Cargando...

¿Qué es Dolce Inferno?

+/-

Dolce Inferno es una novela de fantasía paranormal que estoy escribiendo y voy publicando los borradores en este blog para que los leáis. Va a ser una saga y lo que podéis encontrar de momento es la primera parte: Polvo de Estrellas.
La autora soy yo, Luxuria o Lux o Viento según qué lugar de internet. Si lo veis que la publica en algún sitio alguien diferente, avisadme porque seguramente me estarían plagiando.
Sinopsis: Tras la última batalla contra los demonios, los ángeles quedaron muy debilitados por lo que tienen que sufrir un duro entrenamiento para poder pertenecer al Coro Celestial. En esta era el nuevo encargado de adiestrar a los jóvenes principiantes es Gabriel, un ángel al que todos quieren nombrarle arcángel pero él lo rechaza siempre.
Los ángeles, bellas y poderosas criaturas pero que están condenados a no poder amar a nadie mientras que los demonios se esfuerzan por tentarles.
Esta historia se desarrolla en un mundo basado en la Tierra pero una Tierra diferente a la que conocemos, en la que parte está dominada por los demonios y sus defensores y en otras, el poder de la Inquisición,una organización muy avanzada tecnológicamente, se ha logrado imponer. Un mundo donde todos intentan hacerse con el 5º elemento o akasha, el material más valioso y escaso que existe.
Todo se complica a partir de que Amarael, una joven candidata a ángel, conoce a un demonio con el que se ve a escondidas.

Advertencia de contenido

+/-
Esta historia contiene escenas no aptas para todos los públicos: Violencia, lenguaje malsonante, sexo, drogas, incesto, violaciones, orgías. ¡Sea responsable! Algunos temas metafísicos pueden chocar con sus creencias e ideologías. Es una historia de fantasía, si no tiene la mente lo suficientemente abierta no la lea y no moleste a los que les gusta. El mundo en que se desarrolla está basado en la Tierra para que sea menos lioso, pero no es la Tierra, verlo como un universo alternativo.

¿Qué estilo prefieres?

Libros autopublicados

dos nuevos capítulos(Pde 30+31)

Bueno, el otro día estuve actualizando el blog y puse al día la sección de los pdf que podéis leer pinchando en "Leer capítulos" en el menú de arriba o en este enlace: http://dolce-inferno.blogspot.com/2009/03/capitulos.html


También he puesto los dos nuevos capítulos, que en realidad es uno muy largo por lo que lo he dividido en dos, y por haber tardado en actualizar los subo a la vez, que no os merecéis que os deje a medias. Hubo un lío con las fechas de las entradas y como el feed del blog no va muy bien pasó que aparecieron las entradas del pdf como nueva actualización y quizás eso os chocó, pero ya está, en el link que os he puesto están todos los capis; mi intención era haber actualizado ese día explicando lo que estoy haciendo ahora, pero me ha sido imposible hasta este momento.

Aclaro por si acaso que los números de los capítulos en pdf no coinciden con los números de las entradas. Es decir, que lo que aquí he llamado "PdE 30 y 31" en el índice os saldrá como 22 y 23. En algunos viene entre paréntesis por si acaso a cual correspondería.

Estoy de buen humor a pesar de que estoy pachucha :( porque ayer traté de escribir más, pero con el dolor de cabeza me resultó imposible así que me puse a planificar el resto de la historia y debe ser que la fiebre me hace delirar porque lo encajé todo, ya tengo el guión de la historia completa y si todo sale así Dolce Inferno será unos cuatro libros. Cuatro tocho de libros(porque en Word llevo unas 300 páginas que un libro equivalen al doble) haciendo sufrir a mis angelitos...pobrecillos. Espero leer comentarios vuestros a lo largo de estos años porque la cosa va para largo xD

Y ahora os tengo que dejar, en "leer más" os pongo por si acaso estos nuevos capítulos.

Para leerlos en pantalla completa en la esquina superior derecha del documento, dadle a "Toggle full screen"


Un saludo muy grande a todos mis lectores



Polvo de Estrellas 22

Polvo de Estrellas 23

Leer más...

Polvo de estrellas cap. 29

Bueno, entre los premios que he recibido, comentarios y mensajes tendría que haber hecho una entrada para esto, pero a los que me dejaron comentarios creo que les respondí a todos en su blog y lo que supongo que queréis es el nuevo capítulo, que lo tengo desde hace un tiempo, pero quería ir un poco más adelantada porque eso me da seguridad para todo lo que va a pasar en los próximos capítulos que pertenecen a la recta final. Como tengo material ya para dos capítulos más esta vez no tardaré tanto en actualizar.

Os agradezco de corazón la paciencia y los comentarios que me dejáis. Aunque sea un simple "sigue así" me recarga de energías para seguir escribiendo. Más de un año ha pasado ya y jamás pensé que llegaría tan lejos. Cuando escriba la entrada del último capítulo se me empañarán los ojos xD.

También voy a volver a cambiar el diseño del blog. Estoy creando nuevas secciones y para que quedasen bien necesitaba unos scrips que eran incompatibles con otros que tengo y como tengo tantas cosas en la plantilla ya no sé ni que vale ni qué es código basura así que lo mejor es empezar de cero. Espero que esta vez se cargue más rápido el blog. El nuevo diseño me está quedando muy serio, pero no era plan de ponerle una plantilla de colores, mira que me gustan, pero como que no pega. (Por cierto, si alguien sabe cómo poner anclas o enlaces en el mismo texto me haría un gran favor que me lo explicara. He seguido las inscripciones del blog de Pizcos que es el único sitio que he encontrado y no hay manera :( y las necesito)

No me enrollo más. En "Leer más" podréis leer este nuevo capítulo que es muy importante. Con tanto nombre y explicación espero que haya quedado claro.


El efecto de la droga empezó a disiparse y yo a recobrar el conocimiento. Mis sentidos estaban anulados y mi mente aturdida, pero eso no me impidió detectar el peligro que me acechaba. El veneno tal y como había dicho Zadquiel anulaba cualquier signo vital tan efectivamente que era incapaz de defenderme. Probé a mover algún ápice de mi cuerpo, pero todo esfuerzo resultó en vano. Sentía el peso muerto de mi propia masa. Comencé a poder distinguir sonidos furtivos y sombras que ondulaban en la oscuridad, aunque en esas circunstancias ya no confiaba ni en mis propios sentidos. A medida que iba recuperando lucidez intentaba pensar en algo sensato. El repiquetear del agua procedente de una cascada me envolvió. El dulce sonido provenía desde todas direcciones, rodeándome. ¿Estaba bajo una cascada? No percibía la esencia de naturaleza alguna y aquello me desconcertó casi tanto como descubrir que estaba volando o mejor dicho, que arrastraban mi cuerpo en volandas. El dolor que sentí cuando mi espalda golpeó sin consideración alguna una áspera losa de piedra me terminó por despabilar. Una luz roja inundó mis adormecidas pupilas. Al fin comprendía donde estaba y sentiría arcadas si no fuese porque ni siquiera los músculos de mi garganta podían moverse. La habitación en la que me encontraba representaba un cuadrilátero perfecto cuyas negros muros se hallaban recubiertos por un fino velo de fluido carmesí que caía desde el techo a modo de fuente. La sangre se abría paso por un estrecho canal que se bifurcaba en otros tantos, y todos ellos volvían a juntarse en el centro del cuadrado, justo donde se erguía un altar de piedra con extraños símbolos grabados, precisamente donde me habían depositado a mí. El suelo también estaba cubierto por dos alfombras de terciopelo rojo que también se cortaban en forma de cruz. Aquello sólo podía tratarse de la Habitación Roja, en el podrido corazón del Gehena, y las sombras que había percibido eran vampiros, las mismas criaturas que yo había visto salir del vientre de Lilith.


Desde la posición en que estaba colocado sólo podía ver a Lamia y a su hermana gemela Empusa. Lamia seguía con su aura de magnificencia, con su cabellera rubia y ondulada absorbiendo la oscuridad del lugar, con sus brazos de alabastro cubiertos por anchas mangas que colgaban ampliamente y sus delgados labios teñidos del carmesí de sus víctimas desafiando al silencio. Sin embargo, había algo oscuro que perturbaba aquella imagen de perfección: un segundo cuerpo más pequeño, más endeble y más escuálido brotaba del hombro izquierdo de la vampiresa, como si una niña reposara sentada sobre él. La inquietud aparecía cuando descubrías que sus pequeñas piernecitas no colgaban y comprendías entonces el horror de aquella criatura: no estaba sentada, sino que efectivamente surgía del propio hombro de Lamia. Ella y Empusa eran gemelas, habían compartido el mismo útero y habían sido recibidas en este mundo por los mismos rayos lunares. La primera era fuerte y vigorosa, la segunda, débil y enfermiza. Lamia siempre se había tenido que alimentar por las dos hasta que finalmente decidió absorber a su hermana incapaz de subsistirse por sí misma. A los demás no les alcanzaba a ver, pero podía sentir igualmente la intensidad que desprendía Moroi concentrándose en mi nuca, las rizadas pestañas de Alouqua cortando el aire o la risa de chico malo inconfundible de Grendel.

Trece habían sido los hijos malditos de Lilith y el fratricida Caín, aquellos que conformaban la Primera Generación de vampiros, de los que cinco de ellos gobiernan en el Gehena de Infernalia. Cada uno había constituido su propio clan liderándolo y repartiéndose el primer nivel infernal, salvo Alouqua que había permanecido fiel a Nosferatus siguiéndole y formando parte del clan principal Malacoda. Lamia y Empusa lideraban un clan exclusivo de vampiros femeninos: Calcabrina. Los vampiros más inquietantes y estrafalarios pertenecían al clan Farfarello y seguían a su líder Grendel y los más libidinosos pertenecían al clan Libicocco, al mando de Moroi. Aquellas eran las únicas noticias que había tenido de ellos desde que habían abandonado Enoc.

El Devorador de almas no se hizo demorar más y apareció tras atravesar una cortina de espeso humo. Zadquiel le acompañaba. El arcángel de celestes cabellos seguía portando aquella túnica transparente que dejaba translucir sus partes íntimas. Nosferatus también seguía luciendo el mismo porte regio de siempre, con su cara de hueso inalterable, su indiferente mirada bicolor y su capa de seda perfectamente colocada sobre sus anchos hombros bien entrajetados. Zadquiel me dedicó una mirada de soslayo, todo un detalle por su parte, que retiró de inmediato en cuanto se percató de que mis pupilas se clavaban en ella. Había recobrado la consciencia, pero seguía sin poder mover ni un músculo. Aún así Nosferatus no parecía satisfecho y ordenó que me ataran. Sentí las frías garras de Moroi y Grendel aferrando mis muñecas. Hubiese preferido que se encargase de ello Alouqua, así al menos mis mejillas podrían haber rozado su pelo besado por el fuego. Cada vez que me sumergía en sus exóticos ojos no podía evitar el espejismo que me hacía creer que estaba contemplando a Lilith; los había heredado sin duda de su madre, salvo que ahora estaban enrojecidos por la sed. Las ondas cobrizas que caían por sus omóplatos acrecentaban este sentimiento.

Cuando ya me encontraba fuertemente encadenado a lo que pronto sería mi lecho de muerte Nosferatus extrajo de algún lugar un diamante con los símbolos de la vida y la muerte grabados en sus cristalinas caras y nos lo mostró a todos los presentes. Refulgía con un halo luminoso que deslumbró a varios. Yo trataba de comprender la situación: querían hacer alguna clase de ritual conmigo y el diamante empapado de luz. Mi cansada mente divagó entre el recuerdo de varias páginas gastadas y resecas, recreando de nuevo los ríos de tinta que en alguna ocasión había tenido la oportunidad de sumergirme. Todo el mundo conocía el mayor punto débil de un vampiro: la luz del sol. En Infernalia no había sol alguno salvo una pequeña estrella muerta que amenazaba con convertirse en un agujero negro, por ello habían escogido el Gehena como su morada: allí estaban a salvo del fuego divino. Existían rumores sobre hechizos mediante los cuales un vampiro podía permanecer a la luz por un corto periodo de tiempo, pero nada definitivo.

Volví a centrarme en Nosferatus. Él lo notó pero me ignoró. El motivo por el que me odiaba tanto resultaba ser que me hacía culpable de su maldición. Aborrecía aquello que muchos ansiaban: la inmortalidad. Para ellos su oscuro don se trataba de una condena que tenían que cumplir ellos por los pecados de sus padres. Estaban obligados a abrazar la oscuridad y a servirla como sus criaturas infernales. Para mí aquello era una excusa. Podía comprender que sufrieran su eternidad, al fin y al cabo y en contra de los que muchos creían se trataba de un castigo divino, no de una bendición, pero a él no le lograba entender. Que yo recordara a él le había gustado la oscuridad desde siempre y nunca había anhelado la claridad del día y de sus amaneceres. Por ello no podía perdonarle lo que hizo. De alguna forma les había convencido a sus cinco hermanos para que conspiraran a mis espaldas y en cuanto dejé sola a Lilith, acecharon acabando incluso con sus otros hermanos que sí que apreciaban a su madre. Yo había regresado demasiado tarde, no pude hacer nada… ¡Oh Lilith! Huiste de Metatrón y Adán amparándote en los brazos de Lucifer incluso consiguiendo que diese su vida por ti para que el imbécil hijo de Eva te permitiese acabar así. Hacía mucho que había dejado de verles como a mis propios hijos, ellos mismos lo habían querido así, pero la vívida imagen del ensangrentado pecho de mi ex-mujer y su inerte melena desparramada sobre nuestra cama aún me torturaba. Si de verdad todo esto formaba parte de un guión y nosotros éramos los actores me gustaría saber qué se había tomado el guionista para escribir algo así.

Nosferatus compartió al fin sus planes. Mientras hablaba, Empusa me observaba oculta tras una mata de fino y largo cabello blanquecino, tan débil que daba la sensación de que si tus dedos se enredaban en él e intentabas liberarlos, el mechón se desprendería. Lamia sostenía una copa de cristal que llenó con la sangre de la cascada y se la ofreció a su hermana. Los tiros iban por donde yo había creído: pensaban utilizarme para realizar un hechizo que les haría inmunes a los rayos solares. Hundirían aquel diamante especial en mis entrañas carbonizándome por dentro y después beberían mi sangre mezclada con mis cenizas.

—¿Estás seguro de que esto saldrá bien, hermano? Él está tan maldito como nosotros e incluso sobrevivió tras ser atravesado por los tentáculos del Cocytus.

El que había hablado era Moroi, el líder del clan Libicocco. Se trataba de un vampiro tremendamente atractivo que protagonizaba las fantasías eróticas de muchas mujeres rumanas, lugar por donde solía ir de caza. Sus oscuros y suaves rizos se agitaban más vivos de lo que él estaba realmente. Era de constitución muy similar a la de su hermano mayor, salvo que los movimientos de Nosferatus resultaban secos e imponentes mientras que él se movía de forma hipnotizadora.

—¿Acaso no confías en él? —le acusó Alouqua. Moroi no dijo nada hasta que Nosferatus le respondió a su pregunta.
—Precisamente por eso. Ahora estará débil mientras intenta recuperarse —Me reí por dentro. Areúsa había resultado tremendamente útil—. Además, el poder de Metatrón no es infinito, la oscuridad es más poderosa que la luz.

De pronto me percaté de que mi cuerpo volvía a obedecerme. Me agité como pude, mas las cadenas se clavaban en mi piel como aguijones. Grendel rió estrepitosamente.

—Te retuerces como un ratón entre las garras de su depredador. Deberías saber que a estas alturas sólo te hace parecer más patético.

Grendel era el más pequeño y el de menor estatura. Resultaba ser el que más se parecía físicamente al yo que había sido una vez. Sus ojos grisáceos y traviesos chispearon con malicia. Le encantaba jugar con sus presas antes de ponerles fin.

—Mamá también se retorció así —añadió con toda la naturalidad del mundo.

Aquello me dolió y todos lo supieron. Lilith había sido tremendamente orgullosa. Ella e Ireth siempre peleaban hasta que conseguían lo que querían. Pude imaginarlas perfectamente forcejeando bajo la fuerza sobrehumana de Nosferatus. Mi odio e ira por el vampiro aumentó. Aquello no era bueno para mí, perder el control en estos casos nunca es bueno.

—¿Sabes, Caín? —la que hablaba ahora era Alouqua que se había acercado a mí y recorría mis facciones con su dedo índice. Desafortunadamente mi mejilla no alcanzaba su cabello pelirrojo. El gran parecido que guardaba con su madre siempre me desconcertaba—. Ingerir la sangre de nuestra propia madre nos confirió poderes increíbles. ¿Qué clase de poderes obtendremos de la sangre de nuestro padre?

Lamia también se había aproximado a mí y Empusa extendió dos débiles brazos con los que rodeó sin fuerzas mi cuello. Su hermana la ayudó apretando sus temblorosas manos.

—Vosotros solo sois criaturas poseídas por la sed. Os alimentasteis de lo primeroque encontrasteis.
—Hablas de la sed como si supieras lo que es. Quizás deberíamos dejarte aquí atado para que puedas sentir las ampollas de tu reseca garganta ardiendo mientras que la más mínima fragancia azota todo tu ser –Moroi estaba más serio que de costumbre—. Y cuando te hayas ahogado en tu propia saliva entonces quizás comprenderías algo de nuestra maldición.

—Me parece buena idea —aceptó Grendel con el entusiasmo del que regalan un nuevo juguete con el que experimentar.
—Puedo comprender el odio que sentís hacia mí, pero no compartirlo. Contra vosotros no tengo nada, sino contra Nosferatus. Sé que fue él el que os incitó y el que atacó a Ireth dos veces.
—¿Sigues con eso? —se burló de mí Nosferatus—. Los poderes de ella se me están agotando, no me vendría mal hacerle otra visita.
—Por muy afilados que estén tus colmillos no creo que puedas perforar el oro.
Aquella revelación pareció sorprenderle.
—Así que es cierto. Samael me lo había contado, pero no pude creerle capaz de verdad.
—¿Ireth? —pronunció la susurrante e inquietante voz de Empusa.
—La mitad ángel, mitad diablo que tiene como criada. Todavía no entiendo el apego que sientes por ella. Supongo que se debe a tu gusto por la mediocridad…
—Supongamos que seguís adelante con todo esto y os sale bien. ¿Qué ganáis saliendo a la luz?
—Imagínate la cara de nuestras presas cuando descubran que ni la luz de su dios puede protegerles —respondió Lamia animadamente. Por el gesto que hizo parecía que de verdad se lo estaba imaginando.
—Hay algo más que ganaríamos—confesó Nosferatus.
El tono con que lo dijo no me gustó.
—Podríamos por fin beber la sangre de un ángel —Los ojos de Zadquiel se abrieron de par en par—. Sí, querida. Por fin podré devorarte.

Jódete. La verdad es que te lo mereces. Si yo poseyera esos desproporcionados caninos también te mordería con fuerza.

—¿Sabes lo que es sentir el deseo de tomar una mujer y no poder hacerlo? —habló de nuevo el Devorador de almas dirigiéndose a mí.

Claro que lo sabía. Amara e Ireth me hacían sentir eso constantemente. Amara. Su resplandeciente recuerdo volvió a mí como una dulce y pegajosa melodía que no logras sacarte de la cabeza por más que lo intentas. La visualicé en un prado verde, admirando las flores y otros coloridos elementos de La Creación que tanto le gustaban. Nosferatus se acercaría a ella y la muy ingenua con sus absurdas ideas de que los demonios no son malos sino incomprendidos se dirigiría a su cazador con su cálida sonrisa dispuesta a preguntarle por su flor preferida… No podía permitir aquello. Mientras discutían entre ellos sobre cómo introducir en mi interior el dichoso diamante yo llevé a cabo mi jugada desesperada. La sangre recorría mi mentón escurriéndose entre las comisuras de mi boca. Las cadenas que me apresaban cayeron cual serpientes flácidas y pude al fin desprenderme de ellas.

—¡Se ha arrancado la lengua! —exclamó Nosferatus.

Me sorprendía que alguien como él no hubiese reparado en esta posibilidad. Si se recitaban mentalmente las palabras adecuadas y se arrancaba su propia lengua, un taumaturgo podía liberarse de cualquier atadura y ésta jamás volvería a cerrarse. Quizás me había subestimado al no creerme capaz de hacer algo así. La gente normalmente tiende a subestimarme. La lengua se me regeneraría en unos días, no resultaba un acto tan temerario a fin de cuentas.

Ahora que estaba libre tenía que buscar la forma de salir de allí. Tras las cataratas de sangre no parecía haber puerta alguna por lo que decidí hacerla yo mismo. Sin mucho esfuerzo abrí un boquete en una de las sólidas paredes. Lo malo fue que antes de que me diese tiempo a escabullirme los vampiros se arrojaron contra mí. Si alguno de ellos me daba miedo era Lamia que ya había estado a punto de devorarme una vez y no con las fauces de su boca precisamente. El mito de la vagina dentada era cierto y yo podía dar fe de ello. Un resplandor violeta nos cegó a todos inesperadamente. Pude notar como unos dedos alargados se agarraban a mi brazo tirando de mí. Instantes después Zadquiel me conducía por uno de los oscuros pasillos del Gehena.

"¿A qué juegas?", le espeté enroscando mi cola en torno a su cuello del mismo modo que Empusa había rodeado con sus manos el mío.
Al no tener lengua no podía hablar pero sí comunicarme telepáticamente mientras tuviese contacto visual.

—¡Pensé que no tendrías problemas para escapar de ellos!
"Prueba a entregarte paralizada y drogada a un grupo de vampiros frustrados y sedientos"
—Aparta tu maldita cola de su garganta.

Nosferatus nos esperaba al final del pasaje. Ni que soltase babas.
—Ya le has oído. Mi garganta sólo le pertenece a él.

El royo que se traían esos dos ya me estaba empezando a cansar.

"Cuando te conviene hay que ver lo mucho que quieres a tu marido, pero cuando necesitas esconderte de él bien que acudes a mí"
Y me dirigí a Nosferatus sin soltarla:
"Yo no tengo por qué obedecerte, de hecho fuiste tú quien se arrodilló ante mí frente a miles de demonios"
—Por aquí no veo a ninguno de esos testigos —respondió con una chulería que temía que había heredado de mí.

La luz de los candelabros dibujaba sombríos contornos sobre nuestros lánguidos rostros. El ambiente estaba tenso y que acabaría estallando lo sabíamos los tres. La forma en que Nosferatus apretaba sus colmillos, nuestros nervios a flor de piel…Él era mucho más veloz que yo, aunque yo tenía más poder.

—Ya basta. —intervino Zadquiel—Le necesito vivo, Nosferatus. Es el único contacto que tengo con mi hija.
—No sabía que tuvieras una hija, Zad.

Cuando la llamaba por su diminutivo era que algo no iba bien y a juzgar por la expresión de su esposa se confirmó que se había ido de la lengua.
—Ni yo estaba muy segura hasta que el propio Caín me lo contó —trató de defenderse.

En aquellos momentos nuestros pies se hundieron en el suelo pedregoso. La atmósfera se solidificó y ninguno de nosotros podía moverse. Aquello sólo podía hacerlo Samael. Así que al final ella le había avisado por si las cosas se ponían feas. Se había abierto un pasadizo secreto en la pared y Samael nos indicaba que nos introdujéramos dentro.

—¿Desde cuándo me meto en tus asuntos, Samael?
—Caín es mi hijo. Pensé que ya había quedado claro que todavía me es útil. Además, tú no eres el más indicado para hablar cuando le cuentas información de más a Zadquiel.
—Es mi esposa y a ella le cuento todo, cosa que ella no hace conmigo por lo que veo.
La susodicha se ruborizó.
—Zadquiel, hace tiempo que quería preguntarte algo y ahora que estamos aquí voy a aprovechar —inquirió Samael—. ¿Es cierto que Amarael comió del Árbol del Conocimiento?

Zadquiel me miró acusadoramente.

"¡Yo no le he contado nada sobre ella!"
—No es divertido participar en conversaciones en las que todos entienden de lo que se está hablando menos yo, y no tengo ganas de participar en conversaciones aburridas —protestó el vampiro.

Aunque seguramente era verdad que aquella charla no iba con él, lo cierto es que no se movió de allí y siguió hablando, supongo que porque sentía curiosidad por lo que tramaba la maquiavélica mente de Samael.


—¿Amarael no es aquella mocosa que derrotó a Astaroth?

Aquello le resultaba gracioso. A mí también.

—Todos los que estamos aquí conocemos lo que en realidad son los objetos sagrados, ¿no? —continuó Samael.

Afirmamos.

—¿Te refieres a aquellos objetos que contienen un trozo de la historia de Lucifer? ¿Qué tienen de importante las palabras de una sombra?
—Lucifer es mucho más que una sombra.

¿Así que Samael conocía finalmente lo de Gabriel?
—¿Y aún así qué importa?
—Creo que todos nosotros tenemos algo en común: odiamos a Metatrón. A todos nos ha amargado la existencia.
"Los objetos sagrados contienen un fragmento de la historia que Lucifer dejó en el Árbol del Conocimiento y que el propio Metatrón escondió en la Tierra"

Eso ya lo había hablado con Zadquiel. Si Metatrón los había escondido no debía de querer que nadie supiese la verdad.

—¿La Corona de Espinas posee un fragmento de dicha historia? —le preguntó el ángel traidor a Zadquiel.
—No, a Metatrón no le dio tiempo —respondió ella.
—Por eso utilizaste a Amara. Al hacerla comer del Árbol pudo ver el fragmento que le quedaba por ocultar —completó él.
—Sigo sin verle mucha emoción al asunto —soltó Nosferatus sin emoción alguna.
—Espera. Si supiese que no te iba a interesar no me molestaría en contártelo —Su silencio significaba que continuase—. La historia está dividida en diez fragmentos, siete de los cuales —en realidad seis— se hallan ocultos en templos sagrados en la Tierra. Cada arcángel está a cargo de un templo y sólo su Complemento puede entrar en él para obtener el objeto.
—Los Complementos se reencarnan —comentó pensativa Zadquiel. En esa pose la verdad es que estaba muy hermosa.
—Hasta que los siete coinciden junto con los siete arcángeles.
—Entonces ya podemos ir pensando en otra forma de derrotar a ese mal nacido. Faltan unos cuantos arcángeles.

Nosferatus expresó lo evidente. Samael seguía sin querer rendirse.

—Aquí presentes hay ahora mismo dos de ellos —manifestó calmadamente mientras concentraba su segura mirada en mí.

Los demás hicieron lo mismo intentando encontrarle sentido a aquello. Yo sabía que con uno se refería a Zadquiel y el otro al espíritu de Uriel que se hallaba atrapado en mi acero.
—Los otros tres están en el Cielo—prosiguió Samael—y falta Mikael que nadie sabe qué ha sido de él.
Pude observar gracias a la transparente túnica cómo se le erizaba la piel a Zadquiel tras escuchar ese maldito nombre. Nosferatus lo notó y no le debió de hacer mucha gracia puesto que frunció casi imperceptiblemente el ceño.
—Sobre el arcángel del Rayo Blanco todo el mundo sabe quién es aunque quieran negarlo precisamente para que no sepamos que el momento ha llegado.
"Entonces las reencarnaciones de los siete Complementos tienen que estar en la Tierra juntos por primera vez"
—Sigo pensando que me quieres utilizar para tus propios intereses, Samael, y yo no soy como tu hijo.
Claro que no eres como yo, yo jamás le haría daño a Ireth. Los largos cabellos de Samael titilaron débilmente al mover la cabeza en señal de negación. Se creía elegante y superior haciendo eso.
—Cada vez que un Complemento obtiene un objeto sagrado abre una puerta, una sefirá. El conjunto de sefirás constituye el denominado Árbol de la Vida. Son diez en total y están interconectadas entre sí de forma que para llegar a lo más alto se tiene que pasar por todas las demás. Una vez llegado a la cabeza del árbol podremos conocer la verdad y por tanto la forma de derrotar a Metatrón.
—Samael, todo eso de los Complementos suena aburrido…
—En este mundo donde quiera que haya luz, también se proyecta una sombra, por eso los demonios existen. Y cuanto más brillante es esa luz más oscura es dicha sombra. Donde hay una sefirá de luz hay otra de oscuridad. Todo depende si el Complemento abre una puerta o la otra…
—¿Y si se abren las puertas a las sefirás oscuras qué ocurriría? —preguntó el vampiro con el interés ya recobrado.
—Las sefirás oscuras o qlifots constituyen el Árbol de la Muerte. Un terrible poder que haría temblar el mundo de la luz sería liberado.
Parecía que por fin le había convencido. Cuando se trataba de planes malvados para liarla muy grande el Devorador de almas no podía faltar.
—¿De verdad…de verdad se puede acabar con un ser como Metatrón? —titubeó Zadquiel.
—Escucha Zadquiel. Lucifer, Metatrón y yo estuvimos una vez muy unidos. Formábamos la Tríada. Metatrón es un ser de luz como todos los ángeles, uno extremadamente poderoso, pero no es omnipotente. El calificativo de “Dios” no es más que un título que recibe aquel que se sienta en el trono de Avarot.
"Y en estos momentos el que se sienta a sus anchas en el trono es Serafiel", concluí. Claudia bajo amenazas hacía bien su trabajo.

Aquella revelación perturbó a la mujer, seguía siendo un ángel a fin de cuentas. Algún día tendría que enseñarle las ruinas submarinas que yacen bajo el mar Negro, a ver qué pensaría de su dios.
—Pero aunque Metatrón esté muy debilitado sigue siendo omnipresente, puede ver todo lo que ocurre en la Tierra. Cuando se dé cuenta de nuestras intenciones no nos lo pondrá fácil.
—Supongo que no. A Serafiel le conviene que no derroquemos a su dios para que pueda seguir abusando de la situación, aunque dudo mucho que conozca si quiera la existencia de esta historia. Los templos para los ángeles son considerados sagrados, no peligrosos.

Si lo que acababa de decir Samael era cierto, qué idiotas eran los ángeles.
—Mujer, eso es lo que lo hará más divertido y satisfactorio, sino no tendría ningún mérito que Nosferatus el Insaciable se hiciese con el control de las diez Qlifots.
"Vale. Sabemos el paradero de siete objetos. ¿Y los otros tres?"
—No tenemos que preocuparnos mucho por ellos. Conseguí que la propia Eva comiera de Árbol del Conocimiento, por lo tanto ella es uno. —Pude percibir cómo sus ojos brillaron de forma extraña—. El otro si mis apreciaciones son correctas lo debes de tener tú, Caín.

Y prosiguió a explicarlo:

>>Lucifer le debió de confiar un fragmento a Lilith y teniendo en cuenta que tú ya conocías de su existencia y que estuviste casado con ella…
Sus apreciaciones eran correctas.

"Y falta el tercero"

—Tuvo que dárselo a Belial, era hijo suyo.

De nuevo ese idiota de Gabriel salía indirectamente en la conversación.

—Del hijo de Belial te vas a encargar tú, ¿verdad?

"Siempre y cuando Ireth…"
—Sí. Mantendré mi promesa mientras cumplas con tu deber.
—¿Belial tuvo un hijo? —inquirió Nosferatus—. A veces sabes demasiadas cosas, Samael.
—Entonces Caín, te encargarás del hijo de Belial y de Amarael.
—¡De ella no!—saltó Zadquiel—A ella podríamos dejarla para el final…

El arcángel parecía albergar esperanzas de que fuese Amara quien sustituyese a Metatrón y de salvar al mundo de la oscuridad. A mí también me parecía mejor dejarla de momento al margen. Yo seguía confiando en mi plan inicial de que nombraran diosa a Amara. Me parecía más sencillo que andar persiguiendo templos, reencarnaciones y arcángeles perdidos…No aguanté más e hice por fin la pregunta que me llevaba carcomiendo durante toda la conversación:

"Samael, hace un momento has dicho que Mikael anda en paradero desconocido
—Así es.
"Entonces, Amara…"
—Es simplemente un elohim, la hija de Zadquiel y Mikael.
Miré a la propia Zadquiel con el corazón desbocado.
—Te dije que no te había mentido —me dijo con la inocencia parpadeando en sus ojos.

Samael parecía tremendamente divertido. Si no fuese porque él pertenecía al club de los que habían olvidado como reír de verdad se estaría tronchando a carcajada limpia por haber jugado con mis sentimientos de aquella forma.
"Podía hacer el fuego azul…"
—Y el rayo de la vida y no por ello es la reencarnación de Raphael, y el de la transmutación y no es… ¡Vamos! ¿A que ahora que te sientes aliviado te das cuenta de que sí que sientes algo por ella?

CONTINUARÁ


Espero que os haya gustado. Ahora ya podéis haceros una idea de por donde seguirá la cosa a partir de la segunda parte, ya que Polvo de Estrellas es más bien una introducción.
Cualquier crítica es bienvenida.



Leer más...

Candidata a mejor blognovela y cap. 28

(La entrada no sale entera no entiendo por qué... para leerla toda dadle a "leer más")

Bueno gente, ando sin internet y entre eso, el verano y otros asuntos estoy desaparecida total, pero estoy bien. En septiembre espero que todo vuelva a la normalidad. Muchas gracias a todos los premios que me habéis concedido. Ahora no puedo mirarlos porque ya bastante que me he podido conectar ahora un rato, pero en cuanto todo vuelva a la normalidad me pondré al día de una vez por todas. Los mensajes en el chat box se acaban borrando así que si me ponéis allí un aviso quizás cuando vuelva no lo podré ver así que es mejor que me enviéis un email, desde el apartado "Contacta conmigo" podréis hacerlo, y a los que ya me hayáis enviado uno, siento no haber podido responder, no es que os haya ignorado, es que no he podido leerlos, pero ahí están y en cuanto pueda os responderé. Esto también va por los concursos de Letras y Escenas, que cuando yo gano me habéis felicitado y ahora resulta que en los otros concursos no os he podido dar la enhorabuena. :(

A todo esto Dolce Inferno ha sido seleccionada como candidata a mejor blognovela de Fantasía en Blognovelas.es
He entrado de rebote, pero he entrado así que muchas gracias, Ángel. El plazo para votar finaliza la medianoche del día 28 de agosto(hora española). He leído el mensaje un poco tarde, pero si pensáis que esta historia se merece ganar todavía tenéis tiempo para votar que es muy sencillo:

-Pinchad en esta imagen de abajo:



o id a este link: http://blognovelas.es/premios.htm

Y seleccionáis "Mejor novela de fantasía". allí os salen tres candidatos y uno de ellos es Dolce Inferno^^

Gracias a todos los que votéis!!

Y por supuesto, aquí os traigo el siguiente capítulo. Lo tenía escrito desde hace bastante pero no lo había podido subir. Como se me acaba el tiempo y poneros aquí el capítulo es una pelea con Blogger os dejo un link a otra página donde lo podéis leer. En cuanto disponga de internet lo coloco aquí como tiene que ser, pero para no teneros demasiado tiempo en ascuas. La página en cuestión es un poco latosa y a veces tarda mucho en cargarse. Recargar la página si os da problemas para que salga, ahora mismo a mí me está yendo bien y con ese fondo gris claro se lee bastante bien:

CAPÍTULO 28: http://www.fanfic.es/viewstory.php?sid=8890&chapter=27

Pues eso es todo por el momento. Espero que estéis pasando unas buenas vacaciones :)

Pd: ya hace más de un año que comencé a escribir esta historia y el blog también anda cerca de su aniversario, quien diría que un año después la cosa iría tan bien^^ muchas gracias a todos mis lectores, nunca me cansaré de dároslas


Leer más...

Polvo de estrellas cap. 27

Muchas gracias a todos por vuestro apoyo, sois geniales :) Hacéis que no me arrepienta de publicar esta historia por internet.

En cuanto al sistema de comentarios, el formulario me daba problemas, pues se cargaban automáticamente los comentarios en vez de la entrada, esto pasaba sobretodo con el índice de capítulos, por eso a ver que tal va este nuevo sistema. No creo que nadie tenga problemas porque no encuentra donde comentar(espero). En cuanto se pasa el ratón por la imagen del chico violinista se cargan automáticamente los comentarios. Lo malo que esto no pasa hasta que se haya cargado por completo el blog y en eso tarda un rato. Voy a estudiar la forma de aligerarlo, ya lo intenté con los fondos pero tampoco resuelve mucho, tengo que hacer limpieza del código fuente.
También puse un formulario por si queréis mandarme algún e-mail. Pero utilizadlo con cabeza, no como messenger.

Bueno, os dejo el capítulo. Soy mala, lo sé. Espero que al final no me acabéis odiando. He reorganizado Infernalia, por lo que quizás os da la sensación de que las cosas me van surgiendo según escribo. La verdad es que mis personajes se han rebelado. Es difícil de explicar, pero es como si ellos fuesen los que van escribiendo la historia en vez de yo. Espero que no se me vaya de las manos porque las cosas no están saliendo como tenía planeado. Siento no poder justificar el texto, pero sino el "Leer más" no queda bien.




En el capítulo anterior Astaroth junto con sus demonios les tienden una trampa a Amara y Nathan, llevándolos a un teatro abandonado. Afortunadamente Caín y Superbia intervienen arruinándole los planes al Archiduque. Los arcángeles también intervienen e incluso Serafiel comienza a sospechar de Amara. Nathan la hace prometer que nunca más volverá a ver a Caín. Serafiel estaba teniendo una conversación en el baño con Claudia, el cuervo de Caín.





Polvo de estrellas cap. 27: Luna azul

—¿Quieres que te cuente todos sus planes? Sabes que ya me la estoy jugando viniendo hasta aquí —el agua de la bañera se desbordó en cuanto Claudia se introdujo en ella.
—Por eso mismo, ya que estás aquí sería una pena desaprovechar la ocasión.
Los fríos ojos del serafín se clavaban en ella, rogándola que contase todo lo que supiese. Claudia esperó a que las tambaleantes aguas se detuviesen, sumergida en esos fríos iris, y finalmente accedió a hablar.
—Ese idiota está completamente enamorado de ella.
—¿En serio? Yo pensaba que a quien quería era a esa otra, ¿Ireth, se llamaba?
—Y así era, pero ese ángel le fascina.
—¿Por qué?
—Porque está prohibida. No hay que darle más vueltas, él es así de imbécil —mientras hablaba ella iba jugueteando con la espuma, dejándola escurrirse entre sus dedos.
—Tiene que haber algo más.
—Estamos hablando de Caín, el mismo loco que se presentó en el Infierno y liberó a todos los demonios, sus acciones no tienen lógica —se refería a cuando Caín huyó del Cielo, que se dirigió a la prisión de demonios que era por aquel entonces el Infierno, liberándolos a todos.
—Lo de asesinar a Uriel fue por venganza, pero sí, fue un acto demasiado temerario —Uriel era el encargado de vigilar el Infierno, y por tanto quien poseía sus llaves.
—Piensa que Amara es una perfecta candidata para reemplazar a Metatrón y tiene miedo de que eso pase porque entonces sí que la perdería por completo.
—¿En serio?
—Ya te lo he dicho, es un imbécil.
—Hablas de él con mucho rencor.
—¿Cómo no iba a hacerlo con todo lo que me ha hecho? —ahora tenía su rostro entre sus manos mientras le dedicaba ardientes miradas y se mordía el labio sensualmente. El sofocante vapor encrespaba sus cabellos—. No te puedes imaginar lo horrible que es esta maldición. Por favor, quítamela Serafiel. Si sigo así mi parte animal dominará a la racional. No quiero convertirme en su mascota —le rogaba aduladora mientras tiraba con sus piernas atrayendo el cuerpo de él hacia su entrepierna.
—Sabes que si pudiera te la quitaría, pero me temo que la única forma de conseguir esto es acabando con él y eso no está en los designios de Dios, pero... —el calor en la atmósfera era palpable y cada poro de su piel se sentía embriagado por la fragancia de las sales aromáticas— podría saltármelos por una vez en recompensa a tu valiosa información. Al fin y al cabo nadie lamentaría su pérdida. De momento necesito que sigas haciendo de espía.

***


Raphael acompañó a los dos aprendices hasta el lugar donde estaban el resto de sus compañeros dando clase. En cuanto les vieron llegar todos se levantaron emocionados al ver que sus compañeros estaban bien.
—¡Nathan, tío! —exclamó Yael.
—¡Os lo dije! Sabía que estaba vivo —sonreía ampliamente Evanth. Haziel también se había alegrado de que el único capaz de rivalizar con él no hubiese muerto tan fácilmente, aunque el interés de su novia por el elemental de fuego no le hacía ninguna gracia.
—Menos mal que estáis bien —les dijo Ancel a los dos cuando vio que Amara se había apartado de Nathan para dejarle que sus amigos le recibieran.
—Gracias. Sí que estabais preocupados.
Los profesores también se mostraron muy aliviados, sobretodo Gabriel. Parecía que le habían quitado un enorme peso de encima.
—¿Dónde os habíais metido? Ya pensábamos que os había pasado algo —les dijo. Miró a Raphael en busca de respuestas.
—¿Por qué nos dabais por muertos? —preguntó Nathan.
—Bueno…no sois los únicos que habéis desaparecido hoy. Cahetel y Nanael también están desaparecidos.
—Esta vez ha sido culpa de Astaroth aunque no sabemos qué pretendía, pero el propio Caín ya se encargó de él —les explicó Raphael.
—¿Astaroth? ¿Alguien tan importante?
—Sí, pero Amara lo hizo muy bien —proclamó Nathan.
—Yo no hice nada… —musitó la joven que todavía se sentía culpable por todo lo que había pasado—. Yo hice enfurecer a Astaroth una vez, esto ha sido para vengarse —confesó.
—Te he dicho que dejes de culparte de todo lo que pasa —le regañó Nathan.
—Tu amigo tiene razón —asintió Raphael—. Y ahora deberíais iros a descansar, tenéis que estar agotados, sobretodo tú, Nathanael. Toma —de un bolsillo de su túnica sacó un pequeño frasco de cristal con un líquido azulado—. Tómate hasta la última gota, te sentará bien.
—Puedes descansar en la habitación del hotel—le dijo Gabriel—. La clase ha terminado por hoy—anunció al resto—. No olvidéis practicar lo que os he enseñado, mañana seguiremos estudiando los diferentes diablos.
Los aprendices estaban ansiosos por llenarles de preguntas y escuchar su versión de los hechos así que Iraia tomó de la mano a su alumna y la guió a su habitación.
—Tienes que descansar, Amara. Yo me encargo de ti que para algo eres mi alumna.
—Descansa —le respondió Nathan a la última mirada que le dedicó la chica.
—Tú también —se despidió de él.
—¡Nosotros llevamos a Nathan! —le dijo Ancel a su profesor.
—Está bien, pero no os paséis. No es momento para acosarle a preguntas.
Ancel y Yael asintieron y ayudaron a su amigo a que se apoyara en ellos. Los alumnos comenzaron a disgregarse.
—Pues te has perdido la clase de hoy —le pusieron al día sus compañeros—. Hemos tenido que liberar una pequeña base de extracción petrolífera que unos Caídos habían ocupado.
Las voces se fueron apagando según se alejaban hasta que finalmente Gabriel y el arcángel se quedaron a solas.

—Estamos metidos en un lío —le dijo este segundo—pero a diferencia que tú yo lo hago por el bien de los ángeles.
—Ya me he dado cuenta de que Amara es importante. Ella también es un elohim, ¿verdad?
—Sí, pero ella no nació fruto del pecado. Mikael y Zadquiel me dijeron que creían haber encontrado la cura, pero primero tenían que ganarse el apoyo del Cielo entero, por eso hasta que no se casaran no querían anunciarlo. Lo que más deseaba yo como médico era encontrar la cura a la Infección por lo que acepté ayudarles, pero ahora Zadquiel está en Infernalia y nadie sabe qué pasó con Mikael.
—¿Sabes cómo curarla?
—Los elohim tienen un cromosoma especial que les hace inmunes, pero como son muy escasos no he podido investigarlo lo suficiente.
—Yo también soy un elohim, estabas en lo cierto. Siempre tuviste miedo de que Selene te suplantara como médico por sus habilidades. Esto te pasa por haberla tomado con ella.
—A mí no me hablas en ese tono.
—¿Te duele que te diga la verdad?
—Lo que te va a doler es esto —Raphael cargó su puño y le propinó un puñetazo en la perfecta tez del ángel. Unos mechones se soltaron de la recogida melena de Gabriel, ocultando su ensombrecido rostro. Escupió gotas de sangre que comenzaban a volverse incoloras por beber la ambrosía. Se respiraba la tensión de la cargada atmósfera. Raphael se quedó mirando el puño con que había golpeado. No era propio de él perder los papeles de esa forma, pero hacía tiempo que lo estaba deseando.
—Yo tengo más fuerza que tú, Raphael —respondió con un tono de voz apagada —¡No me obligues a matarte! —le devolvió el golpe haciéndole caer sobre el suelo. Raphael aún no se había incorporado cuando Gabriel volvió a la carga—. ¡Y ésta es por haber llamado puta una vez a Iraia! —sus duros nudillos impactaron fuertemente de nuevo contra el arcángel. A Gabriel le temblaban los hombros y jadeaba mientras intentaba contener su ira—. No quiero que el Cielo pierda a su mejor médico —se acercó al arcángel que seguía sin levantarse y le agarró por la parte superior de su túnica acercándolo peligrosamente hacia él. El humillado semblante de Raphael quedaba semioculto por su desordenada cabellera.
—Golpear un arcángel es un grave pecado. Con cada acto estás firmando cada vez más tu sentencia —unas gotas de sudor resbalaban sobre su sien cual pequeñas perlas de rocío.
—No me salgas con mariconadas. Ya me has estropeado mi relación con Iraia y hasta que no seas tú el que me arranque las alas sé que no vas a parar. Créeme que si mi muerte arreglase todos mis pecados dejaría que me pusieras fin ahora mismo, pero me temo que eso sólo liberaría un mal mayor. << Encontraré a Mikael, él ya pudo con Lucifer una vez >>
—No sé cómo puedes estar tan tranquilo después de haber asesinado a tu familia, y más sabiendo que llevan tu sangre.
<< Ése es el problema, que llevo la sangre de Lucifer >> La acusación del arcángel le había hecho detenerse en seco. Raphael le miraba desafiante a los ojos intentando captar algún pensamiento que se filtrase. Tras reflexionar sobre la situación finalmente le soltó.
—A ti no tengo por qué darte explicaciones de nada.
Raphael fue a invocar su bastón, pero en el último momento se contuvo. Se recompuso la ropa para volver a mostrar la perfección de siempre mientras le daba la espalda a un cabizbajo Gabriel.
—La rápida ascensión de Eurifaesa y Kazbeel siempre me llamó la atención. Averiguaré qué es lo que pasa contigo y así dejarán de desconfiar de mí. Ya te avisaron de que si seguías vivo se debía a que resultas útil; yo soy más imprescindible que tú así que no me ejecutarán.
El Gran Médico se inmaterializó dejando que la soledad se ocupase del torturado Gabriel. Éste se dejó caer contra el tronco de un árbol hundiendo la cabeza entre sus rodillas. La arrugada corteza arañaba su espalda y el aire que se había agitado removía su cabellera. Raphael siempre conseguía infundirle ganas de seguir luchando. Hace unos instantes estaba dispuesto a entregarse para no cobrarse más vidas, pero simplemente por el orgullo de no dejarle salirse con la suya estaba dispuesto a seguir adelante, aunque fuese de esa forma tan reprobable. No tenía la menor duda de que él había matado a los dos aprendices desaparecidos pues se había despertado bañado en sangre sin recordar nada de la noche anterior. Por un momento incluso había temido haber devorado a Amara y Nathan también al no encontrarles. ¿Cuántos ángeles más tendría que engullir para mantener el nivel de akasha estable?
<< Selene, espero que tú estés mejor que yo. Esta lucha me está agotando. No sé cuánto tiempo más cargando con la culpabilidad podré resistir >>

***


Los demonios son seres demasiados caóticos, tienden siempre a la entropía. Por ese motivo no había algún orden en particular, simplemente tenían que obedecer al más fuerte para no enfurecerlo. Lucifer fue quien hizo el primer intento de establecer una jerarquía y nombró algunos títulos militares como al poderoso Satanachia, que le nombró Gran General o a Rocafale, el Primer Ministro. También otorgó otros títulos nobiliarios a los ángeles traidores que le acompañaron, como duque o marqués. Tras la caída de Lucifer, Caín los liberó, pero se marchó a vivir a la Tierra con Lilith y un séquito de seguidores. Entonces algunos demonios se aliaron para encerrar a estos demonios con títulos especiales, y se hicieron llamar “príncipes”, repartiéndose los niveles nuevos que habían aparecido, formándose así Infernalia. Lo que antes correspondía con la prisión del Infierno quedó deshabitada, hasta que los vampiros lo ocuparon. Ése es el infierno más bajo: el Gehena.

Vapores sulfúricos se escapaban a presión de diferentes orificios en el suelo que debido a las bajas temperaturas se solidificaban rápidamente para fragmentarse en pequeños cristales de hielo, acumulándose poco a poco y dando lugar a dunas que pinchaban como agujas. Caín se encontraba de nuevo en el Séptimo Infierno, el Cocytus, donde se había llevado a cabo su ceremonia de coronación, tan sólo que ahora el caldeado ambiente había desaparecido, volviendo a ser el infierno congelante de siempre y los fríos vientos volvían a azotar la región. La gran laguna en la que se había tenido que sumergir, ahora era prácticamente una vasta extensión de hielo. Se detuvo un momento ante el que se suponía que había sido su cuerpo. Seguía atravesado por las gruesas raíces y toda su energía se había derramado en forma de lágrimas congeladas que constituían el lago. Aunque en realidad se trataba del cuerpo de Areúsa, nadie lo sabía. Todo el mundo pensaba que había sido lo suficientemente poderoso para renacer rápidamente en otro cuerpo. Adramelech, presidente del alto consejo de los demonios, le seguía. También era famoso por ser el intendente del guardarropa de Satanás y al igual que había servido fielmente a Lucifer ahora le tocaba servir a Caín. Se había encargado de vestirle él mismo con un grueso abrigo especial para no congelarse en aquel infierno helado. Siguieron avanzando por aquel desolador páramo hasta llegar a una sección denominada “Atenora.” Allí era el lugar donde permanecían encerrados los grandes militares del Infierno y que sólo eran liberados cuando se les necesitaba. Abadón El Destructor, el encargado de mantener encadenado el cuerpo de Satanás, salió a recibirles. Caín sabía que el demonio no iba a consentir la pérdida de tantas almas, por lo que ya había pensado en algo. Abadón era sin lugar a dudas el ser más tétrico con el que se había topado. Iba totalmente cubierto por una raída túnica negra y la cabeza la llevaba encapuchada. Aún así resaltaban de entre la oscuridad dos cuencas melancólicas de un azul muy intenso. Mirarlas durante demasiado tiempo producía un estado de depresión profunda que te ataba para siempre a la oscuridad más espesa del abismo. Debido al frío intenso, había perdido tres dedos en la mano derecha y otros dos en la zurda. En lugar de falanges, tenía pedazos de carne arrugada y atrofiada, cosidos por cadenas oxidadas que se aferraban con desesperación al mango del tridente que portaba para mantenerlos unidos.
—Según a quien quieras utilizar un precio tendrás que pagar —recitó lentamente y con voz ronca el alcaide.
—No los quiero utilizar sino hablar con ellos.
—Los visitantes también tienen que pagar.
Caín miró a Adramelech y éste le hizo un gesto afirmativo. Extrajo una esfera negra de cristal que parecía estar rellena de agua o de algún otro fluido más espeso, y se la tendió a su señor que a su vez se la tendió al alcaide. Con su raquítica extremidad aceptó el pago y se lo llevó hasta un pozo que se hallaba a la mitad del estrecho pasillo en el que se encontraban. Vertió el contenido en el pozo y una gran fuerza comenzó a emerger de su interior, haciendo mover una pesada campana que se encontraba encima. Tres funestas campanadas resonaron, tres minutos tendría.
—Entre las almas que me has dado estaba la de Zemunín. Has tenido suerte por esta vez, sino no tendrías para más de minuto y medio.
Caín se adentró en la Atenora mientras que Adramelech se quedó aguardando en la entrada. Cada preso se hallaba confinado en un foso de profundidad y condiciones variables. Fleuretty, el Teniente General, se hallaba hundido en un foso de barro que producía eternos escozores. Agallarept se hallaba sin embargo atrapado por terribles plantas carnívoras que le iban devorando lentamente. Pasó también por delante del Mariscal del campo Nebiros, un terrible demonio capaz de causar enfermedades, el cual se retorcía en un nido de serpientes, y también reconoció al jefe superior Sargantas aullando de dolor y siendo atravesado por espinas y todo tipo de objetos cortantes. Rocafale se pudría en un foso de residuos y estiércol. Finalmente llegó hasta Satanachia que se hallaba sumergido en lava. Era el único que no gritaba ni se lamentaba. Simplemente acumulaba odio.
—Este lugar no parece muy cómodo —se burló Caín de ellos. El General apenas se resignó a dedicarle una mirada que le decía claramente que se largara de allí.
—Tú no eres Belcebú.
—No, claramente no lo soy. ¿No me reconocéis? —preguntó decepcionado—. Me llaman Caín el padre de vampiros. Ya os liberé una vez.
—¿Y qué está haciendo un diablo aquí?
—Soy el nuevo Satanás.
—¿Contra quién quieres que luche?
—De momento sólo quiero que se me apoye cuando lo necesite. Estoy rehaciendo Infernalia a mi manera. Jurad que me serviréis eternamente y seréis libres.
En cuanto oyeron esas palabras muchos de ellos no necesitaron pensárselo dos veces. Rápidamente alzaron su voz en plegarias.
—REGIE SATANAS!
AVE SATANAS!
Caín le dedicó una profunda mirada al General esperando su respuesta. No tenía sentido alargar aquello mucho más.
—HAIL SATAN! —pronunció alto y claro.
—Bien—respondió el diablo con una sonrisa de satisfacción—. Esperad un momento.
Se dirigió a una gran roca puntiaguda que sobresalía del suelo y se alzaba retorcida hacia arriba. Se podía sentir una gran cantidad de energía oscura fluyendo a través de ella. Sacó su sable y le dijo unas palabras que sólo el arma pudo comprender. Los símbolos rojos volvieron a resplandecer en la hoja y sin más contemplaciones la hundió en la roca. La energía comenzó a desbordarse violentamente y Caín se tuvo que morder la lengua para no gritar. Un fuerte temblor sacudió el Infierno. Las torturas que azotaban a los prisioneros se detuvieron.
—¿Qué crees que estás haciendo?
Los amenazantes ojos de Abadón se clavaban en él con su característica y aterradora mirada.
—Esta prisión ahora carece de sentido. Yo te daré almas, Abadón, pero me encargaré de que este lugar lo mantengas vigilado eternamente.
Extrajo la espada haciendo un último esfuerzo y la brecha que había originado comenzó a succionar la atmósfera. El cuerpo de Abadón se deshacía en humo y ese humo era absorbido por la grieta. El demonio quedó atrapado en la gran roca y todo pareció volver a la tranquilidad.

***



Caín estaba ahora sumergido en diversos papeles sentado en la silla de su escritorio cuando apareció un enfadado Samael.
—¿Es cierto lo de Astaroth? —preguntó muy serio. Caín ni se molestó en volverse y siguió enfrascado en su tarea.
—Sí, lo es —contestó desinteresadamente.
—¿Y a quién piensas poner en su lugar?
—En eso estoy trabajando ahora. Tengo que rellenar estos papeles y pasárselos a Agares para que prepare los nuevos títulos nobiliarios.
—Caín, tú no conoces a los demonios de Infernalia.
—Yo los liberé a la mayoría. Sé quienes me guardan respeto y quien conspira a mis espaldas. A los más importantes ya los tengo ganados.
—Has liberado a los militares. ¿Sabes lo peligroso que es eso?
—Nosferatus tampoco me convence al mando de Gehena—prosiguió con lo suyo Caín—y Lamia casi me devora, quizás Zadquiel…
—¡Un ángel! ¡Un ángel a cargo de los vampiros!
—Pues como tú —dijo con un indiferente tono de voz.
—Pero yo sólo me encargo de la investigación científica. No es lo mismo.
—Avisé de que no quería que a ninguna de las dos les pasase nada y Nosferatus y Astaroth me desobedecieron. Mi alma le pertenece a Brella por lo que no tengo más remedio que soportarte, pero eso no conlleva a que tenga que soportar a esa tropa.
—Si tu alma le pertenece a Brella entonces Ireth también —La pluma de Caín vaciló—. Por lo que veo he dado en el clavo. Siempre me he preguntado cómo hiciste para resucitarla, pero creo que ya voy comprendiendo.
—Te equivocas, el alma de Ireth es suya y de nadie más. Ya es demasiado tarde para eso, el alma que la di ha perdido toda mi esencia. Ahora déjame solo, tengo que encontrar un buen tesorero. Y descuida, que ya encontraré la manera de hacer que la devuelvas a la normalidad.
—Por el camino que vas va ser que no —replicó fríamente. La pluma que Caín sostenía se volvió líquida y Samael desapareció. Un cuervo se posó sobre el alféizar de la ventana y golpeó el cristal con su negro pico. Unos instantes después Claudia ocupaba el lugar de Samael.
—Le he dicho lo que me dijiste.
—¿Se lo ha creído?
—Parece ser que sí, además le he dejado caer que Amara sería una buena candidata para el trono de Avarot.
—La verdad es que no me sorprende que confíe en ti. Ya me traicionaste una vez.
—¿Eso es todo lo que me vas a decir? ¿Ni siquiera un mísero “bien”?
—¿Qué quieres que te diga? No entiendo por qué sigues insistiendo, ¿cuántas veces quieres que te rechace? Sabes que te odio, si sigues viva es para hacerte sufrir más. Tendría que hacer que tu carne sintiera lo mismo que sentí yo, pero no quiero parecerme a ellos.
—Sabes que por amor se cometen muchas locuras.
—Claro, te inventaste que te había violado por amor, me entregaste a los arcángeles por amor. Eras mi único apoyo en el Cielo y me traicionaste, Claudia. No hay nada más que hablar, regresa a tu jaula.
A Claudia no le quedó más remedio que resignarse y a regañadientes volvió a ser la esclavizada ave negra que le acompañaba siempre. Se metió en su jaula cuyos barrotes eran de ónix, enroscando sus negruzcas patas en torno a ellos, retorciéndolos, y volvió a enfrascarse en el violento juego de todas las noches picoteando con su grueso pico las barras que recortaban su libertad. Caín observaba por el rabillo del ojo el haz de luna bañando su iridiscente plumaje.
<< Ya va siendo la hora >>, pensó. Se dirigió a la celda superior de su castillo, donde seguía reposando el dorado cuerpo de Ireth. Había llenado la estancia de flores blancas, azules y violetas, de forma que aquello parecía más un jardín que una prisión. También había mandado construir una trampilla de cristal en el techo, para que ella pudiese recibir el baño de luz de su adorada luna. Se arrodilló junto a ella como siempre hacía y acarició sus frías mejillas con sus nudillos.
—Esta noche hay luna azul. Sé que siempre salimos a contemplarla juntos y apoyas tu cabeza sobre mi regazo —la ronroneaba mientras se arrimaba a ella de forma que la cabeza de la joven quedase apoyada sobre su pecho—. Entonces yo siempre te abrazo así y te cubro la frente de besos mientras te canto al oído —Apoyó su mejilla sobre la de ella. El frío metal besaba su materia oscura y una pequeña lágrima resbaló entre sus pestañas—. ¿Podrás perdonarme alguna vez? —Entre sus manos se materializó una corona negra con amatistas engarzadas entre su orfebrería y la posó delicadamente sobre los áureos cabellos de la pobre semiángel—. La he quitado la maldición. Quería que fuese para ti, hacerte mi reina. ¿Te imaginas al mundo entero adorándonos?
Siempre que conseguía algo de tiempo se encerraba allí a pesar de las advertencias de los demás. A él no le parecía una pérdida de tiempo. No pretendía desistir en su empeño de salvarla. Ya que de momento no podía encontrar la forma de devolverla a la normalidad, se encargaría de que sus palabras la envolviesen en un cálido manto.
—Esta vez no podré contemplarla contigo, pero cada pensamiento mío, cada rayo de luz, irá dedicado para ti. Buenas noches, reina de mi alma —rezó acariciándola una última vez.

***



Esta noche había quedado con Amara en un lugar diferente, no quería alejarme demasiado de Enoc. Las frías aguas del Mar Negro arremetían con furia contra las afiladas rocas. El olor a sal me ayudaba a mantener mi mente despejada, aunque en realidad aquellas aguas no eran tan saladas como las de otros mares. Esto se debía a las numerosas corrientes fluviales que desembocaban allí. En realidad cuando fundé Enoc aquellas aguas ni si quieran eran un mar, sino un vasto lago de agua dulce. Los grandes diluvios habían causado el derramamiento de más de un umbral de rocas del Mediterráneo. Aún así nunca me había rendido, por más que en el Cielo se empeñasen en hacerme la vida imposible, siempre había logrado superar las adversidades y hacer prosperar mi ciudad. El oscuro color de las aguas se debía a que en el fondo no había oxígeno debido a la gran proliferación de algas y otros microorganismos. Al no haber oxígeno se mantenían en perfectas condiciones las ruinas de las diferentes etapas históricas por las que había pasado la ciudad. Los demonios acuáticos solían jugar entre las paredes que con tanto esfuerzo había logrado tallar. Contemplaba satisfecho las grandes e iluminadas torres que desde la lejanía desafiaban al Cielo con su altura. Al haber luna azul se estarían celebrando numerosos rituales y ceremonias. Todo aquello había sido el fruto de mi esfuerzo y dedicación. Me sentía orgulloso.

Detuve mis cavilaciones. Por fin Amara había llegado. La última vez que nos habíamos visto yo había perdido el conocimiento, envenenado. Estaba convencido de que se alegraría de verme. Me giré hacia ella dedicándola una blanca sonrisa.
—Me alegro que estés vivo –pronunció ella con un tímido gesto. Ni se había arrojado a mis brazos gritando mi nombre ni me acosaba a preguntas como solía ser característico en ella.
—Superbia logró sacarme de allí a tiempo. —Amara recordó la enorme pantera que había vislumbrado antes de que ella también perdiese el conocimiento—. Ven, vamos a acercarnos al agua —la dije tomándola del brazo y guiándola a la orilla. Nos pegamos a las rocas del acantilado aprovechando un pequeño saliente de tierra y dejamos que las olas nos salpicasen con sus espumosas crestas. Pronto la marea subiría alcanzando su máximo y nos cubriría por completo. Quería que ella viese las ruinas marinas iluminadas por las luces de Enoc. Su larga melena se mezclaba con la oscura brisa y yo me esforcé en aparentar que mis cabellos también se unían en aquel remolino.
—¿Lo que se ve al fondo es Enoc? —me preguntó ella.
—Sí. El castillo que destaca sobre las demás siluetas es donde vivo yo. Es impresionante, ¿verdad?
Las torretas del enorme castillo se enzarzaban alrededor de un invisible tronco, desafiantes, erectas, intentando penetrar en las lujuriosas nubes.
—Estoy acostumbrada a la Rosa Dorada.
—Pero éste es mejor. ¿Te has fijado en la luna?
La gran emperatriz de la noche se alzaba frente a nosotros imponente, onírica. Una esfera perfecta de luz que tejía finos hilos plateados sobre el mar. Parecía increíble que algo tan grande lograse mantenerse sobre el cielo, flotando. En cualquier momento podía estrellarse contra nosotros.
—Hoy está llena —fue lo único que apuntó. Se la veía bastante alicaída, pero yo sabía cómo animarla.
—Hoy hay luna azul. Cuando la luna sale llena por segunda vez en un mes se la llama así. Suele suceder cada dos años, aproximadamente.
—Entonces yo ya he vivido muchas lunas azules.
—Pero estoy convencido de que nunca has visto una luna azul de verdad —La muchacha se encogió de hombros. Sonreí—. Pues hoy va a ser posible porque los dos estamos juntos. Si juntamos nuestros poderes podemos lograrlo, ya verás qué fácil es —Junté sus delicadas manos y las acerqué más a sus labios—. Cárgalas con poder sagrado como haces otras veces. Bien, así. Ahora sopla, esparce la energía con tu aliento como si de polvo se tratase.
Ella obedeció y con el dulce aire de su boca esparció las partículas que resplandecieron brillantes sobre el contraste de la noche. Las refulgentes luciérnagas azules que surgieron volaron hacia la luna, fusionándose con ella. Entonces una ondulación en la atmósfera recorrió como una ola la superficie lunar y la blanca luz se volvió azulada. Los azulones rayos nos envolvían coloreando nuestra piel. Era de las cosas más hermosas y fascinantes que había visto nunca y ella también parecía maravillada. No pude evitar pensar en Ireth y en imaginármela a mi lado.
—Pide un deseo. Quizás se cumpla.
—¿Crees en esas cosas, Caín?
—Es tan hermosa, tan imponente que lo difícil es no creer en su magia.
Amara se concentró en pensar su deseo. Reconozco que no pude resistirme, aproveché a leerle la mente.
<< Que no se lo tome demasiado a mal >>
¿Qué no me lo tomase a mal? ¿Qué pretendía hacer ahora esta chica?
—Oye, Amara. ¿Se puede saber qué te pasa?
—Lo siento… —Tenía la cabeza agachada, esquivándome. La marea nos cubría ya por encima de las rodillas y los bajos del largo vestido que llevaba hoy flotaban al compás del oleaje.
La cogí de la barbilla obligándola a mirarme directamente a la cara. —¿Qué es lo que sientes, criatura?
—Caín… ¿No te das cuenta? Todo esto es una locura. No tiene sentido que sigamos.
—Claro que es una locura. Por eso es una buena idea. Los grandes genios estaban locos.
—Lo siento, pero no puedo seguir adelante con esto. Sé que hicimos un trato, por eso te pagaré hoy.
—Un momento. ¿Me estás diciendo que primero te acuestas conmigo y luego me abandonas? ¿Te crees que soy idiota?
—Lo decía por ti, porque era el pago que acordamos…
—Eso era una excusa para no quitarte el alma —la grité, enojado.
Ella abrió los ojos de par en par sorprendida de haber escuchado esas palabras. Un soplo de agua fría cayó sobre nosotros, empapándonos y deteniendo la hecatombe que había estado a punto de producirse. El cabello de ella se había vuelto tornasolado y su vestido se pegaba a su calado cuerpo. Tuve que dejar de mirarla para no pensar en esas cosas. Sin embargo, yo no aparentaba haberme mojado aunque en realidad la sal se filtraba entre mis cicatrices. Comencé a recordar las palabras de Aamon. “Te vas a quedar sólo”. No, no podía estar pasando ya. Me había dicho que la primera en abandonarme sería Ireth y ella seguía conmigo, aunque en ese estado… Escupí el retazo de agua salada que había tragado. Me sentía roto por dentro. Te necesitaba, Amara. No podías hacerme esto.
—Caín, te estoy muy agradecida por todo lo que me has enseñado. Haré que Metatrón te pida perdón.
—¿Perdón? ¿Y yo para qué quiero sus palabras? —Lo que quería era que me cubriese con sus blancas plumas y me susurrase al oído que esos cabrones se iban a acojonar. Vi por el rabillo del ojo como se retiraba el apelmazado pelo de su rostro.
—Bueno, pues haré que se arrodille ante ti si lo prefieres. Pero tú y yo no podemos seguir viéndonos.
—¿A no? ¿Y por qué?
—Porque no quiero meter a nadie más en problemas. Para ti todo es mucho más fácil porque todo te da igual, pero yo tengo seres que quiero proteger y que por mi culpa están metidos en problemas.
—¿Te crees que yo no tengo a nadie? ¡La mujer que amo está convertida en una estatua de oro!
—Lo siento por los dos. Yo ya te dije que si había algo que podía hacer que me lo dijeras.
—Sí, sí que hay algo que puedes hacer: dime que te arrepientes de todo lo que has dicho y que acatarás mis órdenes sin rechistar.
—Caín…
—“Eres lo mejor que me ha pasado” —repetí imitando su voz las palabras que una vez ella me había dicho.
—Y tú me convenciste de que lo mejor era Nathan.
—Nathan. Es él el problema, ¿no?
—Pues sí, le he prometido que no volvería a verte, pero es que tiene razón…
Dejé de escucharla. Mi enfado me lo impedía.
—Le mato. Tenía que haberle matado. Samael tenía razón, soy demasiado compasivo —la piel se me había crispado y mis apretados puños vibraban.
—¡No! Eso sí que no te lo permitiría.
—Los pactos con el diablo no se pueden romper. Hicimos un trato. Sabías lo que había así que no hay vuelta atrás.
—¿Y qué vas a hacer si no vuelvo?
—<< Destruir el mundo >>, pensé, aunque lo que dije fue bastante diferente: —Matar a ese angelucho. Y después te mataré a ti.
—Reconozco que merezco que me mates. Pero entonces matarías también a Nathan y eso no puedo permitirlo.
—¿Y qué vas a hacer para impedirlo? ¿Matarme a mí? Eso dijiste una vez, que me matarías.
—No puedes morir. Tienes la maldición.
—Ya te dije que se estaba debilitando. Además, la que me hizo la herida la otra vez fue Ireth. Ella también es un elohim y casi me mata. ¿Por qué no ibas a poderme matar tú?
—Porque si lo hago otro demonio peor te sustituirá.
—¡Oh, venga ya! Pues lo matas también a él. Si lo estás deseando, admítelo. —Rodeé su estrecha cintura con mi cola, que era la única parte de mi cuerpo que no estaba consumida por las llamas, y empujé su cuerpo contra el mío, aprisionándome sobre las resbaladizas rocas. Podía sentir sus fríos recovecos clavándose en mi espalda a la vez que sentía el calor de ella sobre mi pecho—. ¡Vamos! ¿A qué esperas?
—¿Por qué eres tan idiota?
—Si quieres romper el pacto tienes que matarme. Es la única forma.
—No voy a matarte.
—Claro que sí. Saca tu furia como hiciste con Astaroth.
Aproveché un breve instante en que ella miró mis ojos para introducirme en su mente y hacerla ver las terribles imágenes que su corazón tanto temía. El terror de la noche se llamaba esta habilidad. Pareció surtir efecto porque emitió un grito ahogado y podía sentirla temblando sobre mí. —Eso es lo que va a pasar si no me matas.
El vaho que exhalaba por su sugerente boca empañaba mi rostro y mi alma. Hacía mucho frío y el agua casi nos cubría por completo, sobretodo a ella que era de menos estatura. Exhalábamos jadeantes nuestro aliento entrelazado que al pasar por nuestra garganta nos abrasaba. Ella hizo que se materializase una espada de akasha en su mano y tras dedicarme una mirada de infinito dolor, la hundió limpiamente en mi pecho. Mi sangre brotó, tiñendo de rosado la blanca espuma como si de un fino vino de aguja se tratara y el akasha metálico congeló mi corazón.
—Ireth…
Las oscuras aguas de Leviatán reclamaban mi alma.

***


Amara sostuvo el inerte cuerpo del diablo, que se abalanzó sin fuerzas sobre ella. Todavía no estaba muy segura de lo que había hecho. El terror de la noche seguía ejerciendo efecto sobre ella. Susurró a la brisa marina palabras inteligibles mientras continuaba aferrada a su cuerpo. Sabía que tenía que soltarlo, dejar que se convirtiera en alimento de las criaturas marinas, pero no se atrevía. Miró a su alrededor en busca de su oscura alma, por si había alguna posibilidad de que resucitase en otro cuerpo, mas el romper de las indómitas olas era lo único que pudo percibir. La luna azul había perdido su color. Ahora era una luna más, sin Caín ya no brillaba igual de hermosa. No podía brillar igual porque El Mundo sin él no era lo mismo. Una pequeña luz comenzó a surgir ante ella. Amara oteó el horizonte y advirtió una figura que caminaba sobre la oscuridad de las aguas aproximándose hacia ella. La silueta iba vestida de blanco radiante, a juego con cuatro hermosas y plumíferas alas. Su larga cabellera dorada con mechones plateados se alzaba imponente sobre los vientos marinos que la mecían. Sus descalzos pies caminaban grácilmente sobre las oscuras aguas que se solidificaban bajo ellos. El ángel la sonrió tristemente y clavó sus violáceos iris en la desconcertada criatura.
—¿Vas a dejar que se vaya? —su melodiosa voz la trajo de vuelta a la realidad tranquilizando su agitado corazón.
—¿Qué puedo hacer si no?
—El Mundo sin él sería demasiado aburrido, ¿no crees? ¿Soportarías vivir en mundo así?
La muchacha volvió a fijarse en Caín con deseos de hundir sus dedos entre su negro cabello, pero la ilusión había desaparecido y ahora Caín volvía a ser una flor marchita.
—No, no lo soportaría —admitió con voz trémula— ¿Pero y qué puedo hacer por él, señor…?
—No me he presentado aún, perdóname. Soy el arcángel Samael.
El veneno de Dios. Se trataba de un Caído. Aquel que tanto odiaba Caín. Pero misteriosamente resplandecía con la luz más pura que jamás había visto.
—¿Qué quiere de mí?
—¿Qué puede querer un padre de su hija? —Aquellas palabras no podían ser ciertas. No podía estar hablando en sentido literal—. Que seas la criatura más feliz del Universo. Sálvalo, pequeña.
—Tú no puedes…
El rostro de Samael se afligió.
—No dispongo del tiempo que me gustaría. Tengo tantas cosas que contarte…pero a su debido tiempo.
—¡No vuelvas a abandonarme! —sollozó la chica al tiempo que sus acuosos ojos se deshacían en lágrimas. Examinó más detenidamente a pesar de que sus empañados ojos le distorsionaban la visión. Tenía un rostro andrógino perfectamente tallado en alabastro. Le costaba creer que Caín odiase tanto a aquel ser. Con su etérea mirada la inspiraba una confianza que nunca había poseído.
—Todavía no es el momento, pero no sufras, hija. No permitiré que te ocurra nada malo. Ahora apresúrate, antes de que sea demasiado tarde.
—Yo no puedo…
—Claro que puedes. Una vez utilizaste el rayo violeta de la transmutación. Utiliza ahora el rayo verde de la vida.
—Caín me dijo que eso no lo había producido yo.
—Hay muchas cosas que Caín no sabe. Si no lo intentas nunca sabrás de lo que eres capaz.
Amara desplegó sus alas y se llevó a Caín de allí con algo de dificultad pues las plumas se habían mojado y se hacía más dificultoso volar. Lo llevó hasta otra zona de la costa donde la marea no parecía haber engullido la orilla y le depositó cuidadosamente sobre la arena. Su cuerpo comenzó a emitir una luz verde que recorría todo su ser despertando en ella una vitalidad única. Sus alas resplandecían ahora de una manera que parecían estar esculpidas en jade. Se acercó al diablo y colocándose sobre él depositó un cálido beso sobre su frente a través del cual le traspasó toda esa energía cargada de esperanza. Ocurrió el milagro. Los negros pétalos que componían su piel se desprendieron. Su epidermis se estaba regenerando a una velocidad asombrosa y sedoso cabello dorado y ondulado brotaba de su cuero cabelludo mezclándose con la arena. Sus aceitunados párpados vacilaron y soltó un débil gemido como si estuviese teniendo una pesadilla. Amara le acarició el rostro, ahora suave y terso como el terciopelo, y finalmente sus ojos se entreabrieron. Samael sonrió satisfecho y desapareció, dejando a la pareja tranquila.

El fuego eterno que me consumía se estaba extinguiendo. Un torrente de energía se fusionaba con las llamaradas de oscuridad, ahogándolas. Me sentía vivo, algo susurraba mi nombre tirando de mí hacia la luz nuevamente. Pero yo le temía a la luz. Había pasado demasiado tiempo entre las tinieblas y éstas me habían drenado todas mis fuerzas. Necesitaba aferrarme a algo que me ayudase a emerger pues aún me sentía muy pesado.

Amara apoyó su frente sobre la de él de forma que sus entreabiertos labios dejaban escurrir un débil aliento que dibujaba tentaciones sobre el rostro de ella. La materia oscura de sus labios la atraían con un magnetismo que producía un excitante cosquilleo en su estómago. Tenía que probarlos de nuevo y sumergirse en ellos. Ya todo resultaba demasiado irreal. Los conceptos se fundían en aquella extraña realidad en la que debía de encontrarse. No quería pensar en aquello en esos momentos. No quería pararse a pensar si lo que hacía estaba bien o mal, simplemente ansiaba dejarse llevar. De esa forma todo resultaba mucho más fácil. Lo único que existía en ese momento era el delicioso cuerpo de Caín. Saboreó lentamente sus acaramelados labios disfrutando de cada movimiento que hacía. El diablo seguía semiinconsciente con su lengua el ritmo que ella le marcaba. Mientras el mar besaba sus cuerpos fue reaccionando poco a poco y disfrutando por primera vez de dejarse llevar. El ritmo de sus besos y caricias fue aumentando a medida que ellos iban perdiendo el control. El vestido se la había descolocado, pero a ella no pareció importarle. La chaqueta de cuero de él la molestaba por lo que se la arrebató. Quería hacer que ese perfecto torso se rindiera bajo su yugo. Danzó serpenteante sobre su cuerpo poseída por sus instintos más básicos hasta que sus manos toparon con algo duro. Las palabras de Samael la sacudieron y al darse cuenta que tenía sus manos dentro del pantalón las sacó avergonzada. Él la rogaba con la mirada y los labios semi-curvados que siguiera, pero fue incapaz. Contemplar el verdadero rostro de Caín resultaba como contemplarse a ella misma en el espejo.
—Caín… no puedo. Tú y yo…yo soy al que tanto deseas matar.
—Deja de torturarte a ti misma y a mí. Te deseo, Amara.
—Te he dicho que no puedo. Tu hermano…
—Cuando Abel murió Metatrón lo convirtió en arcángel. ¿Qué tiene que ver ahora él con esto?
—¿Qué arcángel?
—Mikael…
—Ahora encaja todo. Por eso yo estaba en esa cueva de Zevul…
—No sé de qué estás hablando ni me importa.
—¿No lo entiendes? No soy un elohim cualquiera, sino la reencarnación de Mikael.
—¡No! No puede ser. Zadquiel no me dijo eso...
—Lo siento, Caín.
—¡No!
Amara fue a incorporarse, pero Caín la rodeó con sus brazos para impedírselo. Los granitos de arena corretearon por su espalda al incorporarse. Amara retiró un poco de tierra reseca que se había quedado pegada en las mejillas del diablo.
—No me dejes solo, Amara. Te necesito.
—Lo haces sólo por eso, ¿no? Porque te soy útil.
La mirada que Caín le dedicó resultó indescriptible.
—¿Eso es lo que piensas de mí? Estaba dispuesto a morir ante ti. Siempre he deseado la muerte. Estoy cansado de tanta maldición.
—Eso no es cierto. Tienes que salvarla primero a ella.
—¿Para que me abandone como has hecho tú? Ya la salvé una vez, ¿de qué sirvió?
—¿Y todo el tiempo que habéis pasado juntos?
—Yo no puedo hacerla feliz.
—Eres un idiota, Caín.
—Pero quiero ser un idiota feliz.
—Tú lo que eres es un idiota pervertido.
—No eres consciente de la forma en que me estabas acariciando, ¿verdad?
—Formaba parte de un complicado ritual para curarte —añadió sonrojada.
—Espera que me muero otra vez entonces. —Se recostó nuevamente sobre el arenoso suelo mientras gritaba y gesticulaba que se moría.
—Acabo de descubrir algo muy importante y tú te lo tomas a jauja.
—Es que me niego a creer algo así. Eres demasiado diferente a él.
—Quizás eso es lo que quieres creer. Tu subconsciente se empeña en vernos diferentes…
—Mi subconsciente se empeña en vernos desnudos a la luz de la luna, con tus pechos embadurnados de tu sudor y mi pasión, y tus ojos anhelantes brillando de gozo, y tu jadeante voz suplicándome que no me detenga...
—Mi subconsciente le dice al tuyo que se relaje y tome un poco el aire—le cortó—. Como visionario desde luego que no sirves.
—El problema es tu conciencia, que es una reprimida.
—El problema es que eres un inconsciente.
—¿Me vas a explicar de dónde has sacado la idea de que eres mi hermana?
Una imagen valía más que mil palabras por lo que la chica extendió la palma de su mano y logró crear una pequeña y temblorosa llama azul. El semblante de Caín se había tornado serio.
—Te odio. ¿No podías haber estado calladita? ¿Por qué tenías que decírmelo? Era mucho más fácil creer que Mikael estaba desaparecido…
—Prometí que nunca más volvería a verte, así que…
—Y a mí me hiciste una promesa también y la has roto por lo que tus palabras han perdido toda credibilidad.
—No me creas si no quieres. Gracias por todo.
La muchacha empezó a emitir una suave luz. Caín sabía que se estaba desmaterializando por lo que se aferró aún más a ella, aunque realmente sabía que era inútil.
—Dentro de dos días te espero aquí, a la misma hora —volvió a insistir Caín.
La chica desapareció envuelta en un halo de luz y plumas blanquísimas dejándole por una vez confundido a él. En cuanto el poder del ángel desapareció su condenada piel volvió a consumirse bajo el son de las ardientes llamas y su pelo ardió cual incienso bajo el crepitante fuego. La estuvo esperando al cabo de dos días toda la noche, pero ella nunca regresó, ni ésa ni ninguna de las noches posteriores, aunque él en ese momento no pensó que sería capaz de abandonarle.

CONTINUARÁ


Leer más...

A aquellos cuyo coeficiente mental no supera al de un plastocerebelius

Esta entrada viene a cuento del comentario que me han dejado en la entrada de "Documentación"(índice de contenido). ¿Cuándo vais los trolleadores a aprender que la ID se queda registrada?

Debería borrar este tipo de comentarios porque no quiero malos royos en mi blog, pero los voy a dejar porque un blog se alimenta de comentarios y ya sabéis lo que pasó con el Código Da Vinci de Dan Brown. Además, así queda como prueba de la ignorancia de algunos cuando acabe por triunfar del todo ;)

Una historia de FANTASÍA no es peligrosa, la intolerancia y fanatismo sin embargo han causado mucho daño al mundo y desafortunadamente lo siguen causando.

Y para que vea el autor del comentario lo mucho que me ha afectado su maldición os pido a todos que dejéis muchos comentarios, para conseguir el efecto contrario a lo que pretendía.

Y ahora que vengan satánicos, testigos de Jeovah y cualquier otro fanático de alguna secta a dar muestra de su falta de inteligencia, que yo las cosas siempre me las tomo con humor así que hace falta mucho más que un comentario tocapelotas para acabar conmigo.

Lo que pretendo es entretener a la gente(y si es posible aportar algo más que simple entretenimiento), no ofenderla. Si alguien se siente ofendido con lo que escribo pues que no lo lea, que dejen disfrutar a los que sí les gusta. HAKUNA MATATA, Vive y deja vivir






Muchas gracias a todos mis lectores :D nunca imaginé tener tan buenos comentarios, de verdad que os lo agradezco mucho. Ya terminé los arreglos del siguiente capítulo. Este fin de semana lo subo^^

Leer más...

Polvo de estrellas cap. 26

Por fin el capítulo que tantos problemas me ha dado. Tengo que agradecérselo a Xii que es ella quien me dio la idea del teatro. Quería hacerlo un poco tétrico y no sé si me he pasado de macabro. ¡Espero que os guste!




En el capítulo anterior Amara queda con Caín en un cementerio y éste toca el violín. Tras pasar la noche enterrada, a la mañana siguiente Zemunín, un demonio, ataca a Nathan mientras el ángel observaba a Amara en el río. Para saber que pasará con ellos dadle a "Leer más"





El ángel intentó desenvainar su espada rápidamente, pero descubrió que no podía mover el brazo. Lo intentó con el resto de su cuerpo, pero tampoco pudo. Algo pasaba con su cuerpo. Se giró hacia su enemigo con el ceño fruncido y contempló con repugnancia como unas enormes y viscosas arañas corrían por el cuerpo de la demonesa y se introducían por debajo de la poca ropa que llevaba entre sus muslos. El elemental lanzó una llamarada y esta vez sí que surtió efecto. El fuego la dio de lleno y chilló un alarido de dolor. Nathan sonrió triunfante, sin embargo, el sabor de la satisfacción no le duró demasiado. Zemunín se había medio incorporado y se reía de forma malévola y ruidosa. Algo tiró del cuerpo del ángel haciéndole apuntar a Amara que seguía bañándose en el río despreocupadamente.
—¡Amara, cuidado! —la avisó, temiéndose lo peor.
La muchacha se volvió, sobresaltada, para encontrarse con una bola de fuego que surcaba el aire directo hacia ella. Afortunadamente pudo apartarse a tiempo y el ataque cayó sobre el río, produciendo una gran nube de vapor al enfriarse con el agua. Amara intentó vestirse apresuradamente mientras sufría un ataque de tos por culpa del humo que había tragado. No entendía qué había pasado. ¿Acaso su amigo quería matarla? Eso no podía ser así porque entonces no la habría avisado, aunque también podía haberse arrepentido en el último momento… Entonces fue cuando pudo percibir una presencia maligna muy fuerte y no se trataba de Caín precisamente.
Cuando dirigió de nuevo la mirada al joven ángel, se encontró con una terrorífica mujer muy pegada a la espalda del chico, arañando suavemente sus sagradas mejillas con unas uñas tan largas que se curvaban hacia abajo. Esa criatura no era una mujer, sino una bestia con apariencia semihumana. Algunas partes de su cuerpo estaban recubiertas por un pelaje marrón y brillante, como sus largas piernas. Los pechos descubiertos estaban perforados por diferentes adornos y dos cuernos nacían bajo la superficie de su negro cabello, retorciéndose al igual que sus uñas.

Nathan luchaba contra el aire por volver a ser el dueño de su cuerpo. Sentía una energía oscura introduciéndose en su interior como un veneno que se propagaba rápidamente por todo su cuerpo. Su cabeza se estaba volviendo muy pesada, extremadamente pesada y se sentía cansado para luchar contra la gravedad. Zemunín seguía jugueteando con sus dedos sobre sus sienes y aproximando demasiado sus gruesos labios pintados excesivamente de carmín.
—¡Déjale en paz! —le pidió Amara.
—¿De veras crees que gritándome vas a conseguir algo? Eres una muchacha bastante estúpida.
Estaba claro que con ella no iba a conseguir nada intercambiando palabras, pero necesitaba tiempo para pensar en algo. Zemunín seguía hablando.
—Tienes un cuerpo muy útil y una cara muy mona. Podría aceptarte entre mis chicas.
Zemunín dirigía todo un harem de súcubos y las prostitutas la rendían culto en busca de protección.
Amara no se dejó engañar por la charla y no le pasó desapercibidas las diminutas arañas que salían de su pubis, mezclándose con el oscuro pelaje de sus extremidades y avanzando sigilosamente por la hierba. Cargó su mano con energía y les dirigió un rayo de luz que acabó con ellas rápidamente. La demonesa se quedó contemplando a la joven muy seriamente, evaluándola.
—Acaba con tu amiguita —le ordenó, fríamente.

Nathan sólo sentía oscuridad y sueño. A lo lejos percibía vagamente el sonido de unas voces demasiado difusas para prestarles atención. Cuanto más se hundía en ese sopor oscuro, más crecían esas voces. Descubrió que no eran tantas como pensaba, sino solo una, aguda e irritante que no cesaba de reír. Las carcajadas apelaban su mente confundiéndolo aún más. Eran muy molestas, tenía que librarse de ellas. Descubrió que tenía su espada envainada sobre su cintura. La despedazaría hasta que saliese de su cabeza.

Amara no quería luchar contra él y sin embargo ahí estaba, defendiéndose como podía de las violentas estocadas que su amigo le dirigía. Ella se protegía con una ligera y corta espada que usaba en el Entrenamiento, pero Nathan era demasiado fuerte. Una espada de akasha normal no podría crearla heridas demasiado graves, pero la hoja brillaba insuflada por una extraña energía. Intentó crear una ilusión de sí misma para engañarle, pero no funcionó. También intentó engañar al demonio, pero Nathan seguía atacándola. Tenía que despertar a su amigo como fuese, si le dañaba no se lo perdonaría nunca. Había algo extraño en todo ello, y eso la inquietaba. La presencia oscura era demasiado fuerte. ¿Quién sería aquella mujer? ¿Qué quería de ellos? Decidió probar de nuevo la misma ilusión, pero esta vez ella se desmaterializaría, aunque sabía que eso la iba a agotar demasiado. Pareció funcionar, porque Zemunín no la vio llegar y pudo hundir su espada en el abdomen de la criatura. Más arañas salieron de su interior, trepando por el akasha y Amara soltó rápidamente la empuñadura, retrocediendo hasta que topó con algo.
—Ya es suficiente, Zemunín. Regresa con Aamon a que te cure esa herida. —dijo la voz a sus espaldas.
Se giró, sobresaltada al sentir el frío clavándose en su cuerpo. Descubrió a un hombre muy delgado, de melena azul eléctrica y con la cara pintada de blanco y adornada por diferentes símbolos púrpura.
—Como ordene el amo —respondió ella, y obedientemente, desapareció. La espada de Amara osciló en el aire y cayó sobe la hierba.
—Deberías arrodillarte ante mí, chiquilla. No todos los días alguien se encuentra con el gran duque infernal.
<< ¡Astaroth, el Desdichado! >> El tesorero del Infierno. Amara recordó las palabras que una vez le había dicho Caín sobre este demonio. Se trataba del que estaba en la sala V.I.P. del InsanitY. El miedo se clavaba en su akasha.
—No deberías poner esa cara, pequeña. Es injusto todo lo que se ha dicho sobre mí —dijo en un tono de aparente inocencia que a la muchacha le aterró más que si simplemente hubiese rugido—. Para que veas mis buenas intenciones, tengo algo para ti —recitó, quitándose la chistera de forma elegante y haciendo una reverencia—. Sin miedo, meta su delicada mano en el sombrero —le pidió, tendiéndoselo.
Amara asustada, retrocedió unos pasos intentando alejarse lo más posible de él, sin embargo Astaroth seguía insistiendo acercándose aún más a ella. Daba igual cuantos pasos diera ella para alejarse, que él los volvía a andar.
—No soy tan tonta como para hacerte caso.
—Señorita, no tengo todo el día —exclamó fingiendo estar dolido por su rechazo—. Y yo ye pensaba que tu amigo te importaba…
Amara se giró hacia Nathan, del que su cuerpo seguía allí, inmóvil como un muñeco sin vida, pero ella sabía que en realidad su conciencia no estaba ahí. El demonio comenzó a mover sus dedos dramáticamente simulando que tocaba teclas de aire matutino sobre un piano invisible de la humedad del rocío. El cuerpo de Nathan comenzó a moverse, formando extraños símbolos con las manos.
—Tu amigo está ahora bajo mi control. Si quiero puedo hacer que coja su propia espada y hacer que se rebane el cuello, así que por favor, no sea descortés conmigo y meta la mano.
Amara ya había sospechado de que no era Zemunín la que controlaba al elemental, pero ver a alguien tan importante allí la seguía sorprendiendo. No tuvo más remedio que alzar una temblorosa mano e introducirla en la chistera. Tanteó con los dedos, insegura, algo acartonado, para después agarrarlo con más fuerza. Astaroth enarboló una sonrisa de satisfacción y ella sacó la mano. Entre sus dedos sostenía lo que parecía una invitación. En realidad era una entrada al teatro Leroux, según ponía en el panfleto, en Niza. El cartón amarilleaba, dotándole antigüedad a la entrada. En letras púrpura y doradas venía la siguiente inscripción:

ARS LONGA VITA BREVIS


Cuando Amara alzó la mirada, ya no quedaba rastro alguno ni del duque ni de Nathan. Lo único que tenía era esa entrada que la llevaba directa a una trampa. Las experiencias que había adquirido en los últimos días la habían hecho aprender que lo más sensato sería pedir ayuda a los arcángeles. Aún así esa opción no la convencía. Podía resultar egoísta, pero era ella la que había metido en ese lío al joven ángel. Si de verdad tenía tanto poder como la habían dicho tenía que ser capaz de rescatarle por su cuenta. Ya había causado bastantes problemas, no involucraría a nadie más. Miró una última vez la misteriosa entrada y la decisión ya la había tomado.

***


El primero que lo detectó fue Jofiel. Avisó rápidamente a los demás y en seguida se teletrasportaron a la velocidad de la luz al lugar donde había transcurrido el enfrentamiento. Parte de la vegetación mostraba quemaduras en forma de media luna negras.
—Era demasiado fuerte para ser un demonio cualquiera —sentenció Serafiel mientras los demás seguían analizando los restos de la batalla.
—¿Pude tratarse de tu hermano? No sería la primera vez que intenta causar el caos entre los estudiantes con sus flechas amorosas —le preguntó Raphael al arcángel Chamuel. Éste negó suavemente con los ojos cerrados.
—No ha sido Kamadeva. Puedo sentir que no ha sido él.
Raphael no quiso insistir más. Sabía que a su compañero no le gustaba hablar de eso.
—Caín tampoco ha sido —señaló Serafiel.
—¿Y quién sino puede burlar las defensas? —razonó Jofiel. El diablo ya había penetrado sin más en Shejakim, algo mucho más imposible.
El Gran Médico se inclinó sobre la hierba para examinar más detenidamente los restos del polvo de arañas que Amara había aniquilado. Puso una mueca de repugnancia cuando sus dedos se enredaron en la viscosidad de una extraña sustancia negra. Rápidamente se purificó a sí mismo.
—Esto ha sido obra de Zemunín —concluyó.
El príncipe de los serafines les indicó con un gesto que se cubriesen su rostro con las alas y así lo hicieron. Serafiel comenzó a emitir una luz muy brillante y de sus resplandecientes alas comenzó a caer una lluvia de polvo plateado con la que comenzó a salpicar la atmósfera. Cuando los arcángeles volvieron a destaparse el rostro, una neblina tornasolada cubría la zona. Escudriñaron con la mirada la niebla mágica y apreciaron la sucesión de imágenes que iban recreando lo que había sucedido instantes antes. La preocupación se acrecentó.
—Últimamente la nobleza infernal parece muy interesada en esta chica —señaló Serafiel.
Raphael volvió a desplegar sus alas, dispuesto a marchar a Niza lo más rápido posible.
—No tan rápido, Raphael. Yo no te he otorgado permiso para que vayas.
—Pero… —protestó.
—Irá Chamuel.
—¿Chamuel?
El susodicho hizo una leve reverencia y desapareció en un haz de perlinas y rosáceas plumas.
—¿Quién es esa joven, Raphael? —le preguntó el serafín acercándose hacia él.
—La encontré en las ruinas de Zevul, cuando su cuerpo material todavía era muy joven. Después la llevé ante Metatrón para que recibiera el bautismo.
—Sabio Jofiel, ¿Qué opinas de todo esto?
—Es bastante extraño todo, pero Metatrón la aceptó. Así como con Gabriel no cesaba de repetir su nombre, signo que nosotros malinterpretamos, de Amarael no dijo nada.

El príncipe de los serafines se quedó reflexivo unos instantes hasta que tuvo claro lo que iba a hacer.
—Raphael, vamos a necesitar del anestésico más fuerte del que dispongas.


***


Al principio Amara pensó que se había equivocado de dirección pues el edificio que se extendía ante ella parecía que había caído en desgracia hace tiempo. Aún así el arquitecto había hecho un gran trabajo pues en otros tiempos, los grifos que adornaban lo que parecía un palacete habrían resplandecido entre los derruidos edificios del vecindario. La tela de los toldos estaba descolorida por la lluvia, pero no le era difícil imaginarse el brillante púrpura y el sangrante rojo con el que habrían destacado, dotando algo de color a los oscuros callejones. Se asomó por una de las numerosas ventanas. El cristal estaba muy sucio y el interior muy oscuro. Descubrió que uno de los cristales estaba roto. Fue a acercarse a él cuando sintió un chasquido eléctrico y un gato maulló. Se apartó, sobresaltada para encontrar la causa. Sobre la azotea se había iluminado un enorme cartel, que en luminosas letras recitaban la misma frase que aparecía en la entrada:

ARS LONGA VITA BREVIS


La estaban esperando y así la recibía el teatro Leroux. Las luces funcionaban con electricidad por lo que tenía que pertenecer sin duda alguna a los demonios. Ahora pudo apreciar unos carteles que antes habían pasado desapercibidos. En ellos estaba impresa la fotografía de un joven que a Amara se le antojó muy hermoso. Sus delicados rasgos se veían resaltados por unos purpúreos cabellos, muy oscuros. Las facciones del joven eran muy agradables e irradiaba una carismática sonrisa. “Denis Allard”, venía escrito en letras bien grandes. Seguramente se trataba del que antes había sido la gran estrella del espectáculo.
Se acercó al enorme portón. Era de madera, pero estaba muy bien cuidada, al contrario que el resto del edificio, que parecía que en cuanto soplase el viento se derrumbaría. Con apenas empujarla un poco, se abrió sola. Estaba bien engrasada ya que no rechinó. Por dentro el teatro era más grande de lo que parecía por fuera. Estaba completamente a oscuras y a penas la luz de la calle se filtraba a través de los polvorientos cristales. Olía a cerrado y a madera vieja. El suelo crujía bajo sus pies. En la atmósfera flotaba una nube de partículas corpusculares que hacían el aire más denso. Se encontraba en el recibidor, donde antes debió de haber habido numerosos puestos con comida. Ahora sólo quedaba una vieja freidora de maíz. También había unos extraños bultos de diferentes tamaños tapados por una tela negra, también polvorienta. A cada paso que daba, la madera resonaba y una pequeña nube de polvo se levantaba. Al fondo del todo una habitación tenía la luz encendida. Amara se dirigió hacia allí con el corazón en un puño. Las paredes estaban pintadas completamente de amarillo pastel y en la pared del final colgaba un enorme espejo. Enfrente de dicho espejo una figura de cera, del tamaño de un humano adulto, yacía sentada contemplando su inerte reflejo sobre la reflectante superficie. Su largo cabello del color de las flores de la belladona caía formando perfectos bucles. Iba vestida con un vestido de terciopelo negro. La cabeza de la figura se giró, sonriéndola. Amara, asustada, salió corriendo de allí. Atravesó un estrecho pasillo que la condujo a una estancia aún mucho más amplia. Allí los rayos de sol no tenían lugar. Estaba en el salón principal pues varias hileras de butacas se hallaban dispuestas de forma horizontal ante el enorme escenario, que tenía las cortinas echadas. La joven se abrió paso entre los asientos, que para su asombro estaban ocupados por más muñecos. Algunos eran simples marionetas sin vida, cuyas cabezas colgaban sobre su propio cuello, y otras resultaban estar hechas de cera por el espeluznante realismo. Parecían personas vivas, pero no lo estaban, no eran más que muñecos inertes. Tenía la seguridad de que si su amigo estaba allí, lo encontraría detrás de las pesadas cortinas. Un órgano comenzó a sonar y unas figuras espectrales aparecieron flotando por toda la sala. Adoptaban diferentes figuras: gusanos gigantes, payasos, formas humanoides… pero a ella eso no le asustaba. No era tan ingenua como para caer en un truco de luces y efectos visuales. El silencio volvió a hacerse y unos focos de luz blanca la iluminaron. El escenario también se iluminó. Unos engranajes comenzaron funcionar imitando el chillido de varias bestias nocturnas. Una plataforma se fue elevando en el centro del escenario y sobre ella se avistaba la silueta de una figura alta y delgada. Una melodía lenta y pesada tocada por un desafinado piano acompañaba la actuación. Los engranajes cesaron de gruñir y la luz de los focos cambió. Ahora la silueta era algo más que una oscura figura a la que la radiante luz no dejaba ver bien. Esa silueta tenía el nombre de uno de los príncipes infernales. Astaroth sonreía maliciosamente desde lo alto de la plataforma, sosteniendo su sombrero. Tres figuras espectrales, con aspecto de damas lloronas revoloteaban en torno a él. El volumen de la música bajó para hacer más audible su infernal voz.

—Arte: la expresión del talento. Los hombres siempre han querido complacer a los dioses haciendo gala de su talento, tanto en el arte de matar como en el de pintar, esculpir, tallar o actuar. Las primeras representaciones del teatro en Occidente surgieron como rituales en honor a Dionisio. Yo tengo una definición mejor para el arte que me gustaría compartir con vosotros, querido público. El arte es el intento de imitar a Dios e incluso, de intentar superarlo porque efectivamente, el mayor artista es él sin duda alguna, y su obra magna, “El Mundo”. Todo esto es un teatro, el universo es el decorado y nosotros, los actores a los que nos han entregado un guión en blanco y debemos ir improvisando. Nos está saliendo todo un drama, estará orgulloso de nosotros.
>>Yo sólo soy una pobre marioneta interpretando el personaje de Astaroth. Es un papel algo complicado, ¿sabéis? Además es muy triste pues yo no soy más que un pobre ángel caído en desgracia injustamente. Fui acusado sin prueba alguna y obligado a abandonar mi hogar para vivir en otro sitio mucho más feo y cruel. Pero no os aflijáis, pues algún día Astaroth volverá a su hogar, ocupando el lugar que le pertenece, ¡Oh, claro que volverá! Pero ahora no es momento para hablar de eso. Tenemos una invitada especial y no queremos aburrirla, por eso la representación de hoy va a ser muy especial. Una trágica e intensa historia de amor que estoy seguro que conmoverá al público. Ante todos vosotros: “El ángel al que le arrebataron el corazón”

El pesado telón se abrió dejando paso a un polvoriento y pobre en decorado escenario. El fondo parecía dibujado por niños pequeños, con un sol amarillo y sonriente y casas con cuatro ventanas cuadradas. El suelo parecía un hervidero de serpientes, pero no eran más que cables. Y en medio de todo ello estaba Nathan, cuyo aspecto no distaba mucho del de las inertes figuras. Amara quiso pegar un grito, para despertarle, pero unas enguantadas manos taparon su boca, callándola y reteniéndola inmóvil en el sitio. Se trataba de la muñeca de la habitación amarilla, que ahora estaba detrás de ella sosteniéndola. La joven forcejeó, pero era inútil. Lo único que podía hacer era seguir mirando.

—Érase una vez un angelito que estaba enamoradísimo de su mejor amiga, pero como era pecado, tenía que hacer penitencia.

Nathan comenzó a moverse, pero sus movimientos eran más propios de una máquina que de un ser vivo. Cogió un látigo con espinas que había en una mesa y comenzó a flagelarse él mismo. El auditorio se llenó con los gritos del joven y el suelo se manchó de retazos de piel arrancada.
<< ¡No! >>, quiso gritar Amara, pero no pudo emitir sonido alguno. Intentó morder la mano que la oprimía, pero sólo consiguió que lo hiciese con más fuerza.
—“Tganquilísate” —le susurró una perfecta voz varonil —. Caín me ha hablado de ti.
<< ¿Caín? ¿Va a venir? >> le preguntó mentalmente.
—“Clagó”, “pog” eso hay que “estag pegfecto paga” él, pues sus lindos ojos sólo se “meguesen contemplag lo mejog.”

Los latigazos cesaron y Astaroth siguió narrando su macabro relato.
—Mientras tanto, ella le ignoraba por completo jugando a seducir y ser seducida por un diablo.
Aparecieron en escena dos marionetas más, una parodiaba el estilo de Caín con los ojos excesivamente pintados de negro y la otra poseía largo cabello rubio y una sonrisa estúpida en toda la cara. Al contrario de las demás, éstas se notaban que no eran más que muñecos de madera. Los focos las enfocaron y comenzaron a girar bajo el ritmo de una alegre e infantil música. Pétalos blancos caían desde arriba en forma de nieve, mientras que el pobre Nathan yacía en un rincón apartado y oscuro.
—El tiempo pasó y no había noticias del encantador diablo así que ella decidió invocarle, pero para ello necesitaba ayuda por lo que se aprovechó de su amigo y le utilizó.
—Nathan, vamos a jugar un juego, ¿vale? —comenzó a decir Astaroth, adoptando un falso tono femenino, como si la marioneta de Amara hablase.
—¡Claro! Sabes que por ti haría cualquier cosa —los labios de Nathan se movieron, pero la voz que salía de ellos era la del duque infernal.
—Te voy a vendar los ojos —la marioneta sacó un pañuelo y con ello le vendó al elemental. Amara se temió lo peor —. Ahora extiende los brazos, así, ¡muy bien! —y dicho esto cogió un cuchillo de la misma mesa donde estaba el látigo, y cortó las muñecas al pobre ángel. La sangré fluyó, cayendo sobre una flor que habían puesto en medio. Unas macabras sombras aparecieron alrededor de ellos imitando los extraños espectros que habían danzado alrededor de ellos, haciéndola revivir aquella fatídica experiencia.

<< Por favor, que pare esto. Dile a Astaroth que haré cualquier cosa pero que deje a Nathan, que se detenga este espectáculo, por favor… >>
—Eso no le “gustaguía” al “señog” Caín. Ya me avisó de que “diguías” algo así —Amara volvió a retorcerse—. Si no te estás quieta te “dolegá” más —le susurró esta vez, amenazadoramente. Sus labios estaban peligrosamente cerca de su lóbulo y sonaban afilados. Besó sus mejillas de akasha, pero no fue un beso tierno ni placentero, sino que la abrasaba. La fría materia oscura estaba destrozándola la piel —. Y sólo ha sido un beso, mis “caguisias” son más “agdientes.”

—Pero Caín no iba a permitir que nadie le robase a su víctima, así que se hizo el héroe.
—¡Tachán! Ya estoy aquí, preciosa.
—Y claro, ella no pudo resistirse a su salvador, por lo que acudió corriendo a sus brazos, olvidándose por completo de su pobre amigo, que volvía a quedar renegado a un segundo plano.
—¡Caín! Corro hacia tus brazos, no me sueltes.
—El angelito, cegado por su amor, en vez de ver la realidad que era que había sido utilizado, pensó que esa malvada criatura la había hechizado, por lo que se lanzó al ataque.
El escenario ardió en llamas. Amara agradeció a Dios que el fuego no fuese un peligro para Nathan. Unas chamuscadas marionetas se enzarzaron en un ridículo duelo, mientras seguían ardiendo, en las que la marioneta de Caín lanzaba sablazos a diestro y siniestro ante un Nathanael que apenas se defendía.
—¡No! Caín, olvídate de él y mírame, ¡estoy desnuda! Si quieres tómame delante de él que así sufrirá más.

La verdadera Amara sólo podía distinguir siluetas alargadas y naranjas pues sus ojos se habían llenado de lágrimas. No se sentía con fuerzas de seguir con los ojos abiertos. El telón volvió a echarse, ocultando el incendio y la música del piano desafinado volvió a sonar y las luces encuadraron de nuevo a Astaroth.
—Hasta aquí el primer acto, pero no se vayan que queda lo mejor. Tengo el placer de presentarles a continuación: La flecha egoísta, El baile de cristal y el gran final en un teatro abandonado. ¿No estáis deseando conocer el final?

Por supuesto que no iba a permitir que llegase el final.

“Cuidado con el titiritero embustero pues sólo sabe de trucos e ilusiones, mas si le quieres ganar a su juego has de jugar.”


Eso era lo que Caín la había dicho por última vez. Se trataba de los versos de una canción popular que Amara había podido escuchar varias veces durante su estancia en la Tierra, por eso no le había dado mucha importancia, pero ahora todo comenzaba a cobrar sentido. Astaroth llevaba todo el tiempo moviendo los dedos, como si estuviese tocando el piano. Cambió de plano para poder percibir algo más que antes se la escapaba. Para su sorpresa, unos hilos negros salían del cuerpo de su amigo, que seguía al otro lado del telón con el fuego ya extinguido, y que estaban conectados a los largos dedos del demonio. Además, conducían una oscura energía que se introducía en el cuerpo del ángel, anulando su sistema nervioso. Aquellos eran los hilos que tenía que cortar. Las palabras de Caín daban a entender que tenía que conseguir engañar al enemigo. A un príncipe infernal no se le podía engañar tan fácilmente.

Ahora que había conseguido calmarse algo, se concentró en reunir toda la energía posible, como le había enseñado a hacerlo Caín. Su cuerpo comenzó a emitir una luz muy brillante, suficiente para deslumbrar a todos por unos instantes. En cuanto los brazos que la aprisionaban se debilitaron, ella se liberó y aprovechó el tiempo que había conseguido para acercarse a su amigo. La tela que la separaba a ella de él era áspera y también estaba bastante descolorida. Se dispuso a abrirse paso a través del pesado telón, pero algo frío y oscuro se clavó en su hombro. Se trataban de los dedos de Astaroth.
—¿A dónde te crees que vas? Ahí sólo puede pasar el personal autorizado.
El demonio, satisfecho, cernió sus manos sobre el delicado cuello, desvaneciéndose éste ante sus propios ojos. El cuerpo del ángel había desaparecido, no se trataba más que de una trampa. No le dio tiempo a expresar su furia ante este último hecho, pues algo caliente y afilado se hundió en su garganta, separando de un tajo la cabeza de su cuerpo. La cabeza cayó a cámara lenta hasta impactar con el suelo, levantando una suave polvareda entremezclada con sangre. Amara, aún jadeando, contempló los desparramados cabellos azul eléctrico esparcidos sobre el suelo de madera. Aún tenía la sensación que esos desorbitantes ojos la seguían mirando, burlándose de ella.
—El único final posible es aquel en el que los malos obtienen lo que se merecen.
Antes de volver a oír esa odiosa risa levantó una vez más su espada y la descargó con toda su furia, librándose de toda la rabia e impotencia que había sentido desde las butacas de los espectadores. Arremetió contra el cráneo las veces necesarias hasta que el sonido de los huesos resquebrajándose se hizo más fuerte que el de sus gritos de furia. Contempló asustada el estropicio que había hecho. Su vestido y ella estaban salpicados por la sangre infernal. Por un breve instante sintió la fuerza escurrírsele entre sus dedos. Enfundó su espada aún ensangrentada y se dispuso a retirar de una vez las cortinas. Esta vez tampoco la fue posible porque una onda expansiva la expulsó hacia atrás, arrojándola hacia la platea. Desplegó las alas para evitar la caída, pero una lluvia de espadas apareció de la nada, dándola de lleno en sus hermosas alas. Cayó en un hueco que había entre el público y el escenario, que resultó ser una sala oculta equipada con grandes espejos que reflejaban las proyecciones de esos supuestos espectros. Había quedado clavada al suelo y no podía moverse. Su reflejo se retorcía intentando liberarse, multiplicado por los diferentes espejos. Cuatro demonios aparecieron amenazantes ante ellos. Una era Zemunín, la de antes. Los otros eran dos hombres y una mujer bastante mayor. El más alto tenía un cuerpo fibroso y la mitad izquierda de su cabeza la llevaba completamente rapada, mientras que dejaba que la otra mitad, peinada hacia la derecha, cayese como una cascada de cabello negro y lacio ocultando la mitad de su rostro. El otro demonio no poseía cabeza de humano sino de puma, y en lugar de ojos tenía dos rubíes rojos incrustados en sus cuencas.
—Oh, me da que el gorrión ya no va a poder volar más —se burló el de la cabeza de puma.
—Pruslas, ese chiste no ha tenido ninguna gracia.
Astaroth ya se había recuperado completamente y se asomaba desde lo alto del escenario, luciendo ahora una larga melena de un verde musgo intenso.
—No era un chiste, amo.
Astaroth emitió un gesto reprobatorio con la mano y centró su mirada en Amara.
—¿Lo ves? ¿Ves lo que tengo que soportar cada día de la Creación? El Infierno es tan aburrido…
—La verdad es que ha sido más divertido ver como machacaba tu cráneo —habló la mujer.
—No te he preguntado nada, Barbatos. Por cierto, Aamon, —dijo dirigiéndose al de la cabeza rapada —¿Por qué no me avisaste de esto?
—Ya se lo dije, es un elohim, su destino escapa de los designios de Dios por lo que sólo puedo leer su vida hasta el presente.
Barbatos era la voz que podía oír el pasado y entender a los animales. Pruslas sentía el futuro a corto plazo y Aamón era el ojo lector de vidas.
—Ya me he divertido bastante, acabemos con esto.
Zemunín asintió y depositó una de sus arañas en el suelo. Era mucho más grande que el resto de arácnidos que habían atacado antes a Amara. Si conseguía inyectarla su veneno sería el fin. Amara la pisoteó. Al aplastarla estalló en un líquido negro y pegajoso, dejando su pie pegado al suelo.
—¿Es que nunca te vas a dar por vencida?
—Astaroth, tengo un acertijo para ti —le dijo con decisión.
—¿Para mí? ¡Qué simpática! Lástima que ya me conozca todas las respuestas…
—Este es nuevo, lo he inventado yo.
El duque infernal se sentó sobre el borde, dejando las piernas colgando hacia el interior de la cámara espejada. Se inclinó hacia delante, hincando el codo en las rodillas y apoyando su cabeza sobre su mano.
—Cuéntame chiquilla. A ver si tú eres más divertida que esta panda de idiotas.
—¿Ves ese interruptor de allí? —preguntó señalando la cajetilla de los fusiles de la luz—. ¿A qué distancia está desde aquí?
—¿Ése es el acertijo?
—No. Calculo que está como a unos siete metros. Si ahora voy y los apago, cuando llegue aquí todavía seguirá habiendo luz. ¿Cómo es posible?
—Sigo pensando que me estás vacilando. No voy a soltarte para que “apagues la luz”
—Puedes ir tú si quieres…
—¿Te piensas que el amo es idiota o qué, mocosa? —gruñó Barbatos.
—Sé por donde van los tiros —respondió Astaroth—. Ya te avisé de que me sé todas las respuestas. Es de día, por eso habría luz. Pero te aseguro que donde estamos nosotros no llegan los rayos. Las ventanas están demasiado sucias y aquí dentro apenas se filtran los rayos de sol por lo oscuro que es el callejón.
—Yo sigo diciendo que sí que seguiría habiendo luz.
—Barbatos, la niña quiere jugar. Apaga el interruptor.
Barbatos rechistando obedeció las órdenes. Al apagar el interruptor, tras un fuerte chasquido las luces del teatro comenzaron a apagarse una a una hasta que efectivamente, quedaron a oscuras. Cerca de las ventanas había pequeños resquicios luminosos donde se podían apreciar las partículas del aire flotando, pero en el lado opuesto, donde estaban ellos, prácticamente gobernaba la oscuridad. Barbatos regresó a su sitio ofendida por semejante tontería. Pruslas que había podido ver lo que iba a suceder, aprovechó para abandonar el lugar sin hacer ruido.
—¿Y bien?
Amara emitió una astuta sonrisa y comenzó a resplandecer mucho más intensamente a como lo había hecho antes. Su luz blanca resultaba más radiante aún en la completa oscuridad y los demonios no tuvieron tiempo de protegerse los ojos. Cuando el resplandor cesó, Astaroth se llevaba las manos a la frente, aullando de dolor. Se había encargado de que su luz fuese visible en todos los planos, por lo que le había quemado el tercer ojo, el que otorga visión en el resto de planos. Unos aplausos procedentes de la platea comenzaron a hacerse más audibles. Los primeros eran golpes secos y lentos, y después aumentaron su frecuencia. Caín, que permanecía sentado en una de las butacas del final, se levantó y comenzó a acercarse sin cesar de aplaudir.
—No ha estado mal la representación, aunque el que hacía de Caín no me ha terminado de convencer, le falta el carisma que destila el original. Sin duda lo mejor ha sido cuando Amara toda enfurecida decapita al mono de feria ese. Aunque lo de dejar ciegos a cuatro de los más poderosos demonios tampoco ha estado nada mal.
—¡Caín! —Amara no pudo contener un grito de alegría al saber que él había visto todo lo que había hecho ella.
—Debería darte vergüenza Astaroth, no sólo desobedeces mis órdenes sino que dejas en ridículo a la nobleza infernal.
—Oscuro Satanás, ¿cómo osa culparme de traición? —entonó con voz ofendida el aludido, a la vez que hacía una pomposa reverencia y se quitaba el sombrero—. Mira lo que tengo para usted. Aamon —le llamó.
Éste extrajo un pequeño frasco de cristal con un líquido azul en su interior y se lo tendió a Caín.
—Con ello podrás devolverle su estado original a tu chica. Yo mismo lo he conseguido de Samael.
Caín estudió detenidamente el frasco. ¿Sería eso posible? ¿Podría curar a Ireth? Sabía la respuesta de antemano. Apretó con fuerza su mano y el cristal estalló en diferentes pedazos, clavándose en su palma. El líquido al caer sobre la carcomida madera se volvió efervescente, provocando un agujero. El ácido también se filtró entre las heridas que se acaba de hacer y goteaba por su empapada mano. Con un simple movimiento de la otra, arrojó a Aamon hacia el otro lado del escenario, destrozando el decorado.
—Astaroth, yo te despojo de todos tus títulos y me encargaré de que recibas el dolor que se merecen aquellos que traicionan al Señor Oscuro.
—En el Infierno reina el más fuerte, desde toda la vida.
—Entonces tendría que hacer príncipe a ella —proclamó señalando a Amara, que seguía forcejeando por liberarse de las espadas y de la sustancia pegajosa que tenía en el pie—. Lucifer no se qué se habría tomado cuando te nombró duque, pero eso no quita que aprovechando su estado unos cuantos os nombraseis “príncipes”. Ahora el que está al mando soy yo, y yo reharé el Infierno a mi manera. Ya no eres nada, Astaroth, así que yo de ti iría corriendo a buscar un amo fuerte al que servir.

Zemunín se arrojó con su instinto pues los ojos seguían ardiéndole, sobre Caín, pero él la cortó por la mitad con su sable, desde la cabeza hasta el pubis, y la arrojó al suelo tras extraer el arma de su interior. Caín le lanzó también un rayo negro. Del tajo comenzaron a emerger miles de diminutas arañas peludas. Barbatos se llevó las manos a los oídos mientras caía de rodillas. Podía oír lo que decían los insectos y esos chillidos taladraban su mente. Las arañas comenzaron a devorar el cuerpo de su propia dueña. Amara tuvo que apartar la mirada de allí. Advirtió que Aamon se acercaba por detrás a Caín y le avisó. Cuando Caín se volvió, Aamon había conseguido enrollar su látigo de espinas en el brazo con el que blandía el sable y de un brusco movimiento, se lo dislocó, haciéndole soltar el arma. Caín consiguió romper el látigo, aunque las espinas se clavaron más profundamente. Se teletransportó justo detrás de su rival y con otra descarga de energía volvió a arrojarle contra la pared. Se acercó hasta su abatida víctima con calma, y la levantó enrollando su cola en torno a su cintura y le estrujó hasta destrozarle las costillas y reventarle las venas. Lo dejó caer sobre el suelo bruscamente. Caín se agachó, apoyando la palma de su mano derecha en la madera y un charco de oscuridad comenzó a tragar al demonio. Éste intentó salir de ahí, pero entre que no veía y el dolor tan sólo conseguía hundirse más rápidamente. Finalmente su cuerpo fue engullido hasta que solo la cabeza sobresalía a duras penas.
—Te vas a quedar sólo —enunció Aamon con una voz que no parecía suya—. Poco a poco todos te abandonarán hasta que finalmente te pudrirás en tu soledad. Y ella será una de las primeras en hacerlo. Después la seguirá ese ángel que ahora tanto defiendes, Viento, tus sirvientes…eso es lo que he visto en tu destino. Lo único que podrás hacer es esperar a que la oscuridad te consuma.
La voz se fue extendiendo hasta que desapareció en esas arenas movedizas. El suelo volvió a la normalidad tras consumirlo. Caín se había quedado muy serio pues sabía que las lecturas de Aamon siempre se cumplían. En realidad no era más que un dejavu pues Metatrón y Brella ya se encargaban de recordárselo. Ireth no le iba a abandonar, no lo permitiría. Ella le quería, había podido sentirlo en esa celda, cuando unieron sus cuerpos definitivamente. Agitó la cabeza para sacarse esos pensamientos inútiles y su cabello se le descolocó momentáneamente, para después volver a su sitio como por arte de magia. Se dirigió hasta donde estaba Astaroth, que seguía lamentándose.
—Maldito traidor de Superbia…
—Aquí el único “tgaidog” que hay “egues” tú. Los demonios “segvimos” a “nuestgo” Satanás.
La muñeca de antes estaba allí, mirando sonriente a Caín. Esa sonrisa Amara ya la había visto antes, en el cartel de Dennis Allard. Entonces era él. No le había reconocido por las ropas que llevaba.
—¡Dennis Allard!
—¿Me conoces? —la preguntó, entusiasmando—. La “vegdad” es que soy bastante “populag”. ¿Sabes lo que es el cine? Ahoga estoy “godando” una película. Tú también “egues” muy “hegmosa”, “podguía conseguigte” un papel.
Resultaba gracioso escucharle hablar con ese falso tono afrancesado.
—Caín, te digo lo mismo que a esos estúpidos ángeles. Yo nunca olvido y siempre acabo pagando mis deudas —bramó Astaroth antes de esfumarse dejando como único rastro dos palomas grises que se quedaron revoloteando por el salón. El cuerpo de
Barbatos también había desaparecido. Caín de un salto se colocó junto a Amara.
—Lo has hecho muy bien —la felicitó mientras extraía las espadas que atravesaban sus alas.
—Gracias…Así que estuviste pendiente todo el tiempo.
—Adonis me avisó de que Astaroth estaba preparando algo en este teatro —le explicó señalando a Dennis.
—“Segá mejog” que os deje a solas. Te “espego” más “tagde” en mi “cameguino.”
Su aura perfumada a lavanda seguía flotando en la atmósfera aún cuando él ya se había marchado.
—¿Vas a ir?
Caín emitió una suave risa y la dio un golpecito en la frente.
—Él es un Pecado Capital. Estos seres no poseen una vida, están atados al pecado que representan sin poder hacer nada por evitarlo. En el caso de la soberbia no puede dejar de contemplar y admirarse a sí mismo. Una vez estuvo a cargo de un país en la Tierra, pero la gente se moría a su al rededor mientras que él solo se centraba en su imagen. Me dijo que yo era lo único que le gustaba admirar más que a él mismo, por eso pasa varias horas solamente mirándome, es una forma de luchar contra la soberbia. Además, no puede tocarme, todo lo que toca con su piel se destruye, incluida su propia cara, por eso lleva siempre guantes y ropa especial.
—En el Infierno hay gente muy rara…
—Hay variedad.
—Así que lo haces todo por ellos.
—No me malinterpretes. Trabajan para Samael al igual que yo por lo que a veces hemos tenido que colaborar juntos. Adonis es útil y con Areúsa y Viento me llevo bien, a los demás no les soporto. Bueno, ya está —exclamó cuando hubo extraído la última espada—. Ya eres libre. ¿Qué tal te encuentras?
—¿Dónde está Nathan?
—Seguirá desmayado en algún lugar del escenario.
No había terminado de contestarle cuando Amara ya había emprendido un vuelo hasta donde yacía el malherido cuerpo de su amigo. Amara se agachó junto a él para limpiarle las heridas.
—El veneno de las arañas de Zemunín anula el sistema nervioso de sus víctimas y tejen una telaraña especial a través de la cual Astaroth transmite sus propias órdenes. Estaba unido a la mente de Astaroth por lo que en cuanto le has atacado a la cabeza esa conexión se detuvo.
—Eso supuse, por eso le ataqué a la cabeza —respondió sin mirar a Caín, estaba demasiado centrada en que Nathan reaccionase. Le acarició su rebelde cabello deseando con todas sus fuerzas que estuviese bien.
<< Vamos Nathan, sé que eres fuerte. He sido tan egoísta…>> >>
Fue tan sólo un instante, pero sirvió para esquivarlo a tiempo. Caín percibió por el rabillo del ojo la figura de Chamuel desde el palco y se vio obligado a efectuar un brusco movimiento hacia un lado. Una flecha pasó sibilante a unos centímetros de su hombro, clavándose firmemente en el suelo. El diablo se quedó con el corazón sobrecogido al pensar en lo que hubiese pasado si la flecha le hubiese dado de lleno. Sus sentimientos por Ireth…, su luz, la habría perdido. El arcángel Chamuel posaba desafiante con el arco tensado hacia su objetivo y las alas desplegadas en un suave resplandor rosado.
—Cuanto tiempo, Chamuel.
—Sigues siendo igual de retorcido que siempre, ahora aprovechándote de la gente joven. Afortunadamente no existen más seres como tú.
—No existen porque Metatrón lo ha prohibido.
—No somos nadie para cuestionar las decisiones de alguien tan superior. Por eso mismo no comprendo porqué insiste en dejarte con vida, supongo que tendrá planes para ti. Por eso no voy a matarte, pero te ordeno que te entregues inmediatamente.
—¿Para que me torturéis de nuevo? ¿Qué sugerirás que me hagan esta vez?
Como respuesta Chamuel le envió más flechas. Caín despareció para reaparecer nuevamente detrás del arcángel. Le lanzó un rayo de energía que Chamuel por poco no logra esquivar. Su cuerpo se desplegó en siete, y seis Caínes atacaron. El arcángel del Rayo Rosa con un haz de luz consiguió deshacerse de ellos, pero Caín había aprovechado ese breve lapso de tiempo para trazar unos símbolos en el suelo con su sable. Necesitaba todavía algo más de tiempo por lo que envió a su cuervo, a Claudia, a distraerle. Terminó rápidamente de dibujar los símbolos mágicos y éstos comenzaron a brillar con el rojo del Infierno.
<< Te va a doler, pero si sospechan de nuestra relación tendrás problemas >>, le dijo mentalmente a Amara. El ángel corrió a cubrir a Nathan con su cuerpo. Relámpagos negros cayeron por toda la estancia, destruyendo todo a su paso. No tenían escapatoria porque con los símbolos que había dibujado se había encargado de crear una barrera. Más de esos extraños caracteres comenzaron a relucir en la hoja de su sable y susurró unas palabras finales. Los rayos se concentraron en uno solo más potente que todos los demás y lo dirigió hasta su víctima. Tras la gran explosión que se produjo Amara se quitó de encima los escombros que habían caído sobre ellos. Aún sentía la energía oscura rasgando su cuerpo. Buscó con la mirada a Chamuel, que estaba agonizante en el suelo, luchando por levantarse. Caín se acercaba hacia él con ese brillo de locura en sus ojos que a Amara tanto le aterrorizaba.
—Las últimas palabras de Uriel fueron una amenaza absurda, ¿tienes algo más interesante que decir que tu ex-compañero?
—Estás permitiendo que el odio nuble tu corazón. No eres más que un títere de la oscuridad —Caín comenzó a levantar su arma para darle el golpe de gracia—. Viéndote no me queda duda que yo he contribuido a esto, pero tu existencia siempre estará maldita, si Metatrón te ha dejado con vida es para que sufras algo peor que la muer…
No terminó su frase porque el unialado se había desplomado sobre el suelo. Chamuel le miraba sin estar sorprendido. Hacía ya un tiempo que había visto a Raphael entre los andamios. Una vez hecho su trabajo dejó que los párpados se le cerrasen.

El corazón de Amara dio un vuelco al ver al diablo desmayarse. ¿Qué le había ocurrido? Entonces advirtió un sonido extraño como si se tratase de una fuga de aire. El ambiente se respiraba extraño y de pronto sus párpados parecían de piedra. El resto de su cuerpo sin embargo lo sentía muy ligero, como si la fuerza de Morfeo llamase a su espíritu. Amara quería ir con él, que la meciera en sus brazos. Nathan cubrió su boca y nariz con su mano.
<< ¡Nathan! ¿Pero qué?... >>
<< No respires este aire >>
<< ¿Y qué pasa contigo? >>
<< No lo respires >>
El cuerpo de su amigo cayó inerte. Aún así su mano seguía aferrándose a Amara. Ella contuvo sus lágrimas. Buscó a Caín, pero la atmósfera había sido cubierta por una fina capa de niebla. Le pareció distinguir la figura de una enorme pantera negra cargando con el cuerpo del diablo. Después no pudo ver mucho más, porque terminó por perder el conocimiento.

El calor del elemental del fuego seguía reconfortándola cuando abrió de nuevo los ojos. Un pequeño rayo de luz que se filtraba la ayudó a recordar todo lo que había pasado. Se incorporó lentamente pues su cuerpo seguía bastante entumecido. El gas que habían echado no era venenoso para los ángeles, pero estaba tan concentrado que podía sumirles en un sueño eterno. Gracias a Nathan Amara había respirado menos aire envenenado, por lo que fue la primera en despertarse. Todo el escenario había quedado reducido a escombros, aunque los cristales y paredes parecían intactos.
—Nathan, ¡despierta! —le llamó, agitando su cuerpo. El joven ángel estaba muy malherido. Amara no se rindió y siguió insistiendo hasta que finalmente los párpados de su amigo comenzaron a temblar. Lo primero que vio Nathan al despertar fue una luz muy radiante. Los increíbles ojos de la chica susurraban su nombre y sentía su tacto y su aliento sobre él. Sonrió. La muchacha al verle feliz se sintió algo más aliviada.
—Tenemos que salir de aquí, Nathan.
Le ayudó a incorporarse aunque él estaba demasiado débil para poder mantenerse en pie por lo que se tuvo que apoyar en ella. Recorrieron unos metros en silencio. Después de todo lo que había pasado no sabían muy bien cómo reaccionar. Amara quería abrazarle, pero no se atrevía. Él deseaba susurrarla palabras felices y reconfortantes mientras hundía sus manos en sus rubios cabellos, pero el orgullo y la racionalidad no se lo permitían.
—Nathan, de verdad que lo siento. Otra vez estás herido por mi culpa.
—Te he dicho que dejes de culparte. Tú no tienes la culpa de que lo que tramaban esos demonios retorcidos —se detuvieron— Además, lo que has hecho por mí ha sido muy valiente.
Sus ojos se estaban empañando. Si seguía sus emociones se desbordarían y no podía perder el control de sí mismo.
—Si algo te hubiese pasado, Nathan… —las palabras se entrecortaban antes de terminar de nacer en sus labios. Su mente estaba demasiado confusa como para transmitirle nada. Se sentía estúpida, había tantas cosas que quería decirle y sin embargo no encontraba la forma de expresarlas. Sin querer le estaba enviando todos esos pensamientos a la mente del malherido ángel. Nathanael suspiró. Él sí que había encontrado la manera de expresarlas. Ya la había perdido una vez, no estaba seguro de poder soportarlo una segunda. Extendió una temblorosa mano y acarició con ella el rostro de la joven. Su akasha era muy cálido. Ella cerró sus preciosos ojos turquesa para disfrutar de la calidez de su tacto. Antes de volver a abrirlos el instinto de su amigo besaba sus labios. Esto la pilló completamente desprevenida y la desarmó con su calor. El beso de Nathan era torpe pues lo único que sabía sobre esto era lo que había oído. Ni siquiera había visto a dos humanos haciéndolo, por lo que se limitó a acariciar la boca de su amada con sus finos e inexpertos labios. Nathan se apartó tan sólo unos milímetros y estuvieron así durante unos instantes, frente con frente, como si se estuviesen besando pero sin hacerlo, con los ojos todavía cerrados. Amara pudo sentirlo temblar y al abrir los ojos descubrió dos lágrimas que le resbalaban a su amigo por las mejillas. Ella se dispuso a secárselas, pero él la detuvo rodeándola con sus brazos y hundiendo su rostro en su pelo.
—Por favor Amara, aléjate de él… —la suplicaba entre sollozos—. No vuelvas a acercarte a ese diablo, por lo que más quieras.
Todo pasó muy deprisa por la mente de la muchacha: su primer encuentro con Caín, la invocación, la extraña marca en su mano, el ascensor, el tequila y el limón, el callejón oscuro, el paseo nocturno bajo la lluvia, la lluvia de sangre, el claro del bosque, el cementerio y sus tumbas, la oscuridad… con la melodía de su violín como acompañamiento. Pero esta vez la música no era melancólica ni agradable, sino cada vez más chirriante y estridente. Aquella melodía resquebrajó su corazón.
<< ¿Qué he hecho? >> ¿Qué había hecho? Por primera vez era realmente consciente de todo el daño que estaba causando, no sólo a ella misma, si no a los pocos que la querían de verdad. Se mordió el labio inferior para reprimir el llanto, pero sus ojos no mentían en ese momento.
—Nathan, yo…
—Yo te daré todo lo que necesites, pero no vuelvas a verle.
Su abrazo cada vez la resultaba más reconfortante.
<< ¡Oh Dios mío, Nathan…! >>
—Por favor, prométemelo, prométemelo Amara.
¿Cómo le decía que había hecho un pacto con Caín? El pacto. De pronto la entró mucho miedo. ¿Cómo había hecho semejante irresponsabilidad? Pero si no llega a ser por Caín, ellos no estarían allí para contarlo. Caín… Sus labios eran tan diferentes a los del elemental… No podía dejarle solo a estas alturas. Él la necesitaba. Pero Nathan siempre había sido mucho más importante. Si no hubiese sido por él quizás ella ya habría caído en la oscuridad hace tiempo. Él siempre había estado allí para ella y ella se lo había agradecido aprovechándose de él y traicionándolo. Le había clavado una flecha de Chamuel sin su consentimiento, sin preguntarse si quiera si él quería perder esos sentimientos. Con la excusa de que lo hacía por él había estado actuando egoístamente. Y la flecha del arcángel ni siquiera había funcionado, ¿o acaso sus sentimientos por ella eran mucho más poderosos?

“Lo mejor que te ha pasado se llama Nathan” —le había dicho el satán una vez.
Amara se apartó un poco de él para poder mirarle a los ojos. Le secó con las yemas de sus dedos las lágrimas de fuego, que la quemaron, pero fue un ardor agradable. Había pasado mucho frío desde la noche anterior y su alma necesitaba ser reconfortada. Nathan se echó a un lado para toser. Como su temperatura corporal siempre era más alta que la de los demás era difícil saber si tenía fiebre. Estaba muy malherido pero a él parecía dolerle más que ella siguiese viéndose con Caín que las heridas que tenía.
—No entiendo qué ves en ese monstruo. Te ha tenido que hechizar, Amara.
—¿Puedes ver su verdadero aspecto?
—Como si un diablo pudiese engañarme… La que tiene que verlo eres tú.
—Sé cómo es en realidad. Por eso mismo, me necesita.
—¡Que te necesita! —el chico la miraba desesperado, sin poder entender nada. Esa mirada la estaba sobrecogiendo. No era el momento de explicarle todo por lo que había pasado el diablo, además que Nathan nunca lo entendería. Él era de ideas fijas y cerrado de mente, por mucho que lo intentase nunca lograría comprender algo que para él carecía de sentido.
—Si no hubiese sido por él no sé que hubiera pasado, pero no quiero ni imaginarlo.
—Habrían llegado los arcángeles igualmente. Además, ha actuado por conveniencia. No entiendo por qué, pero quiere algo de ti.
—Si no hubiese sido por él no hubiese podido ni aguantar contra Zemunín.
Nathan la volvió a abrazar fuertemente, oprimiéndola contra su pecho.
—No voy a permitirlo. No voy a permitir que te vayas con ése.
—Aquí estáis.

Los arcángeles habían llegado. En cuanto oyeron la voz de Serafiel deshicieron el abrazo rápidamente, sonrojados, como si ni siquiera se hubiesen mirado.
—Raphael, tiene que curar a Nathan —le dijo la chica rápidamente en cuanto le vio.
—No te preocupes, ahora mismo me encargo de él —la tranquilizó, acercándose al maltratado ángel, que todavía tenía los ojos brillantes y acuosos.
—Y… ¿Qué ha pasado con Caín? —se atrevió ella a preguntar. Ya se lo habían hecho pasar demasiado mal una vez, si le habían vuelto a atrapar… El semblante de todos los allí presentes se ensombreció.
—Nuestro Sagrado Chamuel se encuentra bien, gracias por preocuparte primero por el Rey de los demonios —replicó fríamente Serafiel.
Amaro agachó la cabeza, avergonzada. De reojo pudo ver a Chamuel, que la miraba indiferente. Raphael había hecho un buen trabajo porque las heridas mortales del arcángel habían desaparecido, aunque su luz no brillaba con tanta intensidad. Sus ropas estaban raídas, pero los adornos dorados seguían resplandeciendo igual.
<< El fuego. Ahora ordenará que me purifiquen con fuego, como hizo con Caín >>
—Sólo ha preguntado qué ha ocurrido, Serafiel —la defendió el Gran Médico.
—He comprendido perfectamente el tono de sus palabras. A veces pienso que creéis que soy idiota.
Se acercó con paso decidido a la joven. Levantó la barbilla y clavó sus fríos iris en ella. Amara no sabía si había sentido más miedo al mirar a Astaroth o al príncipe de los serafines. Serafiel marcó una línea recta con el dedo índice desde el esternón de la chica hacia abajo. Para su sorpresa su dedo no tuvo ningún problema para resbalar por el vestido de la joven que cubría su liso vientre. Raphael sonrió satisfactoriamente para sí mismo. Aún así el serafín no parecía querer rendirse.
—Raphael, ¿recuerdas tu insistencia porque el poder de Selene no era normal? A pesar de que no tenía ombligo tú seguías insistiendo en que era un elohim, pero no tenías pruebas para demostrarlo. Quizás sí que tuvieses razón.
—Amara no es Selene.
—Pero curiosamente puede mantener a raya por un tiempo a Astaroth y su séquito cuando según los informes de Iraiael todavía no está preparada para enfrentarse a uno de bajo rango. Y curiosamente parece ser que hay mucha gente importante interesada en ella. Quizás yo también debería interesarme.
—Sagrado Serafiel, yo tampoco entiendo nada. Estoy más confusa que todos vosotros…
Si esa joven tenía alguna posibilidad era la de aprovechar su inocente apariencia. Amarael era astuta, << Como su madre >>, pensó Raphael.
—¿Qué te ha dicho ese demonio? —Serafiel le había hecho una pregunta, pero su tono sonaba a mandato—. Tienes que confiar en nosotros, en Dios.
—No me ha dicho nada, no he hablado con él desde que nos enfrentamos por primera vez en la Tierra. Ha aparecido de repente, junto con un Pecado Capital. Han sido ellos los que han derrotado a Astaroth.
—¿Pecado Capital? ¿Y eso qué diantres es?
—Le ha llamado Superbia —contestó— Le estoy diciendo que no sé nada más, si ni siquiera tuvo reparo alguno en hacerme daño, ¡Chamuel lo pudo ver!
—Ese bastardo te ha enseñado a mentir demasiado bien. Necesito que te analicen en los laboratorios, pero no en los de Raphael.
El semblante del mencionado arcángel se ensombreció.
—¿Está dudando de mí?
—Ahora mismo desconfío tanto de ti como de Gabriel. Tengo teorías que confirmar, pero si son ciertas seréis ejecutados los dos a la vez. Tengo que pensar.
Dicho esto el príncipe serafín se retiró.
—Será mejor que volvamos —les dijo Raphael a los jóvenes aprendices. Nathan apoyó su mano sobre el hombro de su amiga y la hizo mirarle a los ojos.
—Prométemelo —insistió.
—Nathan…
—¿No eres consciente del lío en que te ha metido?
—Era mi destino desde que nací.
—Ya veo lo que te importamos.
Hay palabras que pueden hacer milagros, y otras que causan más daño que una bomba nuclear. Lo peor es que estaba en lo cierto. Ahora Raphael estaba también implicado en un gran lío por defenderla. Poco a poco los iba condenando a todos, hasta que los planes de Caín quedasen complacidos y ella, ¿fuese diosa? Aquello resultaba cada vez más absurdo. Todas sus ilusiones se iban desmoronando. ¿Venganza? ¿Odio? ¿Qué era todo eso? ¿Qué relevancia tenían? No eran más que retazos de luz muerta.
—Apresuraros —volvió a llamarlos el arcángel.
—Está bien, Nathan. Dejaré de verme con él.
Desde que había conocido a Caín las cosas se habían complicado, y seguirían retorciéndose más mientras siguiera viéndose con él. No iba a cambiar el mundo, la espiral de odio seguiría cobrándose más almas, pero sus seres queridos no sufrirían por su culpa.

***


Tras apurar la última gota de la ambrosía Serafiel apoyó bruscamente el vaso sobre la repisa. Los hielos tiritaron. Dejó resbalar su túnica plateada por su perfecto cuerpo y se sumergió en la bañera de su suite. Retiró su fina cabellera de su cuello sosteniéndola en medio recogido que no se molestó en terminar, dejando los argénteos cabellos flotar sobre las sales aromáticas.
—Pareces algo tenso —musitó una aguda voz femenina.
—Me resultas muy oportuna, Claudia.
—Pues claro —canturreó agitando su plumífera melena—. Cuéntame, ¿qué puedo hacer por ti? —le preguntó a la vez que ella también se introducía en la bañera, colocándose sobre él.
—Quiero que me cuentes todos los planes de Caín, sobretodo los relacionados con el ángel Amarael.

CONTINUARÁ





Leer más...