ella salió a recibirme inmediatamente.
—¡Caín! ¿Qué ha pasado en la ciudad? ¿Estás bien? Se te ve herido, déjame curarte
Elevó con sus ágiles manos mi brazo y mientras lo acariciaba sutilmente, emanaban de sus yemas chispas azuladas. El mismo brazo con el que instantes después la abofeteé. La expresión de sorpresa, terror, rabia, odio y todo entremezclado, dando lugar a lágrimas que empañaban sus anhelantes ojos, me atormentaría de ahora en adelante durante mis pesadillas. ¿Por qué tenían que ser así las cosas? Todo sería mucho más fácil si ella se comportase de forma obediente y pensara con la cabeza antes de actuar. ¿Cómo la explicaba el miedo que había sentido al descubrir que ese ángel la había encontrado? ¿Cómo hacerla entender que no puede pasarla nada malo porque entonces yo me derrumbaría? Del golpe se había caído sobre la cama mientras me seguía desquebrajando por dentro con esa mirada. No, eso no es lo que quería. Lo único que importa es esa sonrisa suya que tanto me reconfortaba. Si para que sonriese tendría que dejarla partir entonces lo haría, aunque eso significase perderla. Yo no quería hacerla llorar, ni lastimarla. Sólo protegerla. Hacerla mía, susurrarle todo lo que siento mientras me entrego a ella, mientras nos entregamos. Me senté sobre el colchón tendiéndome sobre ella. Seguía temblando.
—Ireth, no temas. Yo te protegeré, te haré mi reina oscura. Así nadie se atreverá a acercarse a ti —le susurré mientras la oprimía entre mis brazos. Sus lágrimas sabían a anís. Bajé mi cabeza para buscar sus labios, pero me recibieron formando las palabras que siempre temí escuchar de ellos.
—Eres un monstruo.
Sí, lo era, siempre lo supe y por eso siempre intenté contenerme con ella, pero ¿lo decía en serio o sólo porque estaba dolida?
—Ireth, ahora tengo el poder suficiente para poder hacerte un demonio completo.
—¿Y si ya no quiero serlo?
—Pensé que estabas cansada de la pintura y de ser despreciada…
—Sí, estoy harta de que me despreciéis tú y todos los demás. Y estoy harta de fingir. Aléjate de mí, Caín, no me hagas más daño.
Sus palabras se ahogaban antes de concluir. Sé que estaba intentando contener el llanto delante de mí. Si me iba ahora la perdería para siempre. Ignoré sus protestas e hice lo que siempre quise hacer. Ella me golpeaba pero no me importaba, el roce de su piel con la mía era muy placentero y su boca me sabía a gloria. Hasta que sentí el frío metal dentro de mí. Al principio estaba tan entregado que no lo percibí, pero después vi la sangre sobre su piel, mi sangre. Me había clavado el puñal que una vez la regalé. La hoja era especial ya que las heridas que habría difícilmente podían ser curadas. Recordaba perfectamente cómo había tenido que infiltrarme en la habitación de Brella para conseguir los ingredientes. Todo el fuego que sentía en mí se disipó. Ahora todo era frío, sobretodo su aliento sobre mi cara.
—Por favor, déjame—me suplicaba.


***


Belcebú miraba sus cartas con poco entusiasmo. Había apostado con Astaroth a que Nosferatus iba a ser castigado y parecía que había ganado. El perdedor, que en ese momento llevaba el cabello verde oscuro, ahora intentaba presionarlo para que aumentase la apuesta y pudiese recuperar lo que había perdido, pero no parecía muy interesado en las cartas.
—Ya te advertí de que no deberías haberle enfurecido —le recordó El Señor de las Moscas.
Nosferatus estaba bastante enfurecido. Había devorado a todo su harem de vampiresas excepto a Zadquiel y a otra más, y seguía de mal humor. Las heridas ya se le habían curado, pero le quedaba el recuerdo y la humillación. Era un ser bastante orgulloso.
—Te avisé de que no le hicieras nada a la chica —le recordó el príncipe —. Sabías que iba a ser coronado.
—Esta noche pienso devorar a Zadquiel. Ya me cansé de esperar.
—Sabes que eso no sería bueno para ti —intervino Samael—. La sangre de un ángel acabaría contigo.
—Lleva demasiado tiempo aquí comiendo de nuestra comida y respirando de nuestro aire maldito. No creo que su sangre me sienta mal.
—¿Y cuando hayas hecho eso qué pasará?
—Pues buscaré una nueva víctima. Podría ser la puta de tu hijo. Ya que he sido castigado por tomar un poco de su sangre, debería tomarla entera.
—Deberías respetar a tu señor. Ahora es rey.
—Que arda en el Infierno. ¿Por qué no acabamos con él? No necesitamos un rey por mucho que el valquirio ese insista. Al fin y al cabo los que en verdad mandamos somos nosotros.
—Es más divertido hacerle pensar que tiene poder. Además, tengo planes para él.
—¿Por qué es tan importante para ti ése chico? —preguntó Belcebú revelando sus cartas.
—Porque él es la prueba de que esa noche existió —respondió tras meditarlo, hundiendo su rostro entre sus largos dedos.
—Qué estupidez. Sigues siendo un maldito ángel —le espetó Belcebú.
Samael hizo caso omiso a aquellas palabras. Llevaba demasiado tiempo siendo cuidadoso y esforzándose, no tenía por qué tirarlo todo por la borda ahora.
—Di que sí Samael. Pronto estaremos de nuevo en el cielo recuperando los que nos arrebataron esas sabandijas —exclamó Astaroth mientras mostraba sus cartas. El duque enarcó una amplia sonrisa al ver el resultado—. ¡Ja! Te ha salido la muerte invertida, por lo tanto he ganado yo.
—Toma todo el maldito dinero, a mí no me sirve para nada —le decía mientras le arrojaba los papeles manchados de sangre. Astaroth siempre se inventaba las reglas en cada partida así que no tenía sentido discutirlo. Si se le quería ganar tenía que ser con sus propias reglas.
—No es tu dinero lo que tienes que darme —le susurró con gélidas palabras.
—Lo que he apostado. No soy tan imbécil como para devolverte aquello.
El duque frunció los labios y no le quedó más remedio que resignarse. La culpa era del alcohol. Se encargaría de arrancarle la lengua al que le sirvió la bebida. Aún así no permitió que eso le bajara el estado de ánimo. Había tenido sus dudas con lo del castigo del vampiro, pero con lo que veía en las cartas lo veía más nítido.
—Pues yo lo tengo claro. Voy a vengarme de ese maldito ángel —les dijo Astaroth firmemente.
—¿Cuál de todos ellos? —preguntó Nosferatus sarcástico.
—De la mocosa entrometida que se metió en la sala V.I.P. Si no llega a ser por Samael me habría quemado hasta el tercer ojo.
—Pero la vieron con Caín, te recuerdo —le advirtió Belcebú.
—Les vieron juntos una noche, ¿y qué? Eso no significa nada. Cada noche se le puede ver con varias.
—Será mejor que no te entrometas con esto —le reprochó Samael—. Ese ángel es un asunto de nuestro Señor Oscuro. No creo que le haga mucha gracia que interfieras en sus planes.
—Las cartas nunca mienten —insistía—. Mirad: ¡el as de espadas y el rey de oros! Y más oros y más espadas —les decía señalando los naipes—. ¡Venganza y éxito!
—Y también te ha salido el loco.(1)
—A estas alturas ya deberías saber que siempre me sale esa carta —canturreó en una carcajada sonora.
—Eso mismo dijiste la noche antes de la boda de Zadquiel —seguía insistiendo el ángel renegado. La expresión en el semblante del duque se ensombreció—. Sobreviviste a la explosión de Metatrón pero te molesta una muchacha.
—Por eso mismo. No pienso tolerar una más —y dicho aquello, se levantó mientras se colocaba su sombrero de copa sobre su larga y llamativa melena y desapareció como si de un truco de magia se tratara. Samael parecía intranquilo.
—Déjale —le dijo Nosferatus—. Uno menos para disputarnos el poder —sus astutos ojos resplandecían sedientos.

***


Desde el incidente del día anterior los arcángeles habían acudido a vigilar la situación. Raphael se encargó de curar a Ancel y éste ya estaba de vuelta con sus amigos. Le había dado muchas vueltas a lo que Amara le había dicho el día anterior. No comprendía por qué todavía no la había delatado. Todavía no era demasiado tarde, podría salvarla si la ayudaban a tiempo. Y comprendía menos aún por qué no lo había hecho cuando Raphael le había llamado. Él no era el único que estaba preocupado por la chica. El Gran Médico también lo estaba y le había pedido que la vigilase. Lo que le faltaba. Pero aún así, lo único que hizo fue asegurarle de que lo haría. Le había mentido a un arcángel. ¿Hasta qué punto sería capaz de llegar por ella?

—¿Pero de verdad que no recuerdas nada? —insistía Yael a su amigo.
—Os estoy diciendo lo que pasó: me pilló una ola y me ahogué, y cuando creí que no iba a aguantar más, noté algo desgarrándome el hombro y Gabriel aparece en imágenes confusas…—les volvió a relatar mientras se llevaba inconsciente la mano a la herida del hombro.
—Pero te han dicho que se trata de un mordisco, ¿no? —le preguntó Nathan. Su amigo asintió con la cabeza.
—¡Ya está! ¡Vampiros! —exclamó Yael.
—¿Vampiros? ¿En el mar? —al elemental no le convencía demasiado esa teoría.
—¡Vampiros acuáticos! Se ocultan de los rayos del sol en las oscuras profundidades y de vez en cuando se acercan a la costa a por víctimas —explicó Yael mientras ponía voz misteriosa.
—Lo que os quiero decir es que siempre que estoy con Gabriel a solas me atacan —intentaba hacerles entender.
—Te recuerdo que podríamos estar suspensos sino fuese por él…
—Ya, pero es inevitable que me mosquee.

Se callaron en cuanto llegaron al campamento, donde Gabriel los esperaba sentado junto a fuego de una hoguera. Tenía la mirada perdida entre las llamas y no reaccionó hasta que le saludaron.
—¡Ancel! Me alegro de que ya estés bien. Sentaros, los demás estarán a punto de llegar.
Ellos accedieron aunque Ancel parecía bastante incómodo.
—Hemos perdido un día de clase —protestó Nathan.
—Lo sé. Los de La Inquisición lo han complicado todo llamando a los arcángeles, pero al fin y al cabo vuestra seguridad es más importante. Mañana lo recuperaremos trabajando el doble de duro —les dijo añadiendo una sonrisa al final.

Cuando todos estaban reunidos frente al fuego, su profesor les enseñó un ánfora de plata con diferentes piedras preciosas incrustadas en torno a ella.
—Os he traído la ambrosía(2) —se formó un pequeño revuelo de entusiasmo—. No se os deja tomarla hasta el banquete de graduación, pero yo considero que ya podéis.

La bebida de los inmortales. Quien la bebiese su sangre se volvería incolora y mortífera para los mortales que se pusieran en contacto con ella. Muchas armas de los ángeles estaban cubiertas por esta sangre, denominada icor.(3) Era útil contra los cainitas. Nathan saboreó lentamente el líquido ambarino. Era cierto que sabía siete veces más dulce que la miel y el aroma de las flores con las que estaba elaborado le embriagó.
—Una bebida así debería de tomarse en un cáliz de oro y marfil, pero sigue sabiendo igual de bien —les decía Gabriel tras pegar un largo trago. Nathan observó de reojo como Ancel se llevaba su odre a la boca. Se había mantenido escéptico de probarlo a pesar de que no podía disimular las ganas que tenía de hacerlo, hasta que vio a su profesor servirse de la misma ánfora que les había ofrecido a ellos.
—Beberé hasta que mi sangre se vuelva incolora y con ella teñiré la punta de mi lanza. ¡Los cainitas temblarán al verme! —le escuchó decir a Haziel. Para que eso pasara tenía que beber demasiado. Por unos tragos no se le iba a volver la sangre incolora.

Pasaron la velada bebiendo, charlando y bromeando. Gabriel les contó varias anécdotas, historias sobre batallas que había librado. Nathanael cada vez sentía más admiración por su maestro. Sabía ser una persona amable y agradable entre los suyos, pero infalible contra sus enemigos.
—¿Cómo se enamoró de Iraiel? —le preguntó un animado Yael.
Gabriel suspiró mientras alzaba la vista al cielo estrellado. De vez en cuando el volcán, todavía activo, arrojaba al espacio pequeños fragmentos de lava.
—Eso es una bonita historia —suspiró sonriéndose a sí mismo—. La conocí en la primera misión en que me pusieron al mando. Yo era el más joven de todo el equipo y estaba muy nervioso. Todos ellos habían participado en más misiones que yo. Ella era la segunda al mando y chocábamos constantemente. Yo era bastante impulsivo, además de que estaba acostumbrado a ir en solitario, sin tener que preocuparme de los demás. En cambio, ella es muy estratégica, siempre le gusta analizarlo todo y preparar trampas para el enemigo. En una de nuestras discusiones me cansé de ella y la dije que estuvieran quietos, que les iba a demostrar que no los necesitaba, y partí a enfrentarme al líder de los demonios, un conde infernal. Ella no me obedeció y ordenó preparar una emboscada para atrapar a todos los demonios. Conseguí derrotar al conde, pero cuando regresé me encontré con que los habían hecho rehenes a todos. La rescaté a punto de ser violada por el que había sustituido a su amo. Recuerdo perfectamente cómo la miraba ese desgraciado —masculló apretando fuertemente su puño—. Bueno, el caso es que cuando la rescaté me la encontré temblando, con los ojos cerrados sin atreverse a mirar. Ni siquiera se había dado cuenta de que había sido salvada. Y bueno, me salió solo... Quería consolarla y lo único que se me ocurrió fue besarla —en sus mejillas había aparecido un pequeño rubor al recordarlo todo.
—Así surgió todo —concluyó Nathan que se había imaginado a Amara en el papel de Iraia todo el tiempo. Era una historia que sólo parecía pasar en los cuentos.
—No, ¡qué va! Me abofeteó. Decía que con qué derecho hacía yo eso. Por lo que decidí que lo mejor sería ignorarla; hiciese lo que hiciese no la iba a gustar…Pero cuanto más pasaba de ella, más detrás de mí iba. Hasta que un día la pregunté qué era lo que quería de mí.
—¿Y qué quería? —preguntó Yael que ya se imaginaba la respuesta.
—Mujeres…—volvió a suspirar—Pues que la besase de nuevo como había hecho la otra vez. Me empujó contra la pared y me puso una espada de materia oscura que habría robado a algún demonio, sobre mi cuello amenazándome con que si no lo hacía como la otra vez me cortaría la cabeza.
—Se nota que sí que la dejaste satisfecha —rieron los jóvenes ángeles.
—Mucho más que satisfecha. Ella sólo me había pedido que la besara como aquella vez, pero yo soy muy generoso y la di mucho más —les contó con una sonrisa pícara. Todavía podía recordar lo que sintió en aquellos momentos, mientras se hundía en sus espesos bucles y el sudor bañaba sus cuerpos—. Lo que hagáis más adelante es cosa vuestra, pero de momento concentraros en aprobar y en cumplir las normas.
—¿Y lo de guiar a los muertos cómo funciona? —le siguió preguntando Yael.
—¡Qué cambio de tema! De amor hemos pasado a hablar de muerte. Yo sólo me encargo de conducir a las almas al Purgatorio, —les seguía contando— lo que después les pase no es cosa mía, para ello tienen a sus ángeles guardianes y al juez Raguel. Cuando siento que alguien me necesita, acudo. Pero no puedo encargarme de todos los que me necesitan a la vez así que tengo a Azrael y a sus moiras(4) que trabajan para mí.
—Los humanos dibujan a la muerte como un ser encapuchado y de negro —dijo Haziel.
—No siempre. En algunos sitios el blanco representa muerte. Los humanos sólo pueden ver el nivel físico por lo que para ellos somos invisibles al no ser que nos queramos mostrar, pero existe gente que sí que puede ver más allá. Son esas personas las que hablan de un ángel radiante vestido de blanco. Algunas veces incluso me confunden con una mujer.

El fuego se consumió y los ángeles se retiraron a descansar, mañana les había dicho que iba a ser un día muy duro. Gabriel se fue a su cueva terminándose lo que quedaba de la bebida divina.

***


Amara había esperado a que todas las luces se apagaran para que nadie la descubriese. Aún así sabía que había guardias por todas partes. Sólo eran humanos, si ella no quería ser vista no lo sería. Aún así tuvo cuidado, si los habían puesto como guardias por algo sería. Llevaba esperando ése momento impacientemente. Hoy tendría su primera clase con Caín y estaba deseando saber lo que le iba a enseñar. El imaginarse a ella haciendo cosas sorprendentes la excitaba. Además, iba a volver a verle y quien sabe lo que podría pasar. Sabía que no hacía bien en pensar en estas cosas, pero no podía evitarlo. Había leído en secreto varios libros de los humanos y se había emocionado al imaginarse a ella en esas situaciones. Sentía algo en su cuerpo que no podía explicar y no había manera de librarse de aquella sensación. Como si algo la oprimiese y hasta que no se liberara de esa opresión no se sentiría bien. Y con Caín podía liberarse de todas aquellas cosas que la oprimían. Había quedado con él en el mismo lugar de la otra vez, pero al llegar al barranco no encontró a nadie. En vez de quedarse esperando, se internó en el bosque guiada por una intuición que no conseguía explicarse. Cuando llegó a un pequeño claro donde los rayos de luna dibujaban fantasías, le encontró apoyado sobre el tronco de un árbol, con los brazos cruzados y su mirada acerada clavada en ella. A pesar de que para variar iba todo de negro, no le costó ningún esfuerzo encontrarle.
—Veo que no te has arrepentido —la saludó.
—Hicimos un trato. Y sobre la información que me pediste… —el diablo no dejaba de observarla — no hay mucho interesante que contar. Era hijo de Kazbeel y Eurifaesa(5), ambos asesinados por un demonio. También tenía una hermana que se llamaba Selene, pero también murió…
—Cuando quieres consigues hacer rituales extraños —le reprochó el Caído. Ésta no pudo evitar sonrojarse.
—No es mi culpa si no me dices qué quieres saber exactamente.
—Déjalo, lo mejor será que mantengas alejada de él.
"Otro como Raphael", pensó—. ¿Pero por qué tengo que alejarme de él?
—Es peligroso. —fue lo único que explicó—. Bueno, ¿comenzamos de una vez?
—¿Qué es lo que me vas a enseñar? —le preguntó el ángel mientras se sentaba sobre la fría hierba.
Caín se sentó junto a ella. Ahora que le veía bien estaba más pálido y sudoroso de lo normal.
—Mi maestra es experta en dos sendas: la del Dolor y la de la Corrupción. A mí me enseñó la segunda, pero aprendí por mi cuenta la de las Revelaciones Perversas.(6) Como esto se sale de lo normal, voy a enseñarte lo que crea más apropiado para ti de ambas, aprovechando tu apariencia inocente y tu habilidad de crear dimensiones.
—¿Revelaciones Perversas? ¿Con ella haces que las mujeres te confiesen sus fantasías? —rió la chica.
—La que está pervertida eres tú. En enoquiano se dice “Video Nefas”, es la de penetrar en la mente. Mezclando ambas puedo crear ilusiones que es lo que a ti te sirve. Ten en cuenta que esto no es nada fácil…
—Estoy preparada, no hay tiempo que perder.
—Como eres un ángel ya tienes el tercer ojo activado, por lo que nos ahorramos muchos pasos como el de aprender a ver el mundo espiritual. Tú te tienes que centrar en el quinto plano, que es el de la mente. A mí es el plano que me parece más hermoso, pero para un ángel intentar meterse en la mente de un hijo de las tinieblas puede ser mortal. Nunca le leas la mente a un Caído o a un Infectado, tienen un dolor y una oscuridad que te destruirían. Y los demonios son demasiado retorcidos, un ángel nunca se molestaría en intentar comprenderles, pero tú en ese sentido eres diferente —Amara le escuchaba atentamente, asintiendo con la cabeza después de analizar cada palabra—. La mente de cada ser es como un universo aparte. Sobretodo las nuestras, por lo que quiero que te familiarices con este plano. Primero con el tuyo, para que comprendas cómo está formada tu mente y si es posible, quiero que a nivel superficial accedas a la mía, para que veas la diferencia.
—¿Empiezo ya?
—Claro. Aprovéchate de tu condición de ángel para trasladarte allí. Supongo que estarás acostumbrada a meditar.

Amara obedeció y cerró los ojos. No parecía muy difícil. Ya se había inmaterializado varias veces que consistía precisamente en pasar del plano material al etérico. Ahora lo único que tenía que hacer era entrar en su mente. La verdad es que nunca se le había ocurrido hacer eso. Desde el cuerpo podía acceder perfectamente a sus pensamientos, no necesitaba meditar para entenderse a sí misma. Por otro lado comenzó a sentir inseguridad. Últimamente su cabeza estaba plagada de pensamientos confusos. ¿Y si se quedaba atrapada en ellos? Para eso estaban estas clases, para aprender a no hacerlo. Intentó olvidarse de sus temores y concentrarse en encontrar la puerta a su mente. No tardó en vislumbrar a lo lejos una luz muy brillante. Supo de inmediato que era allí a dónde tenía que dirigirse.

Llegó a un lugar descomunalmente grande. Tan inmenso, que no estaba segura de querer adentrarse por miedo a perderse. Pero tenía que hacerlo, o Caín se reiría de lo estúpida que era. Aquel lugar parecía estar compuesto por una red de tejido nervioso, una maraña de hilos que se alzaban varios metros sobre ella, Enseguida descubrió que esos hilos eran puentes de cristal que comunicaban una sección con otra. Según avanzaba unas pequeñas estelas tornasoladas la rodeaban y otras veces, sus propios recuerdos emergían ante ella, como si estuviese viendo una película. Al principio todo le pareció un laberinto, todo estaba confuso y cuando creía que había descubierto la salida, en realidad era una trampa. Al cabo de un tiempo vagando entre sus pensamientos entendió que era tan caótico todo porque así había sido su mente esos últimos días y que al fin y al cabo era su mente, así que sólo ella podría encontrarle una lógica a todo aquello. Y así empezó a entender aquel entramado abstracto y ya no le pareció tan confuso. De hecho, cuanto más se internaba, más ordenado y directo se volvía todo. Se le ocurrió la posibilidad de que en algún lugar tenía que estar la zona dedicada a recuerdos olvidados y que quizás allí encontrase las respuestas a su origen a las que tantas vueltas les había dado. No fue tan fácil como había pensado. La imagen de Nathan constantemente la confundía. Tan pronto hallaba la salida de una zona, se encontraba con la risueña sonrisa de su amigo y en cuanto se acercaba a él como una tonta, la señalaba acusadoramente para después desvanecerse. Después de eso el camino recto se transformaba en una bifurcación y Amara no sabía cual escoger.

Llegó un momento en que se sentía observada. Aquello parecía absurdo porque la que estaba observando a su mente era ella y no al revés, pero por alguna extraña razón percibía que esas redes cristalinas estaban vivas. Una de esas veces, resbaló y cayó al suelo. Intentó incorporarse, pero estaba demasiado resbaladizo y siempre volvía a caer. Sin darse por vencida, intentó volar, pero tampoco podía. Comenzaba a ponerse nerviosa. Tenía que seguir avanzando como fuese. Si no podía levantarse, se deslizaría. Gritó cuando sintió varios cuchillos cortar sus piernas. Éstas habían sido cubiertas de cristal, parecía que se habían congelado, quedando incrustada en el suelo, pero esos cristales por dentro cortaban, como si estuviesen compuestos de diminutos y afilados cristalitos, y su sangre comenzó a brotar.
—Eres una estúpida —le espetó una voz que se le hacía muy familiar. Ante ella se alzaba otra Amarael, más mayor, más mujer, toda vestida de negro—. No eres más que una inútil —la seguía despreciando.
No había duda de que estaba perdida, tan perdida que no sabía cómo salir de ésa. Recordó que Caín seguía a su lado en el plano material y que quizás él pudiese entrar en su mente y salvarla.
—No seas estúpida. ¿De verdad piensas que él va a seguir allí esperándote? Como si no tuviera nada mejor que hacer…
Si eso era así tenía que comprobarlo por ella misma. Abrió los ojos y volvió a sentir la humedad de la hierba y la brisa nocturna acariciándola. Poco a poco fue recuperándose, y en seguida todo parecía demasiado onírico para ser real, aunque le seguían doliendo las piernas. A su lado se encontró desmayado al diablo.
—¡Caín!
Intentó despertarle, pero sus signos vitales eran muy débiles.
—A…ma...r... —fue lo único que consiguió decir.
La chica se sobresaltó cuando descubrió la mano con que le sostenía manchada de sangre. Sin pensárselo dos veces, le abrió la camisa y se encontró con unos vendajes encharcados de sangre que envolvían una herida en el vientre. Como iba vestido de negro no se había dado cuenta de este detalle.
—Aguanta, voy a buscar a Raphael.
—¡No! —chilló él a la vez que se convulsionaba.
—Confía en mí. —fue lo último que le dijo antes de dejarle allí tendido. Era cierto que no podía decírselo al arcángel porque le mataría inmediatamente, pero sí podía conseguir su bastón. El caduceo de Hermes, con él podría curar cualquier herida. Tenía que encontrar la forma de quitárselo sin que se diese cuenta.

Se encontró con Gabriel que estaba contemplando su reflejo en un pequeño lago. Se le ocurrió una idea.
—Señor Gabriel…—le llamó tímidamente. Éste se volvió sorprendido de que alguien se dirigiese a él.
—¿Qué pasa, Amara? Éstas no son horas para que andes por aquí…
—Se trata de Raphael, quiere anular el Entrenamiento.
—¿Anularlo?
—Eso he oído que le comentaba a la Suma Inquisidora. Piensa que somos unos inútiles y merecemos suspender directamente.
—Ahora mismo voy a hablar con él —y se dirigió rápidamente y con paso decidido hasta el edificio donde se instalaban los de la Inquisición y los arcángeles. Le encontró sentado en uno de los sofás del vestíbulo hablando con la Suma Inquisidora. En cuanto ésta le vio llegar se apartó de su lado e inclinó la cabeza.
—¿Puedo ayudarte en algo? ¿Vienes a confesarme tus crímenes? —le preguntó con sorna el arcángel.
—No vengas de vacilón. Sabes perfectamente lo que pasa. Que tú no confíes en la nueva generación no significa que los demás no lo hagan.
—No sé de que estás hablando. Precisamente el único en el que no confío es en ti. ¿Qué haces aquí? Tu puta te estará esperando.
La discusión estalló. Amara pudo ver el bastón con las dos serpientes enroscadas apoyado en un extremo del sofá. Gateó para no ser descubierta. "Como una serpiente"
. Cada vez elevaban más el tono de voz y la tensión era evidente. Temió que comenzasen una pelea por su culpa, pero Caín estaba agonizante esperándola y no había tiempo que perder. En cuanto lo tuvo entre sus manos se marchó lo más rápido que pudo de ahí. Los dos ángeles estaban bastante ocupados con lo suyo, pero temía que la Suma Inquisidora la descubriera. A pesar de que no se había mostrado en el plano material, sospechaba que aquella mujer tenía habilidades sobrenaturales. Esa melena roja y blanca la seguía llamando la atención y sus ojos la intranquilizaban, siempre cubiertos por un velo blanco, como si estuviese en trance.

Llegó lo más rápido que pudo donde le había dejado, pero se sobresaltó cuando en vez de encontrar al joven de cabellos negros, lo que estaba tendido sobre la hierba era una criatura horrorosa. Tenía la piel completamente quemada, todo en él había sido consumido por el fuego. Se arrodilló junto a él y pasó delicadamente las yemas de sus dedos sobre sus ampollas y costras. Él, al sentirla, entreabrió los ojos. Seguían siendo tan fascinantes como siempre, a pesar del poco brillo que le quedaban. Ahora resaltaban aún más sobre su rostro marchito.
—Ya estoy aquí. Aguanta.
No era la primera vez que sostenía aquel bastón. Cuando era más pequeña, Raphael le había enseñado en alguna ocasión como usarlo. Sólo tenía que dejar fluir su energía a través de él. Se concentró y los ojos de las serpientes, constituidos por pequeñas esmeraldas, relucían más a medida que iban acumulando poder. Dirigió el caduceo hacia el diablo y posó el extremo sobre su herida. El unialado aulló de dolor y un turbio humo negro la hizo toser. Había ocurrido lo que se había temido: su poder sagrado le quemaba. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Ahora sí que no sabía qué podía hacer para salvarle. Unos metros más lejos, apoyado sobre el tronco en el que Caín la había recibido, Gabriel observaba la situación.

CONTINUARÁ



(1)Carta del tarot que no suele ser portadora de buenos augurios. (The fool en inglés)

(2) En la mitología griega, la ambrosía (en griego o36;μβροσία) es unas veces la comida y otras la bebida de los dioses. La palabra ha sido generalmente derivada del griego o36;- (a-, ‘no’) y μβροτος (mbrotos, ‘mortal’), por tanto comida o bebida de los inmortales.

(3) En la mitología griega, el icor (en griego o84;χa4;ρ ikhôr) era el mineral presente en la enrarecida e incolora sangre de los dioses, o la propia sangre. Esta sustancia mítica, de la que se decía a veces que también estaba presente en la ambrosía o el néctar que los dioses comían en sus banquetes, era lo que los hacía inmortales. Cuando un dios era herido y sangraba, el icor hacía su sangre venenosa para los mortales, matando inmediatamente a todos los que entraban en contacto con ella.

En esta historia, para que la sangre se vuelva incolora, hay que pasar muchos años bebiendo esta bebida, por lo que no todos los ángeles tienen la sangre incolora.

(4) Las Moiras, el equivalente griego de las Parcas romanas (Nona, Décima y Morta) y de las Nornas nórdicas (Urd, Verthandi y Skuld), eran tres: Cloto, Láquesis y Atropos. Personifican el Destino que rige con igual inflexibilidad tanto la existencia de los hombres como la de los dioses.
Se las suele representar bajo la forma de tres pálidas ancianas que hilan en silencio a la tenue luz de una lámpara de aceite.



(5)Tea, Tía o Teia (también escrito Thea, Thia o Theia), llamada también Eurifaesa. Rra, en la mitología griega, la Titánide protectora de la vista y por extensión la diosa que dotaba al oro, la plata y las gemas con su brillo y valor intrínseco. Tea se casó con su hermano Hiperión, dios del vigilante sol, con quien fue madre de Helios (de quien se dice en su himno homérico que era hijo de Eurifaesa), Selene y Eos, el sol, la luna y la aurora.

(6)Me he inspirado en las sendas taumatúrgicas del juego de rol Vampiro, pero no son exactamente iguales.

Robe dijo...

Hola lux, aunque no tenga nada que ver con la entrada me comunico por aquí contigo. Lo cierto es que llevaba varios días intentándome comunicarme contigo y hasta he recurrido al móvil, pero ni por ahí das señales de vida. Recibiste mis sms o tengo un número equivocado?
Besotes de oso panda! :P

kaho dijo...

Hoola!

Uff al fin pude adelantar los ultimos 3 caps =D

Me encanta como vas desarrollando la trama. Poco a poco le vas subiendo el compás a la narración (en relación a los anteriores caps).

Espero que te rinda con el siguiente xq m has dejado en ascuas xD

T cuidas ^^

Nay Tiyi dijo...

Prometo ponerme al tanto hoy en la tarde, porque en un rato me tengo que ir a comprar un libro por le centro.
COmo estás???
Espero que todo ande bien!
Un beso enormeee
Nay

Yun_Nay dijo...

WAAAAAAAAAAAA genial, por cosas de la vida me topé con esta historia y me tiene hiponotisada, porfa síguela escribiendo, está genial, me encanta, (vaya, hacía mucho que no dormía por leer algo XD)(me gusta la nueva imagen del blogger ^^ mata ne)

KarAne dijo...

Omg, que buena está la historia.
Grabriel los ha visto?
Felicidades, el blog ha quedado muy bien, y la historia no se diga.
Este cap me gustó, espero el próximo con ansias.
Saludos, nos leemos :)

KarAne dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Luxuria dijo...

Muchas gracias por todos lso ocmentarios!! He tenido problemas estos días con el ordenador y hasta ahora no he podido conctarme, pero este tiempo he escrito bastante enmi cuaderno y se me han ocurrido bastantes ideas así que espero pronto tener más

KarAne, sí que les vio ;)

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