_¿Qué estás tramando?
_Soy un ángel, no soy tan rastrera como vosotros. Simplemente, soy realista.
Agnis estará mejor con vosotros y prefiero que me seduzcas tú a que El Señor de las moscas me manche con ese líquido asqueroso que suelta.
Nosferatus repasó con sus ojos azules y amarillos el cuerpo desnudo del ángel. Dejó escapar una sonrisa aprobadora.
_Sin nada que te las sujeten están más caídas.
_Es lo que tiene que sean naturales, que la gravedad les afecta.
El vampiro dejó de presionarla contra la pared y la atrajo hacia si. Ella sintió como le acariciaba todo el cuerpo mientras sus labios de porcelana besaban su piel. Lo hacía muy lentamente, como si primero estuviera deleitándose con su aroma; primero por la oreja y después bajando poco a poco por todo su cuello.
_Es una pena que dispongamos de poco tiempo._ Zadquiel escuchó a lo lejos el repiquetear de unas campanas y sabía perfectamente que era la séptima vez que resonaban de aquella manera. <> Hundió sus dedos en la cabellera plateada de su depredador. De repente éste se detuvo. Ella sintió como un líquido frío y espeso caía por su cuello.
Apartó el cuerpo inerte y se sorprendió cuando vio que le salía de su boca la punta de una espada flamante que desprendía flamígeros rayos. La famosa espada de Mikael, cuyas heridas no podían curarse, había atravesado desde la nuca la cabeza del vampiro.
_No se te puede dejar sola ni un momento.
_¡Pero si lo tenía todo controlado! ¿No has visto como los dos babeaban por mi?
_Ya me he dado cuenta. Le dirigió una mirada de reproche a su prometida._ Anda, ponte esto._ Le puso su túnica dorada sobre los hombros de su delicado cuerpo.
_¡Ya es demasiado tarde!_ bramó Belcebú._ Agneta ya es una de las nuestras.
El cuerpo de la criatura empezó a levantarse muy lentamente. Parecía un zombie saliendo de su tumba. Cuando se hubo incorporado del todo abrió sus ojos. Zadquiel no pudo evitar que se le escapase un grito de horror. Ésos ya no eran los preciosos ojos azules que la habían inspirado cariño,ternura y coraje. Ahora eran un conjunto de venas rojas sobre un fondo totalmente blanco.
Todos los demás demonios también estaban amenazantes y preparados para abalanzarse sobre ellos en cualquier momento. Estaban rodeados.
_Pensaba que no querrías saber nada más de mi después de haberte dejado tirado en el altar.
_Shsss. Soy incapaz de enfadarme contigo. Salvaremos a Agnis.
_Mik...
_Lo sé. Yo también te quiero._ Zadquiel se lanzó contra un demonio que estaba apuntando con su hacha hacia la espalda de Mikael.
_Quería advertirte de que tuvieras cuidado detrás de ti, creído.
No pudo evitar mirarla con esos ojos esmeralda,como el color de la esperanza, impregnados de una ternura y un cariño infinito que solían derretir al ángel del perdón. ¿Por qué había tenido que pasar todo esto?
Los demonios se lanzaron como alimañas hacia ellos. Sabían que hasta ahora no habían estado yendo en serio pero el juego se había acabado. Ahora comenzaba la verdadera pelea. El enemigo era más numeroso pero aún así no eran rivales para Mikael y su espada, que juntos eran implacables; Zadquiel era muy rápida y con su cuchillo plateado que ya había recuperado era letal. No podrían con ellos, con su amor.
En Maón había cundido el pánico. Se había dado la alarma de que los demonios habían invadido los tres cielos más bajos y se dirigían hacia allí. El cuerno de Raphael no paraba de sonar con fuerza para que todos los habitantes se pudiesen enterar.
_Señor, la situación es más grave de lo que pensábamos. Han aniquilado el comité de recibimiento que enviamos. El ejército de Astaroth está arrasando con todo y también el de Belcebú, aunque a él no le hemos visto por ninguna parte._ Serafiel hablabla firme pero Metatrón,tras tanto tempo tratando con él, pudo apreciar el matiz nervioso que ponía. _ Según nuestros informes ya han llegado hasta Shejakim y se cree que algunos, incluso a Zevul. Los dragones que estaban en el espectáculo están avizores y el Ejército Azul ya está actuando por su cuenta, pero no sabemos donde está Mikael ni tampoco Zadquiel, la baja de Uriel todavía no la hemos rellenado...
_Serafiel, ¿Has dicho que dos ejércitos de sesenta y séis legiones con seiscientos sesenta y séis demonios cada una están atacándonos?
_Señor, ¿No me ha entendido?
Metatrón suspiró. _Si los derrotamos, habremos acabado con dos peces gordos del Infierno._
_Por supuesto, pero a este paso van a ser ellos los que acaben con nosotros. No podemos permitirnos otro Zevul...
_Tranquilízate. La última vez lo más lejos que fueron capaces de llegar fue a Zevul. Te aseguro que de allí no van a pasar._ Se levantó del trono. Sus diez alas no habían perdido su esplendor._ Me voy a la Sala del Infinito.
_Pero señor, ya es demasiado tarde para una barrer..._ La Sala del Infinito se encontraba en la zona superior de la torre más alta del Rayo de Zeus.
_Ordena a los que se hayan quedado en Majón que se desmaterialicen y al resto...deja que sigan disfrutando de la fiesta._ La sonrisa que puso hizo estremecer al seraphín.
_De inmediato, su clarividencia.
_Voy a exterminar a esos malditos demonios de una vez y nada podrá detenerme.
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Hola Luxuria. He intentado acceder al prólogo 4, pero no me dejaba, y este capítulo no se veía bien. ¿Podrías cambiar el color porque es un poco claro? Gracias.
Saludos desde La ventana de los sueños, blog literario.
Gracias por el aviso, no sabía que estaba en este color. Ya lo arreglé y siento las molestias
Ya saqué otro ratito para tu novela. Bien que cambiaste el color y el tamaño ;)
Me ha gustado, sobretodo la descripción de cómo nota la espada atravesada en su cabeza, porque hasta no leer lo que era imaginé varias opciones, y eso es lo que me atrae de un relato que no sea muy predecible, me dije ¡leches! ¿Se saca una espada de la boca? ¿Y ese liquido que se derrama sobre ella?..
Si señor¡¡
Gracias, Max. Me alegro que no te parezca predecible jeje